Opinión: Quién puede decidir sobre el cuerpo del otro

Por Fabricio Alvarez

Hablar de estadísticas cuando hablamos de personas es antipático, es cierto. Pero a veces sirve para dimensionar cuestiones que los dichos populares se encargan de moldear de acuerdo a una estructura de pensamiento, cualquiera sea ella. Hablar de aborto es tan polémico como antes lo era hablar de la homosexualidad. Por eso, claro está, hay que hablar del aborto.

Discutir si el aborto legal seguro y gratuito debería ser un derecho, a esta altura, parece tan absurdo como lo era hace años discutir si un hombre se podía casar con otro hombre, o una mujer con otra mujer. No hay discusión. Son derechos. Uno ya está legislado, el otro no y es el gran debate que comienza a gestarse en el país. Tengo que sospechar que en una sociedad históricamente patriarcal y machista ese derecho aun no existe porque es exclusivo de las mujeres. No se trata de estar a favor de la práctica sino  estar a favor de poder decidir sobre le propio cuerpo. No es incompatible estar en contra del aborto y estar a favor de que sea un derecho.

Decía lo de las estadísticas para traer algunos números a la discusión. Según datos oficiales del Ministerio de Salud Argentina práctica casi un aborto por minuto. 55 por hora. 500 mil por año. Claramente la criminalización del aborto no evita que las mujeres recurran a esa práctica ante un embarazo que no quieren continuar. Muchas mujeres mueren, la mayoría son de clases marginadas de la sociedad. Si tenés plata abortás sin problemas en las mejores condiciones clínicas. O sea que no solo se trata de la criminalización del aborto sino que atienda a una cuestión de clases, de género y de un negocio millonario que está agazapado a la sombra de los detractores del derecho al aborto.

Digo que la discusión es estéril porque lo que está en debate es definir si un otro puede o no hacer una práctica abortiva sobre su cuerpo. Es en todo caso una extensión sobre un derecho de autonomía sobre el cuerpo. Sobre el propio cuerpo. Cómo puedo decidir yo sobre otro cuerpo. Cómo puedo definir con una ley que dos personas del mismo género no puedan casarse. Es un absurdo. Independientemente si a mí esa práctica me parece correcta o no, independientemente de mi condición religiosa, quien soy yo para decidir sobre tu cuerpo o vos sobre el mío. Las mujeres quieren decidir sobre su propio cuerpo y ese derecho debería ser indiscutible. La discusión de estar o no de acuerdo con la práctica es otra discusión mucho más interesante.

Otro dato objetivo en este debate es que la mayoría de los países llamados de “primer mundo” no penalizan está práctica y en la mayoría de los índices de aborto han disminuido. ¿La razón? No solo se trata de permitir la práctica, sino de una política de Estado que acompañe la educación sexual.
Según un informe del 2016 de la Organización Mundial de la Salud, 21,6 millones de mujeres se practican abortos no seguros cada año. 18,5 millones de ellos ocurren en países en desarrollo, dice la OMS. Se estima que 47.000 mujeres mueren de complicaciones por esta causa. Estas cifras ponen de manifiesto que en los países que prohiben el aborto es donde más se practica.

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