No alcanza con la condena judicial, algunos también claman la condena social

Credito Legislatura RN
Por Fabricio Alvarez 

No alcanza con la condena judicial, algunos también claman la condena social. Quieren nombres, fotos, escraches, vomitar el ácido de la moral. El lunes la Justicia condenó a tres años de prisión y medio efectiva a un joven de 19 años que residía en Catriel y cargaba con los delitos de robo y hurto. Las rejas y todo lo que ello implica no parece ser suficiente para algunos. En las redes sociales muchos apuntan con el dedo índice al “pibe chorro”, despilfarrando comentarios viscerales, rabiosos.

El fiscal y la defensora pública arreglaron en un juicio abreviado la condena y el juez homologó. Para concretar el acuerdo, el imputado debe reconocer los hechos y va directamente a prisión. Hubiese sido diferente si la causa avanzaba hasta un juicio oral y público ya podría haber atravesado el proceso en libertad cumpliendo algunas pautas de comportamiento. Pero no, el arregló lo mandó derecho al calabozo. El joven ya tenía antecedentes lo cual facilitó el desenlace.

El Ministerio Público Fiscal actuó con una rapidez asombrosa. El último delito, el hurto de un Ford Focus en Catriel, fue el jueves 4 y lunes 8 ya estaba esposado camino al penal. Como si se tratara del coliseo romano la gente clama, algunos felices porque hay “un chorro menos” en la calle, otros más ambiciosos quieren el nombre, quieren el escrache social.

Por otro lado, la misma Justicia condenó a dos años de prisión en suspenso al exlegislador de Juntos Somos Río Negro, Rubén López, por abuso sexual, coacción y amenazas. La pena es condicional, es decir que si cumple con ciertas normas impuestas por la Justicia cumplirá su condena en libertad. El contraste presenta una lógica social, judicial. Donde el Estado está ausente la justicia penal saca punta, opera, castiga. En otros ámbitos más políticos, más arriba en la pirámide social parecen tener ciertos privilegios. El látigo pega, sí, pero más suave. Otras pasa de largo.

Es decir, el sistema punitivo en este caso actuó a la perfección. Es probable que cuando la Justicia falla, actúa, resuelve, haya otras patas de la mesa social que “hacen agua”. No sé si todos “los pibes chorros” dejarían de robar si el Estado interviene y brinda algunos, solo algunos, de los derechos que tienen las personas, en especial los menores, pero quizá la gran mayoría sí. Pero la lógica capitalista, fiel al conductismo pavloviano, castiga. Se invierte más en presupuesto para los sistemas punitivos que para el desarrollo social. No solo no se brinda educación o cultura, el capital económico apenas bordea algunos espacios sociales.

La lógica capitalista también presenta una violencia temeraria el consumo. La propaganda de la felicidad, de ideal del yo, del mandato social, invade y coloniza nuestra forma de pensar. Los pibes también quieren consumir. Claro, si lo ven en la calle, en la televisión, lo escuchan en las radios, en las publicidades. Qué pueden consumir, qué pueden toman de ese mercado que es esquivo. Algo. Lo que pueden.

Centrar la discusión de este acontecimiento, del joven de 19 años, como algo lineal; el ladrón a la cárcel, es al menos mezquino. Si pensamos que alguien, nace pibe chorro, no habría ningún sentido analizar el contexto social, cultural y económico. No se trata tampoco de justificar un hecho puntual, sino entender qué variables, qué contingencias se ponen en juego en las distintas esferas sociales.

Claro que a nadie le gusta que le roben, sea un elemento que se haya obtenido con mucho esfuerzo o sea un mero obsequio. Está mal, porque así lo hemos institucionalizado.
Pero no podemos evitar preguntarnos por qué roba el que roba. Pensar en esa lógica. El análisis podría girar en torno a las condiciones de producción económica, cultural y social de cada individuo, pero sobre todo pensar el preponderante papel que tiene el sistema en la estigmatización social.

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