Efemérides: A 15 años del estallido de 2001

Un día como hoy, hace 15 años De La Rúa se trepaba a un helicóptero para salir volando sobre los techos de la Rosada junto con cuanta valija pudo llevarse armada mientras en las calles las cacerolas abolladas rechinaban con cada golpe, acompañando el grito de las masas que clamaba a voz gastada y en coro: “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”.

Yo tenía apenas 13 años pero esos 19 y 20 de Diciembre de 2001 -como a muchos- se me quedaron grabados a fuego. Lo que se vivió en las calles fue  el apogeo de un volcán emocional que en el fondo todos sabíamos algún día iba a erupcionar, con el pueblo saliendo a las calles para decir basta a una catarata de atrocidades económico-sociales como consecuencia de una crisis financiera, que trajo aparejado también el “Corralito financiero” y se vieron desatadas sobre un país que supo aguatar hasta donde pudo pero finalmente que optó por decir: “Hasta acá, no más”.

En aquella época no había organización por Facebook, ni covocatorias por Twitter, no existía nada de eso. Del 16 al 19 hubo saqueos en varios supermercados y otro tipo de tiendas. La Iglesia Católica intentó mediar entre la oposición y el gobierno de De La Rúa que para ese entonces era tan estable como un frasco de nitoglicerina atado a las caderas de Shakira. Fue un fracaso tras otro.

Finalmente todo estalló: el estado de sitio fue declarado y espontáneamente nació el Cacerolazo para desafiarlo, en el proceso fallecieron 39 personas en los enfrentamientos como consecuencia de la represión de fin de año, 9 de ellos eran menores de 18 años. mientras tanto el 20 a las 16 por TV, De la Rúa declaraba dejando en claro por sobre todo, que no pensaba renunciar a su mandato.

Apenas cuatro horas más tarde ya estaba arriba de un helicóptero sobrevolando el calvario y 3 días después asumía Rodríguez Saá suspendiendo el pago de la deuda externa y prometiendo devolver el dinero de los ahorristas, más la creación de un 1 millón de puestos de trabajo y vaya uno a saber que otro espejismo más. Una semana después, para el 30, abandonaba el barco dejándole su lugar a Eduardo Camaño que convocaba a Asamblea Legislativa mientras, en la tapa del Diario Río Negro de aquel día, se anunciaba que los saqueos seguían.

Un 2 de enero, Duhalde quien fuera vice de Menem hasta el 95´ y el candidato de la oposición que cayera frente a De la Rúa en 1999 apenas dos años atrás, ahora asumía como Presidente proclamando que: “El que deposito dólares, recibirá dólares”, frase inmortalizada en el subconsciente de cada ahorrista que se vio estafado, mientras hablaba de no echar culpas y sin hacer un mea culpa de su casta política le adjudicaba todo a “la esencia de un modelo perverso, que destruyó la clase media argentina”.

De las promesas que hicieron Rodriguez Saá, Camaño y Duhalde al pueblo, muy pocas -por no decir ninguna- se cumplieron. Y acá nos encontramos de nuevo, alcanzando otro 20 de diciembre, luego de 15 años y con Macri en el gobierno pero en un contexto diferente. Un panorama que pinta muy alentador para los productores de soja, las corporaciones y las mineras, no tanto así para la clase media. Pese a todo, a diferencia de aquella vez, por estas horas no parece haber señales ni de cacerolazo, ni de  saqueos, ni de acuartelamientos. Se ve si, el permanente paranoiqueo por parte de los grandes medios que juegan a endilgarle a los sectores más extremos de la oposición el incentivo y fogoneo de los saques como una gran posibilidad latente. Es que, está claro, vender todo el tiempo la idea que (de nuevo) el pandemónium se nos puede venir encima en cualquier momento garpa en rating.

Hoy en día rápidamente todo se replica y las redes sociales aceleran muchísimo cualquier proceso, así como exageran cualquier declaración o contexto. Vivimos en la era donde todo lo que hacemos tiene eco: lo malo y lo bueno. Hoy 20 de diciembre, 15 años después, creo que ya no somos ese pueblo, ni yo soy ese pibe de 13 que mirando la tele se preguntaba sin entender nada “¿Que carajo pasa?”. Las experiencias pasadas nos enseñaron, por las malas, cual es el camino correcto. Hubo una maduración, hoy tenemos los ojos un poco más abiertos. Estamos llegando a fin de año en un nuevo contexto. Hay mucho versos que no me creo: ni el de pobreza cero, ni el de los saqueos.

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