En el ojo de la tormenta

 

La manera en que el abogado Mauro González está ejerciendo la presidencia de la Convención constituyente de Catriel está en su hora más difícil. En el ojo de la tormenta.

Las cosas han cambiado sustancialmente desde  aquella jornada de euforia en la cual la oposición le torció el brazo al Movic, por primera vez en mucho tiempo, ungiendo como presidente de la Convención a quien encabezó la lista del FPV en las elecciones del 9 de abril; hoy en día, tras las primeras sesiones preparatorias de los Convencionales ,los socios de aquella jornada, Socialismo y UCR, miran de reojo y con alguna mueca de desencanto la tarea del abogado, el Movic le tira con todo lo que tiene a la mano para dificultar su gestión, sus propios compañeros de bancada están que trinan con algunas decisiones e incluso sus más fervientes allegados le cuestionan el desempeño.

La tibieza con la que González ha ejercido su mandato llama poderosamente la atención. Sobre todo proviniendo de un partido como el Justicialista que se ha caracterizado por los estilos unipersonales, el verticalismo, la crudeza ante los “enemigos” y la firmeza en las decisiones, equivocadas o no. Sin embargo no se puede decir que a González “le queda grande el saco”; lo que sucede es que pareciera estar más atento al “que dirán” que a las prerrogativas que exige el cargo para el cual fue designado por sus pares.

El Movic mientras tanto, dolido aun por no poder imponer a Torres en la presidencia, trata de dificultar, dentro de límites absolutamente democráticos, todo lo que puede la tarea presidencial, colocando entre la espada y la pared al abogado frentista para forzarlo a decidir cuestiones que a veces poco tienen que ver con la tarea encomendada por el pueblo.

Mientras tanto quienes asisten, como público o como prensa, comienzan a hartarse de este juego maniqueo en el que se ha convertido la Convención y muchos ya descreen que pueda traer algo bueno al interés comunitario esta parafernalia de 15 convencionales con o sin asesores y con o sin secretarios. Damas y caballeros el juego democrático no es la torre de Babel: la democracia exige decisiones consensuadas y aceptación por parte de quienes no pueden imponer su postura. Lo demás es chamuyo para la tribuna.

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