Opinión: Ser artista en Catriel

Imagen Ilustrativa de un estudio.

Si bien me dedico a la música hace casi 10 años, la vida solo me ha alcanzado para vivir 2 gestiones municipales diferentes, una siendo solo un niño y la otra siendo un artista local, sin embargo ante los sucesos actuales y pasados, me fue cedida esta página del diario VSNoticias. Ser artista en esta ciudad, en mi caso músico, me ha traído muchas alegrías pero también muchos disgustos, por el poco interés brindado hacia el arte, a lo que quieren los artistas realmente, además de la gravísima discriminación a los estilos y el poco conocimiento de ellos.

Hace ya unos cuántos años, y entre otras ocasiones en que toque en eventos organizados por la Municipalidad, me había puesto muy contento porque una de mis bandas había “clasificado” para tocar en el escenario mayor de la Fiesta del Petróleo. Recuerdo que tocábamos antes que los chicos de Kaypacha y teloneábamos a Coti Sorokin. El predio era, por entonces en La Unión Deportiva Catriel, y había que atravesar todo el predio con los equipos: instrumentos (bajo, guitarras, batería) y cuanto complemento se imaginen. Cuando al fin llegamos detrás del escenario, no había nadie que te diga -chicos dejen su cosas acá -acá tienen para tomar agua -chicos ustedes prueban ahora, etcétera. Cuando al fin apareció alguien, lo primero que hizo esa persona fue interrogarnos inquisitivamente sobre quiénes éramos y porque no teníamos pulseras, después de dar explicaciones, le preguntamos qué hacer con nuestras cosas. La respuesta fue: “Qué se yo, déjenlas ahí”. Dudo muchísimo que esa persona supiera cuánto sale una caja de bajo, o cuánto nos cuesta juntar -moneda por moneda- el dinero para calibrar nuestros instrumentos. Mi economía (y la de cualquiera, creo) no está para dejar equipos ahí nomás sobre la tierra para que se arruinen con el polvo.

Mientras aguardábamos la prueba de sonido salí a comprar puchos y agua. Pasaron las horas y deduje que, para los organizadores, el concepto de “prueba de sonido” era un más “vengan acá a perder el tiempo”. Ya era de noche y luego de una considerable espera al fin nos hicieron pasar a una carpa con todas nuestras cosas, como anécdota graciosa recuerdo que vino un flaco -que salió de la nada- y me dice: ¿Che, no tenés marihuana que me regales? En toda mi vida, como persona y como músico, jamás me trataron tan mal en un evento donde tocara con mi banda, estábamos pintados, nadie nos prestaba la más mínima atención.

Llegó el momento de subir a tocar frente a mi querido Catriel y -si se preguntan cómo me fue- por suerte me fue bien. Pero si me preguntan como la pase, ya se imaginaran la respuesta. Estábamos tocando un tema de Guasones, sonó el último acorde, y la gente no alcanzó a aplaudir que el animador, básicamente, nos echó del escenario. Alcancé a escuchar en la multitud un “otra, otra, otra” de amigos y compañeros pero obviamente, no hubo tiempo de más. Cinco meses después nos pagaron un puñado de pesos por nuestra actuación. Por suerte cobramos algo porque con el “algunas bandas cobran y otras no” no vamos para ningún lado. Toqué cinco temas en una Fiesta del Petróleo (nos dijeron que había un problema de tiempo y por eso nos corrieron así) pero creo que fueron suficientes, prefiero seguir tocando en movidas organizadas por autogestionados a los que agradezco siempre que, a puro huevo y corazón, hacen fechas para los locales,contratando sonido, moviéndose, buscando cosas. Siempre tratándonos con la mejor onda y el mayor de los respetos, o en bares locales y de afuera donde siempre nos esperan con las puertas abiertas para mostrar lo que hacemos y vender nuestra remera, nuestra gorra, nuestro disco sin ningún problema, destacando que allí sí reconocen el esfuerzo del artista catrielense remunerando cada show sea del estilo que sea.

Lo escuché en un recital de un amigo hace unos días: “Yo estoy orgulloso de ser de Catriel”. Yo también, y adónde voy lo digo con orgullo, pero a este ritmo vamos a seguir igual de cuadrados y conviviendo siempre con el pedirle por favor al sonidista para hacer prueba de sonido, la mala onda, el maltrato, las caras largas y los “bigotes”.

Los artistas locales son iguales que vos que estás leyendo, trabajamos, estudiamos y sí, hacemos algo diferente que, con todo el gusto del mundo, compartimos con nuestra querida ciudad. Pero fomentar el arte de Catriel debería abarcar mucho más que solo poner un escenario para que los músicos toquen, para mi es mucho mas, porque de haber un real compromiso con la defensa del artista, se le debiera brindar mayor participación en el armado de los eventos y reconocer verdaderamente su esfuerzo porque siempre hay gastos que pagar, cables que comprar, y guitarras que calibrar y si verdaderamente se considerara al artista local, no sería todo por “brindar el lugar” que la verdad todavía no se cual es.

Sin más que expresar, agradezco a Viento-Sur Noticias por permitirme el espacio.

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