Accidentes y responsabilidades

Nuestra zona volvió a verse sacudida por accidentes con luctuoso saldo. La jornada funesta ocurrió cuando aún la conciencia colectiva no termina de reponerse del fatídico choque que se produjo en la madrugada del 30 de diciembre pasado y que se cobrara la vida de dos jóvenes de nuestra ciudad dejando a otros dos jóvenes con heridas graves.

Pero lo de ayer 20 de enero fue sencillamente tremendo. Se contabilizaron unos 7 accidentes y hubo 5 victimas fatales, varios heridos de consideración y algunos contusos leves en una seguidilla que incluyó el vuelco de una camioneta en Peñas Blancas, dos vuelcos más en este caso en la 151 y un choque frontal en la misma ruta, entre los destacados. La labor de Bomberos, personal del Hospital local y la Policía fue a destajo durante todo el dia en una jornada signada por la tragedia que será muy difícil de olvidar.

En las redes sociales se podía apreciar la hipersensibilidad con que los vecinos tomaban cada toque de llamado del Cuartel de Bomberos y cada sirena de ambulancia que se escuchaba salir hacia la zona de “la torre” para volver a escucharla minutos después en sentido inverso. Todos asistíamos atónitos a la catarata de noticias que llegaban por diferentes medios, no pudiendo dar crédito a lo que sucedía en una calurosa jornada que se transformó en infernal.

Son múltiples las hipótesis que pueden esbozarse respecto a la ocurrencia y repitencia de los accidentes y sin dudas la que se lleva mayor número de adeptos es la del estado de la ruta 151, situación que no escapa al común de los sentidos de aquellos que habitualmente la recorremos en alguno de los tramos entre Cipolletti y Santa Isabel o viceversa. Pero sería un facilismo detenernos en esa cuestión, echar culpas a los gobiernos, anteriores y presentes, y eximir de cargo a los automovilistas y sus más de muchas responsabilidades en acciones evitables.

Muchos de los accidentes suceden en lugares donde hay doble línea amarilla, subidas o bajadas. Varios de los choques o vuelcos han sido protagonizados por personas que no son de la zona y no conocen ciertas trampas que ofrece la ruta, tales como curvas, promontorios, banquinas estrechas y otras cuestiones inherentes al relieve; además, las velocidades a las que transitan, un gran porcentaje de los vehículos, exceden largamente las indicaciones que se observan en la ruta. Como si fuera poco en esta época del año aumenta exponencialmente el tráfico de vehículos ya que, al habitual relacionado al comercio y la vida cotidiana se suma el turístico y lo que ello conlleva; vehículos de escaso porte con casillas, carros con moto vehículos o embarcaciones y de mediano porte que viajan a la misma velocidad que cuando no llevan nada enganchado. No dejemos de sumar que en el apuro por aprovechar cada minuto de las vacaciones los conductores quieren salir y llegar de un tirón, aunque el viaje sea de 16 o 20 horas.

La ruta 151 ha cobrado muchas víctimas en los últimos años. Se ha transformado en un monstruo que arrebata todo tipo de vidas. Y el crecimiento mitológico de la leyenda que la convierte en una más “ruta de la muerte” descuida las verdaderas responsabilidades que tienen los mal llamados “accidentes” porque según dice la Real Academia Española un accidente es “un suceso imprevisto que altera la marcha normal o prevista de las cosas, especialmente el que causa daños a una persona o cosa”. Pero alguien que viaja a mas velocidad de la indicada, haciendo maniobras riesgosas en una ruta de la que no se tiene conocimiento, alguien que realiza sobrepasos en lugares prohibidos o de escasa visibilidad y que además viaja sin tomar en cuenta el peso que lleva o sin descansar lo que corresponde para tener todas las facultades necesarias para conducir debiera prever que puede causarse inconvenientes o causárselos a los demás; y tampoco es un “suceso imprevisto” que las autoridades además de no arreglar las rutas no realicen los  controles necesarios máxime en estas épocas donde el caos vehicular se puede palpar con solo subirse a cualquier ruta. ¿es necesario explicarle a alguien que en teoría sabe hacer su trabajo que si hubiera tan solo un par de controles entre Catriel y Sargento Vidal en esta época del año se evitarían no solo choques y vuelcos sino también muertes?

De mantenerse este esquema, estos vicios permitidos y la negligencia de los que conducen,  tanto automóviles como reparticiones del Estado, estamos sometidos a una tómbola siniestra cada vez que pisamos la 151. ¿Qué estamos esperando?

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