Catriel: El relato de una víctima de violencia de género que sobrevivió de milagro

Por Fabricio Alvarez y Elio Carrasco

T.F. sobrevivió de milagro. No es una metáfora. Salvo su vida milagrosamente mientras su ex pareja la reventaba a trompadas. Tampoco es una metáfora. La golpeó tanto que le fisuró al menos seis huesos de su rostro y la desfiguró. “Ahora te voy a tener que matar”, le dijo antes de intentar ahorcarla contra la cama. Una contingencia, una distracción y segundo a su favor, fueron suficientes para huir del terror. Salió corriendo por la calle dejando rastros de sangre, la misma sangre que dejó marcada con sus manos en el parquet del departamento que compartían mientras su ex pareja la arrastraba de los pelos por el suelo. Salió corriendo sin mirar atrás, con un ojo “tapado” de tantos golpes y el otro a punto de ceder ante la hinchazón. Apenas podía ver hacia donde avanzaba, pero solo le importaba irse. Irse para salvar su vida. Conserva las fotos, el recuerdo y el terror de una noche que la sacudió para el resto de sus días. Pasaron ocho meses, pero su cuerpo aún se estremece cuando relata escenas tan violentas que resultan difíciles de imaginar y digerir.

Pero la violencia no termina ahí, hay otra que viene después y aún persiste. La violencia que ejerce el sistema judicial en el acompañamiento de los casos de violencia de género. La popular “revictimización de las víctimas” parece ser el mejor delantal que tiene para probarse el sistema que tiene el Poder Judicial para “acompañar” a las víctimas.
Le hicieron contar su historia, con detalles de todo tipo, al menos ocho veces. Dos veces en la Comisaría de la Familia de Catriel, dos veces ante la fiscal Adjunta de Catriel, Analía Díaz, dos frente a médicos forenses, al menos una ante una psicóloga, otra ante una psicopedagoga y una trabajadora social, dos veces ante abogados. En cada una de ellas le tocó revivir todo el horror de aquella noche.

¿Para qué?, se pregunta. “Me cansé de tener que contar tantas veces lo mismo y que no haya ningún avance”, dice en relación a la causa judicial que apenas sorteó la formulación de cargos, primera instancia en el camino a un juicio. Hace poco se cansó del manoseo constante de un sistema que hace agua por todos lados y publicó dos fotos de cómo quedó su rostro pocos días después de la golpiza de su ex pareja.
T.F. dejó claro que en la fiscalía de Catriel siempre la trataron bien, pero no pudo decir lo mismo del trato que recibió en Cipolletti. Porque ni siquiera las profesionales se acercaron a Catriel, ella tuvo que viajar a Cipolletti para entrevistarse con dos representantes de la OFAVI (Oficina de Asistencia a la Víctima).

“Ahora te voy a tener que matar”, le dijo antes de intentar ahorcarla contra la cama. Una contingencia, una distracción y segundo a su favor, fueron suficientes para huir del terror.

El sistema es tan perverso que la víctima tiene que viajar con sus propios medios a una ciudad que está a 130 kilómetros para que la protejan y/o acompañen.
Cuando digo que se salvó de milagro, basta con ver las fotos y escuchar su relato. El tipo la iba a matar, se lo dijo con la boca y lo puso en práctica con sus puños. Ella no recuerda cuánto tiempo fue, pero estaba segura que la iba a matar, quería llegar a las escaleras para tirarse y escapar . “No sabía qué hacer para que dejara de pegarme. Ya no sentía nada, no paraba de darme golpes en la cara. Ya no escuchaba, no veía. Estaba aturdida. Sentía el retumbe de los golpes que me daba a lo lejos, como si fuera un eco. Intentó ahorcarme contra la cama y no me soltó hasta que mi perra caniche le mordió la mano. Le rogué, por favor llevame al Hospital, no puedo más. Y me golpeó la cabeza contra la pared una y otra vez. Se ensañó con querer pegarle a mi perra y cuando se dio vuelta yo salí corriendo. No veía nada, solo sombras”, dijo la joven en un relato estremece a cualquiera.

El sistema judicial, con la OFAVI a la cabeza, no solo no la contuvo, sino que la revictimizaron cada vez que la hicieron volver a contar su historia. Hace poco, horas antes de subir esas fotos que generaron conmoción en parte de su entorno que no conocía en detalles su historia, le preguntaron si seguía adelante con la denuncia. “Por suerte tengo contención en mi entorno y por eso sigo, pero es difícil porque la que sigue detrás de esto soy yo. Yo fui la víctima y lo soy cada vez que tengo que volver a contarlo, porque todavía tengo miedo”, solo la llaman para volver a “repasar” lo que ya contó tantas veces que no recuerda. Asegura que no fue notificada cuando se realizó la audiencia de formulación de cargos en la cual el imputado fue acusado de lesiones graves.

“No sabía qué hacer para que dejara de pegarme. Ya no sentía nada, no paraba de darme golpes en la cara. Ya no escuchaba, no veía. Estaba aturdida. Sentía el retumbe de los golpes que me daba a lo lejos, como si fuera un eco”. 

Solo había un antecedente de violencia física antes de esa noche de junio que inesperadamente su ex pareja se violentó y con un golpe de puño la sentó contra el piso casi sin mediar palabras más que insultos. “Un vez me revoleó una bandeja de vidrio que se estrelló contra la heladera y me salvé porque justo giré, antes jamás me había golpeado. Después de ese día nos separamos. Yo le dije que se fuera”, dice TF. Pero la violencia psicológica y económica siempre estuvo presente y se potenció luego de esa separación. Meses después volvieron a vivir juntos. Llevaban tres años de convivencia cuando se desató una violencia que no culminó en un femicidio solo por la atinada reacción de la víctima y su instinto de supervivencia.

Quieren cambiar la acusación

Semanas atrás, T.F. visitó a una abogada especialista en género y la primera medida que solicitó ante la fiscalía es cambiar la carátula de la causa. La defensora de la víctima pretende que a la ex pareja de la víctima se lo acusen de tentativa de femicidio en lugar de lesiones graves. Este cambio de figura es radical ya que la figura de lesiones graves tiene una pena que va de 1 a 6 años y teniendo en cuenta que el imputado no tiene antecedentes, en caso de ser condenado, recibirá una condena en suspenso. Para que una condena sea con prisión efectiva debe ser superior a tres años. Generalmente si el imputado no tiene antecedentes la pena siempre se ubica más cerca del mínimo que del máximo. Así lo determina el sistema.

La tentativa de femicidio tiene una escala mucho más alta que puede llegar a los 20 años y que sí o sí toda condena de ese delito debe purgarse en prisión.
El argumento de la abogada es que el atacante le aseguró que la iba a matar y no lo hizo porque ella pudo escapar. Además de decirlo, siguiendo el relato de TF el agresor comenzó a ejecutarlo cuando quiso ahorcarla en la cama.

Según la ley para que haya una tentativa de femicidio el atacante no lleva a cabo su cometido por cuestiones ajenas a él, por algo externo que impidió en este caso el femicidio. Por ejemplo si la policía hubiese llegado antes, o si un tercero hubiese intervenido, o -como ocurrió en este caso- cuando la víctima logra escapar.

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