Opinión: El gran presente de la Depo y el mérito de los olvidados

La Unión Deportiva Catriel se consagró como sub-campeón del torneo Apertura 2018 de la Liga Deportiva Confluencia y se clasificó para jugar el torneo Federal Regional B Amateur que se disputará en 2019. Este es, sin dudas, el primer gran objetivo deportivo alcanzado por el club catrielense en esta nueva etapa institucional iniciada con la conformación de una sub-comisión de Fútbol que, sumada a la llegada de un nuevo entrenador y varios refuerzos de jerarquía a la Primera, le permitió alcanzar el logro.

Por supuesto que el principal mérito de este gran momento del club es, en principio, de todos los jugadores de este plantel que a lo largo de estos 14 partidos transpiraron la camiseta, dejaron todo en la cancha y -aun sin conseguir el título- cumplieron con creces las expectativas que habían sido depositadas en ellos por todos los hinchas (y dirigentes) canarios. Junto al cuerpo técnico compuesto por el DT Miguel Godoy y sus ayudantes, Daniel Valdez (preparador físico), Néstor Arias (ayudante de campo) y Mauricio Pietrelli (DT de Reserva), fueron los grandes artífices del excelente presente que atraviesa la realidad deportiva de la institución. Prueba de ello es que, en la final de vuelta, Cipo se quedó con el campeonato y Catriel se llevó todos los aplausos. Casi 2000 personas ovacionaron de pie al plantel entero.

Esta conquista deja al Canario a apenas un escalón de acceder al torneo Federal A. La última vez que Catriel estuvo más o menos cerca de conseguirlo fue en el año 2014 cuando quedó eliminado del Argentino “C” -al que clasificó por ser campeón en 2013- frente a Cruz del Sur de Bariloche tras perder 2 a 1 en el global. Y de haber logrado la clasificación, esta hubiera sido al Federal B. En aquella oportunidad, la Depo tenía un plantel muy joven pero que se desenvolvía con una madurez envidiable dentro de la cancha y le jugaba de igual a igual a cualquier gigante. Algunos de los integrantes de aquel equipo, hoy con mayor experiencia, son grandes baluartes del actual plantel de Primera.

Por ese mismo motivo también es que, seguramente, disfrutan más que nadie de esta realidad, porque les tocó atravesar una de las peores crisis institucionales del club a fines de 2016 y recuerdan a la perfección todo lo que ocurrió como preludio antagónico de este dulce presente. En esa oportunidad, estalló una disputa  interna muy fuerte entre dirigentes y jugadores de la Unión Deportiva Catriel cuando estos últimos “pararon la pelota”, se negaron a seguir prisioneros de la desidia y bajaron un fuerte mensaje a toda la sociedad de Catriel. “Queremos que abran las puertas del club a nuevas ideas”, fue el reclamo unánime del plantel de Primera y que fue acompañado por apenas un puñado de personas que los apoyaron. La realidad marca que en aquel momento, muy pocos se hicieron eco de la magnitud del planteo. Incluso varios referentes del plantel fueron furibundamente vapuleados por las coléricas opiniones de dirigentes, socios y algunos comunicadores sociales, entre otros tantos que se prendieron a la carnicería mediática. “Esta no es la forma”, “Así nunca van a conseguir nada”, “Lo único que están logrando es desprestigiar y perjudicar al club”, eran algunos de las expresiones más recurrentes que se escuchaban por aquellos días de innegable oscuridad.

Hoy a la distancia, aunque hoy nadie quiera -o por diplomacia, no pueda- reconocerlo, fue ese turbulento episodio el que despertó la gestación de este escenario de grandes proyecciones que hoy le sonríe al club petrolero. Por supuesto que no fue fácil dar ese paso, hubo sacrificios en el medio. Varios buenos jugadores (entre ellos algunos de los campeones del 2013) se alejaron -con un gran dolor en el alma- del club de sus amores para ya no volver, cargando con el sinsabor de sentir que en ese momento se jugaron todo y lograron cambiar nada o muy poco de la realidad de la Depo. Pero esa semilla que plantaron, más temprano que tarde, germinó. Ese tremendo plantón contra la dirigencia dejó las limitaciones de las autoridades expuestas y acrecentó aún más el descrédito de años y años a cargo de una institución que, pese a contar con el potencial suficiente, nunca logró despegar del todo.

Esto allanó el camino para que, luego de un año de transición, se diera el ingreso de nuevos grupos de trabajo y -especialmente- del sector público al club. Tiempo después, la Municipalidad de Catriel se involucró abiertamente donando 600 mil pesos a la Depo para concretar el sueño de la cancha de césped y hasta el Intendente Carlos Johnston entregó, a título personal, la maquinaria necesaria para realizar el mantenimiento de la misma. Pero esos solo fueron los primeros pasos. Sin dudas, la más apuesta fuerte que realizaron fue la conformación y el arribo de la sub-comisión de Fútbol a la institución (que preside un funcionario público).

Este contexto diferente le permitió a estas nuevas autoridades, por un lado, descomprimir de responsabilidades a la cúpula dirigencial; y por el otro adquirir de forma progresiva un protagonismo propio ayudando a mejorar la imagen general y los lazos inter-institucionales del club lo suficiente como para conseguir el desembarco de sponsors de envergadura (Edhipsa, Aconcagua, Cruceño y hasta la propia Municipalidad de Catriel). El resto es historia conocida: Un nuevo técnico, un plantel renovado y fortalecido (con el retorno de varios jugadores surgidos de la cantera del Canario), el aporte de las familias que siempre están involucradas y dispuestas colaborar, el nuevo rol conductor de la sub-comisión y el acompañamiento de una dirigencia que -afortunadamente- aprendió la lección, considero, fueron las claves de lo que se finalmente se consiguió: ver a la Unión Deportiva Catriel rindiendo honores a su historia deportiva, siendo protagonista del deporte regional y peleando nuevamente por el título de la Liga Confluencia. Es lindo saber que el “Canario” resurgió y sigue remontando vuelo. Enhorabuena.

*Por Elio Carrasco

 

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