Luis Mendoza: “Es la primera vez en más de 40 años que puedo decir algo”

El pasado 3 de octubre Luis Mendoza, al igual que Félix Oga, declaró en el juicio por crímenes de lesa humanidad “La Escuelita V” realizado en Neuquén. Fueron acompañados por familiares, legisladores provinciales y locales y AViTEC.

Luis Mendoza, en su testimonio, dio cuenta de cómo fue detenido ilegalmente en la mañana del 27 de marzo de 1976, apenas unas horas antes de que fuera detenido Félix Oga en la vivienda de sus padres y solo tres días después del golpe de Estado que llevó al poder a la junta militar liderada por el teniente general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera y el brigadier general Orlando Ramón Agosti.

“Ese día el papá de Félix (Oga), a raíz de una noticia que salió en la televisión, nos encargó a los dos que fuéramos a entregar un arma heredada que tenía en la Comisaría de Catriel. Lo hicimos y luego fuimos a lo de mi novia (en el barrio YPF), hoy mi pareja, a tomar mates. Mientras estábamos allí pasó un hombre que “vendía libros” y que se sabía en la ciudad que era informante. Se llama Miguel Ángel Ferrari. Golpeó las manos y dijo buscar a alguien que no recuerdo. Un nombre seguramente inventado. Quería cerciorarse de que estábamos ahí. Catriel tenía pocos habitantes. Él iba a la U9 a informar cosas todos los días”, comenzó su relato Mendoza.

“Fuimos al centro, pasamos por un consultorio médico y luego (Oga) me dejó en mi casa. A las doce (12) del mediodía golpeó la puerta de mi casa (Miguel Ángel) Ferrari y me dijo que venían a detenerme. Intentó identificarse, pero antes de que pudiera sacar algo de la ropa, le dije: no hace falta, yo ya sé quien es y que hace usted”, agregó.

“Me llevaron a la U9 y me tomaron declaración. Después me llevaron a mi casa, donde revisaron y revolvieron todo. Luego me volvieron a llevar a la U9. Recuerdo que siempre había una camioneta blanca de Halliburton que deambulaba con agentes vestidos de civil. En esa camioneta me llevaron detenido. La manejaba un hombre de apellido Báez. (En la comisaría) me interrogaron tres militares, uno de ellos con el arma desenfundada y otro con un arma larga. Ese era el capitán Corretto, siempre andaba con ese arma, por eso en Catriel le decían “el hombre del rifle”. Me preguntaron por quien voté en las elecciones y por miedo mentí. También si estaba afiliado al Sindicato de Petroleros del Estado, por mi actividad, si conocía a Félix, por los libros que le secuestraron, que concepto tenía de él (Oga), y dónde podían encontrarlo. Al responder esto, Ferrari miró a los otros y les dijo: “Bueno, vamos que acá vamos a encontrar al pez gordo“, declaró.

“A mí me soltaron la tarde del domingo 28 de marzo. Me liberan y se llevan a (Félix) Oga. Volví a verlo recién cuando lo liberaron. A mí me hicieron firmar algo. Nunca supe qué. No leí el papel completo. Solo quería irme a mi casa y por eso lo firmé”, sostuvo.

“Para los padres de (Félix) Oga, fue muy duro estar sin él. Para nosotros, sus amigos, también. Tratábamos de acompañar a sus padres, de aliviar su dolor aunque más no fuera momentáneamente. Su mamá soportó lo insoportable cada vez que iba a verlo. La ultrajaban, pero ella solo quería ver a su hijo. No le importaba otra cosa”, explicó.

En otro pasaje de su declaratoria Mendoza retomó sus señalamientos hacia Ferrari. “Desapareció de Catriel de golpe. Me quedé con mucha bronca hacia ese hombre, fue quien gestó nuestras detenciones. El responsable de lo que nos pasó. En la comunidad (catrielense) quedó la imagen de que nosotros éramos guerrilleros. Dijeron que teníamos armas, pero nada era cierto. Fue y es muy dolorosa esa condena social que sufrimos”, manifestó.

“Averigué a ver si alguien sabía donde estaba (Ferrari). Su ex cuñada, una vecina de Catriel, me dijo que ahora es pastor evangélico y vive en Necochea”, indicó.

Para finalizar Mendoza señaló que tiene “mucha expectativa. Han pasado 41 años, 7 meses y 21 días (hasta el 3 de octubre) desde que fui detenido y es la primera vez en más de cuarenta años que puedo decir algo al respecto. Conociendo de primera mano el daño que nos ocasionaron a Félix (Oga) y a mí, espero que se haga justicia. Y que nunca más nadie tenga que volver a preguntar dónde está su hijo, donde está su hermana o, como ocurre ahora, dónde está Santiago Maldonado”, concluyó.

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