La muerte de Rodríguez, otra cabo suelto de la Policía y la Justicia

Gentileza Ministerio Público Fiscal
Por Marcelo Guerrero 
Finalmente, el caso de la desaparición más resonante de los últimos años en nuestra ciudad tuvo un final funesto. Horacio Rodríguez había desaparecido en la víspera del año nuevo de 2016; un año y seis meses después, el 6 de agosto de 2017, sus restos fueron encontrados en una zona de difícil acceso en cercanías del lote 14 a unos dos mil metros de su domicilio, desde donde se ausentó aquel 31 de diciembre de 2015.
Sus familiares identificaron la ropa que se encontró junto a los restos óseos como perteneciente al hombre que fue buscado intensamente, y sin resultados positivos, pero más allá de eso deberán esperar aún un tiempo más, entre dos y tres meses de análisis, para poder darle la sepultura que de paz a la familia y a la memoria eterna de don Rodríguez.
No deja de llamar la atención que tanto en este caso como en el de Félix Cara y el de Juan Vallejos las hipótesis de trabajo estuvieron equivocadas y las búsquedas no tuvieron la rigurosidad necesaria puesto que hay coincidencia en los tres casos en que algunas comisiones policiales pasaron por los lugares donde luego se produjeron los hallazgos, pero sin percatarse de que allí estaba lo que buscaban. Un grupo de jóvenes en una sesión de fotos, unos perros callejeros y un cazador de nutrias, en forma totalmente fortuita tuvieron el acierto que ni la policía ni la Justicia pudieron atinar pese a destinar tiempo, esfuerzo, recursos materiales y humanos y mas allá de haber actuado de acuerdo con un plan estratégico consensuado y ejecutado en base a supuestos protocolos destinados a estos fines. Sin embargo, no se ha escuchado, ni leído mea culpa alguno de parte de ninguna de las autoridades actuantes y tampoco explicación alguna de por qué a Félix se lo buscaba en las terminales, a Vallejos en 25 de Mayo y Rodríguez en la zona del Ceferino.
Don Horacio apareció en un lugar lógico de acuerdo con las características que presentaba en el momento de su desaparición. Un hombre mayor, con movilidad reducida y otros inconvenientes de salud difícilmente podría haberse ido demasiado lejos; si hubiera ido de su casa hacia el centro u otro barrio alguien debiera haberlo visto o podría haber quedado registrado en alguna cámara de seguridad; en forma inequívoca debía haberse dirigido hacia los limites urbanos de la ciudad pero imposibilitado de sortear canales, desagües o el propio río Colorado por lo que la búsqueda se acotaba muchísimo; sin embargo cuando algunos empezaban a buscar una explicación mística, alguien que no lo buscaba lo encontró.
La comunidad entera espera respuestas por los casos pasados y por lo que pueda suceder en el futuro, pero pese a esto ninguna autoridad judicial, policial o política, oficialista o de la oposición, ha brindado o pedido explicación alguna por esta serie de groseros desaciertos. ¿Irresponsabilidad? ¿falta de profesionalismo? ¿desidia? ¿incompetencia? Nadie sabe decirlo. Pero no se olviden quienes tienen las riendas institucionales que no pueden pasar todo el tiempo haciéndose los zonzos. De una buena vez deben encarar los asuntos con la seriedad que corresponde. ¿O será que la vida no vale nada como dice el cantor?
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