Convención: La lucha por el poder simbólico

Catriel.- La fuerza desmedida del oficialismo en la lucha por quedarse con la presidencia de la Convención Constituyente responde más a una herida narcisista y mucho más simbólica que real. Es cierto tiene algunos privilegios. Incluso cierto poder en caso de que por razones de fuerza mayor haya numero par de convencionales en una votación y pueda definir con el voto doble. En principio son 15, número impar, lo que indica que en la mayoría de los casos no habrá empate. Y como si fuera poco lo que está en juego es reforma de la Carta Orgánica, en la que si prima el sentido común debería ser una elaboración en conjunto más que un juego de votaciones.

Hay dos aspectos para analizar en esta furiosa lucha por borrar con el codo lo que la semana pasada se escribió con la mano. El dicho suena trillado, pero encaja con gran precisión. Por un lado la lógica democrática, el Movic se quedó con más votos, y en la mayoría de los órganos del Estado eso remite a quedarse con el lugares de mayor poder, eso es discutible. Lo que no es discutible es lo que dice la Carta Orgánica, y en ningún punto establece tal relación, aunque parezca directamente proporcional. De hecho en su artículo de la convención señala que es el cuerpo constituyente quien tiene la autoridad de reglamentar su propio estatuto y definir sus autoridades. Sí lo deja claro sobre la Legislatura, pero no sobre la Convención. Y eso es indiscutible.

Lo discutible, es estar o no de acuerdo. Por ejemplo uno puede no estar de acuerdo con la ley de Lemas que permite que dos minorías junten sus votos y se queden con la gobernación, siempre y cuando sumen más que la primera fuerza. Es un disparate, un caso extremo, pero real. Así se puede definir una elección. La lógica democrática indica que no, pero es lo que establece la constitución provincial. Con esto quiero decir que la discusión está en el plano de lo legítimo y no de lo legal.

Otro punto dónde poner el foco es que la decisión del oficialismo, de querer echar para atrás una decisión democrática con un fundamento democrático, por lo menos es una paradoja. “Porque no ganamos la presidencia ahora queremos que no se vote y que quede para nosotros porque fuimos los más votados”, esa es la lógica.

Si la postura era tan firme, la votación no tenía sentido, o en tal caso los seis convencionales del Movic se podrían haber abstenido, pero votaron en contra. Entraron en el juego y con el diario del lunes, una estrecha derrota, quieren ganar el partido en el escritorio. La pregunta es por qué tanto énfasis en querer quedarse con la presidencia que, si bien tiene algunas ventajas en términos generales, no altera el fin de la convención. Nada menos que modificar la Carta Orgánica, que es un trabajo mucho más profundo y complejo para gastar tantas energías y reuniones en esta cuestión.

Por otro lado el reclamo tiene lógica, y parece que la oposición saborea como el asado del domingo cada batalla que le gana al Movic, un partido vecinalista muy acostumbrado a los triunfos contundentes. Hasta allí se pone en juego todo lo simbólico. El brillo fálico de mostrar quien tiene más poder.

Por Fabricio Alvarez 

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