Opinión: El foco puesto en el comportamiento del electorado

Pasaron las elecciones del 9A y luego del clamor de los festejos, ya surgieron los primeros exámenes de los resultados. Desde la prensa, los partidos políticos y la sociedad. La propuesta de este análisis no pretende evaluar que se ganó y que se perdió con esta elección ni su incidencia e interrelación con el resto del plano político, sino otro componente que no puede perderse de vista: el electorado y su comportamiento en los comicios que eligieron a los 15 Convencionales Constituyentes.

Si nos remitimos al plano netamente estadístico, hay que decir que el número de votantes -53% del padrón- fue bajo tomando en cuenta que elegimos a las 15 personas que van determinar las normas que regirán la vida política, institucional y económica del municipio por los próximos 25 años. El lado positivo fue que todos los partidos políticos estarán en esa discusión y eso es un gran logro de los que sí sufragaron. Surge entonces, la primera pregunta: ¿Que nos llevó a votar de esa manera?

Para entenderlo, más allá de las incidencias con peso específico y las politizaciones externas al 9A, no hay que perder de vista las propuestas de reforma. Por un lado hubo un eje común entre partidos que fue la promesa de brindar mayor participación a la ciudadanía y por otro hubo apuestas particulares (algunas de ellas coincidentes) en cada plataforma. El electorado que participó reaccionó a todas ellas y eso explica, sin dudas, el gran papel del Socialismo que fue el que mejores iniciativas puso sobre la mesa. Tanto que hubo algunas que -aunque no se reconozca- fueron adoptadas por sus contrarios.

Tampoco hay que dejar de tomar en cuenta que no fueron pocos los que votaron sin comprender bien la  trascendencia y la finalidad de la elección. La imagen de un joven de unos 30 años preguntándole a un fiscal de mesa: “¿Che, y qué se vota hoy?”, minutos antes de meter la boleta en el sobre es una imagen que se replica y la que mejor lo explica. Gran parte de la oposición, como si ellos no tuvieran nada que ver, culpó de esto al gobierno (e incluso en algunos casos a los medios). El oficialismo lo computó como “una falta de conciencia” social. A mitad de camino entre esos dos extremos, quizá, se encuentre una aproximación más cercana a lo que realmente pensaron y decidieron los votantes. Sin embargo el atribuirle el bajo nivel de participación únicamente a una falta de conciencia social o a una falta de difusión por parte del gobierno de turno, deja entrever una subestimación al porcentaje encriptado de los 8455 votantes que sí votó informado. Sobre todo a la luz de los resultados, que le marcaron la cancha al oficialismo, le dieron un voto de confianza a la oposición con la distribución de bancas, y determinaron que se escuchen todas las voces en el debate más importante que tendrá la sociedad catrielense en más de 30 lustros. Esos hechos son absolutamente palpables y nadie puede negarlos.

Hubo personas que votaron a conciencia, otras que no y un 47% del padrón que no participó (casi un 25% usualmente activo y un porcentaje restante que habitualmente brilla por su ausencia en cualquier elección). Es innegable que hay que hacer un trabajo serio y continuado en el tiempo para incrementar los números del primer grupo, reducir los del segundo y seducir a los integrantes del tercero. Esa es una ineludible responsabilidad y un esfuerzo que debe ser encarado en conjunto entre el gobierno, la oposición, los medios y -por supuesto- los propios votantes que son y serán siempre el componente más importante del engranaje social y político.

Elio Carrasco

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