Opinión: “Lo que el Hood Robin nos dejó”

Otro vez, como hace 16 años, el 19 y 20 de diciembre fueron nebulosos para Argentina. Aquella vez, con apenas 13 años, no alcanzaba a entender en plenitud la magnitud de los hechos ocurridos. Hoy, con 29 sobre el lomo, tampoco. La primera vez fue por mi juventud e inexperiencia política. Esta vez por la incredulidad que me genera el saber que, en un clima de creciente disgusto y tensión social, se haya aprobado una reforma que -nuevamente- perjudica a los sectores más vulnerables de la economía argentina sin tomar en cuenta las numerosas manifestaciones en contrario.

Hay varias aristas que no se pueden perder de vista sobre la reforma previsional que se convirtió en ley por el voto afirmativo de 128 diputados nacionales.

La primera de ellas es que implica un doble golpe al bolsillo de los que menos tienen: se trata de una transferencia de 100 mil millones de pesos que afecta a unos 17 millones de personas, principalmente jubilados (aunque también perjudica a pensionados, beneficiarios de AUH, trabajadores en relación de dependencia y monotributistas que perciben asignaciones familiares), que percibirán en 2018 menos ingresos que los previstos en la ley de movilidad anterior ¿Donde irán a parar esos fondos? A las provincias a través de un traspaso de recursos cruzado. El Gobierno negoció, atado a la aprobación de la reforma previsional, un pacto fiscal con casi todos los Estados provinciales (San Luis no firmó). Estos a su vez renuncian a los juicios contra la administración central y a cambio recibirán los recursos provenientes del impuesto a las Ganancias que antes iban a la ANSES. Y esta última va a percibir lo que se obtenga por el impuesto al Cheque, apenas un adicional del 30%, dado que en el Presupuesto 2018 ya se contemplaba que el 70% iba a ser destinado al organismo previsional.

¿Quien sale ganando y quien sale perdiendo con este reparto? Nación gana $121 mil millones por Ganancias y pierde $30 mil millones por impuesto al Cheque (le quedan $91 mil millones), las provincias pierden $23 mil millones pero accederían a un bono de 80 mil millones a pagar a diez años con una tasa de 6% mientras siguen recibiendo respaldo parlamentario para endeudamientos anuales multimillonarios y su propia reforma previsional. La ANSES es la gran perdedora: sacrifica $68 mil millones a cambio de una supuesta “sustentabilidad” para el sistema previsional que no está para nada garantizada.

Pero dijimos que la embestida era doble. Esto es porque la nueva fórmula combina inflación (70%) e índice de salarios (30%) y su actualización será menor a la que regía ponderando la evolución de la recaudación y los salarios casi en partes iguales. Como la fórmula de cálculo del aumento pasa de ser semestral a trimestral, los jubilados cobrarán en lugar del 12% de aumento que debían por los seis meses, un 5,7%. En esos términos, a un pasivo que cobra $10.000 y en marzo de 2018 debería aumentarse en $1200, sólo le llegarán $570.

¿Cuál fue la propuesta del Gobierno para “compensar” estas dificultades que afrontarán los afectados? Propuso un bono -a pagar por única vez en marzo- que no sólo es insuficiente en dinero, sino también en alcance sobre la totalidad de los impactados por esta ley. En los números reales, el bono alcanza a 10 millones de personas. El 72% de los jubilados (5 millones de un total de 7) con haberes de hasta $10.000. Así las cosas, los jubilados con aportes cobrarán, por única vez, cerca de $750. Mientras que recibirán $375 los que entraron con moratoria.

¿La frutilla del postre? Los impulsores y defensores acérrimos de la nueva ley, como el senador rionegrino Miguel Ángel Pichetto (PJ), celebraron como un gol en minuto de descuento otro punto de la norma en la que casi nadie repara: los empleados en blanco tendrán la chance de jubilarse con 70 años y solo en ese punto de su vida los empleadores podrán obligarlos a iniciar los trámites. Mientras que las mujeres podrán jubilarse con 60 y 70 años. En su alegato, previo a votar por la positiva, el peronista Pichetto dijo “en chiste” que muchos hombres no quieren jubilarse para evitar ver a sus parejas en sus casas exhibiendo una argumentación que sonó tan misógina como macrista.

En definitiva. Desde el Ejecutivo Nacional se gestó un acuerdo que fue pensado para beneficiar únicamente a las arcas de la política en detrimento del nivel de vida y la economía de las clases populares. Luego de concretar un saqueo descomunal con ayuda de la UCR, la Coalición Cívica y el PJ; el Presidente electo por Cambiemos, Mauricio Macri, dio un discurso diciendo nada y los incautos del voto aplaudieron como si hubieran explicado todo. Pero no todo es gris: Quedó en evidencia que el accionar poco legítimo del gobierno tocó un nervio popular y el letargo social se interrumpió. El rechazo masivo fue espontáneo porque 128 aprobaron algo a lo que, a lo largo y lo ancho del país, miles y miles le dijeron NO.

*Por Elio Carrasco

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