De espaldas al pueblo

Los Diputados de la Nación aprobaron en la madrugada de hoy 19 de diciembre, y tras doce horas de debate, la ley que reforma la fórmula de la actualización de los haberes jubilatorios con 128 votos a favor, 116 en contra y dos abstenciones. Hasta allí la crónica periodística. Tras la noticia queda mucha tela para cortar. Por ejemplo que el oficialismo pudo aprobar esta ley gracias a la inestimable cooperación del Partido Justicialista tanto en el quórum como en los votos necesarios para aprobar la norma, y de los gobernadores que presionaron a sus legisladores para poder obtener el financiamiento necesario que les permita poner, un poco de, orden en sus cajas alicaídas por malos manejos y decisiones equivocadas, Río Negro, por ejemplo; por supuesto que el PRO también contó, lógicamente, con sus aliados políticos.

Puertas afuera del Congreso, pareciera que al frente pero en realidad a sus espaldas, el Pueblo que claramente se manifestó, de múltiples maneras, en contra de la norma que en términos estrictos esta destinada a expoliarle a los jubilados no solo derechos adquiridos sino también parte de sus haberes futuros como si no hubiera ya suficientes castigos para ellos con la falta de cobertura de sus obras sociales, los precios de los medicamentos, de extrema necesidad y urgencia, por las nubes y los médicos cobrándoles el sanguinario plus.

Cientos de miles en todo el país le dijeron claramente NO a este saqueo. A través de las redes sociales, manifestándose pacíficamente en la Plaza de Mayo y mas tarde haciendo sonar sus cacerolas en todos los barrios de la Capital Federal y en cada rincón del país, incluso en Catriel. Pero la imagen que intentó recorrer el mundo fue la de un puñado de inadaptados ¿serian 20? ¿serian 50? arrojando todo tipo de elementos contra la policía, que en número de 7000 simplemente observaba el accionar de vándalos que trataban de deslegitimar un reclamo justo para luego reprimir sin distinción de vándalo-no vandalo. Los medios hegemónicos, a lo largo y ancho del país replicaron este mensaje, incluso los de pacotilla como en nuestra región, especialistas en copiar y pegar y nulos de toda nulidad para poder realizar un comentario que no haya salido ya en otro medio de tirada nacional.

Sin embargo, esta vez no pudieron, ni el gobierno ni los medios; no es casual, por ejemplo, que el programa final de Showmatch haya sido el día que se trataba la ley. La gente se replegó, se organizó territorialmente, volvieron las tristemente célebres cacerolas en distintos barrios y ciudades del país y regresaron, los que estaban cerca, a marchar al Congreso; ya no hubo lugar para vandalismos ni para infiltrados; la Policía no tenia ninguna orden respecto a “cacerolas” y el pueblo, sin tapujos, mostró su disconformidad con la norma, con la clase política y con un nuevo robo a los que menos tienen.

El votante medio del macrismo, convencido de asistir a un nuevo Boca-River de la política, se centró en diatribas contra la izquierda y en la responsabilidad del kirchnerismo en los agujeros que presenta la economía actual. Esto último no deja de ser verdad. Pero debieran saber que para que los gobiernos provinciales puedan ponerse en caja no es necesario que les saquen la plata a los jubilados y que se sigan produciendo ingentes transferencias de dinero de los que menos tienen hacia los capitales concentrados. El gobierno debería meter mano, para obtener financiamiento, en los agronegocios, la mega minería, los hidrocarburos y todos aquellos emprendimientos que explotan los recursos naturales de propiedad exclusiva de todos los argentinos y que a cambio de hipotecar nuestro futuro y de envenenar nuestros suelos y recursos hídricos no pagan ni un centavo; no solo eso, sino que fugan todos sus capitales hacia el exterior.

Párrafo aparte para el Partido Justicialista y su pata sindical; como viene ocurriendo en los últimos años de historia volvieron a jugar contra el pueblo y contra los trabajadores: Perón volvió en el 74 para disciplinar a los trabajadores, en la previa neoliberal y con el primer embate al Estado de Bienestar; Menem en el 89 fue el elegido por el establishment para, ayudado por el sindicalismo, preparar las condiciones objetivas para llevar adelante los postulados del Consenso de Washington; y en la salida de la crisis del 2001, cuando el pueblo quería “que se vayan todos”, entre Duhalde y Néstor Kirchner forjaron un consenso que permitió que se queden todos, muchos de los cuales hoy gobiernan al lado de Macri.

La clase política volvió a darle la espalda al pueblo. Pero cuidado. En un nuevo 18/19 de diciembre, el pueblo no necesitó de partidos políticos para organizarse y mostrar su enojo. No fue solo la izquierda, ni la oposición de centro derecha. Fueron personas comunes y corrientes con una cacerola, un post de Facebook o un tweet. Vayan tomando nota. Todos.

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