El drama de tener un hijo adicto en Catriel

Tener un hijo adicto a los estupefacientes es un desafío de vida que cada vez involucra y afecta a más familias en la ciudad de Catriel. En muchos casos el entorno directo trata de ocultar la situación por vergüenza, por temor o simplemente por no saber hacia adonde avanzar; también es cierto que la posición del grupo familiar en la escala social suele ser determinante a la hora de tomar decisiones o enfrentarse con este flagelo.

Nuestra ciudad no está preparada para atender, desde el punto de vista sanitario, los innumerables casos que se presentan en relación a la adicción de las drogas.

Viento Sur tuvo la posibilidad de conversar con la madre de uno de tantos jóvenes que padecen la enfermedad de la drogadicción y su testimonio es sumamente revelador en lo que atañe a las situaciones que viven aquellas familias de escasos recursos que tienen un hijo en situación de adicción.

La señora en cuestión, de quien nos reservamos su identidad para preservar su entorno familiar, nos cuenta su experiencia desde el dolor de madre, desde la impotencia de ver el deterioro diario de un familiar directo y también con la frustración de alguien que ha golpeado puertas y recorrido despachos buscando la atención necesaria para tratar a su hijo sin obtener respuestas que permitan enfrentar la gravedad de la situación.

Esta madre nos relata, entre lágrimas de tristeza e impotencia,  el calvario por el cual debe pasar una familia de escasos recursos con uno de sus integrantes adicto a las drogas. El hospital local no está preparado para la atención de adictos, nos describe, aún cuando la ley  26.517 de Salud Mental establece que es Salud Pública quien debe abordar el tema de las adicciones. Solo hay intervención en la etapa inicial pero una vez avanzado, el tratamiento, debe continuarse en Cipolletti con las consiguientes dificultades para la familia que quiere estar cerca del paciente. Por supuesto que ninguna otra institución cuenta con herramientas para hacer frente a la problemática desde ninguna de las aristas por las cuales abordar el tema.

La mujer nos narra, por momentos en forma desgarradora, la terrible experiencia de tener un hijo adicto y el dolor que significa no disponer de los medios suficientes para afrontar los gastos que demandan la atención debida para estos escasos y la imposibilidad de contar con un tratamiento efectivo en nuestra ciudad.

Por ella nos enteramos que algunos familiares de jóvenes adictos de nuestra ciudad, así como empresas e instituciones se han puesto en contacto con las ONGs Casa del Sur y Proyecto E.V.A, asociaciones civiles cipoleñas especializadas en el tratamiento de las adicciones y que cuentan con un equipo multidisciplinario compuesto por psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, operadores socio terapéuticos y talleristas con la formación adecuada para hacer frente a la problemática descripta. La intención de quienes han expresado la preocupación en la localidad es la de contar con un Centro de Atención, Contención y Rehabilitación en Catriel.

Las  instituciones mencionadas han manifestado su predisposición para desarrollar un Programa que se adapte a las necesidades de Catriel y que pueda ser llevado a cabo para el tratamiento de quienes así lo soliciten. Solamente requieren un espacio físico y algún tipo de ayuda económica para afrontar los gastos que demande el trabajo a realizar.

Por ahora solo hay buenas intenciones y la fecha cierta de una charla informativa en nuestra ciudad por parte de las instituciones referidas.

El testimonio nos hace reflexionar acerca de que cuando una persona esta enferma toda la familia debe participar del remedio y la cura. Pero cuando la enfermedad es social, toda la sociedad debe involucrarse en la creación de dispositivos para atender la patología, puesto que si no lo hace, el padecimiento, puede extenderse y poner en riesgo a todo el cuerpo social.

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