Opinión: “Valorar el esfuerzo de los que trabajan en silencio”

El personal del Hospital Catriel en el 45° aniversario de la institución.

Escribo estas líneas en relación a la repentina oleada de críticas y señalamientos que recibieron recientemente -en base a una noticia publicada en este portal- el personal y las autoridades del Hospital local que, al igual que los docentes, se rompen el alma laburando toda la vida por dos mangos. Con la diferencia de que los primeros, ni siquiera pueden hacer paro cuando no les pagan. Me resulta tan inaudito como incomprensible que se le quiera achacar a estos trabajadores locales la falta de designaciones de nuevos cargos y de tantos otros recursos faltantes que, en definitiva, se encarga de administrar el gobierno provincial. Si no tenemos los especialistas y recursos técnicos, tecnológicos y humanos necesarios, es porque nunca hubo una política pública de Salud seria en Río Negro que los garantice. Es así de simple. Pasó con los gobiernos anteriores y pasa ahora. Tampoco es algo que escape a la realidad de otras instituciones sanitarias en el país.

Por supuesto que existen varios factores que coexisten y se conjugan atentando contra la posibilidad de que Catriel cuente con más profesionales médicos que se asienten en la ciudad y mejore la calidad del servicio de Salud Pública. Como dije, es innegable que existe una falta de políticas públicas del Ministerio de Salud de Río Negro que favorezcan la generación de un contexto de inserción que facilite el arribo y el arraigo en la localidad de cualquier practicante de la medicina (salarios acordes a la realidad económica, acceso a terrenos, construcción de complejos de viviendas para profesionales que decidan residir en la ciudad, etcétera). Sin embargo tampoco se puede decir que este problema sea actual, desde el gobierno de Massaccesi en adelante, los empleados sanitarios de todo Río Negro se han cansado de reclamar -en vano- a lo largo de la historia por un mayor reconocimiento de derechos laborales, salarios que les permitan vivir dignamente y una correcta provisión de insumos para los hospitales públicos que garanticen la prestación de un servicio de salud de mayor calidad en cada rincón de la provincia. Es cierto que la gestión de Alberto Weretilneck está construyendo tres modernos hospitales en Allen, Las Grutas y aquí mismo en Catriel pero eso también nos lleva a preguntarnos, si hoy en día no consiguen ni cubrir la demanda de suministros ni llenar la gran cantidad de cupos vacantes que existen en la enorme mayoría de los cargos hospitalarios regionales, ¿Con qué personal y recursos pondrán en funcionamiento esas tres enormes estructuras edilicias una vez finalizadas las obras?

Otro factor que impacta negativamente son el alto costo de vida y la importante brecha salarial que existe entre la Salud Pública y la actividad privada. Se sabe que el personal del Hospital cobra muchísimo menos que cualquier empleado de la industria hidrocarburífera o incluso que cualquier colega que practique la medicina en el ámbito privado y esto, naturalmente, hace que la mayoría de los profesionales se inclinen por trabajar exclusivamente en este último ocasionando una fuga de un potencial recurso humano. Sin ir más lejos, en Catriel, el reclamo por las desventajas económicas empujó al personal del Hospital local a mantenerse en estado de asamblea permanente desde 2007 hasta 2011. Incluso, en 2016 bajo la dirección de Gladys Baldassi, hubo estado de asamblea y movilización permanente por un atraso en el cronograma de pago de honorarios y guardias a empleados estatales públicos que los afectó por varios meses. Durante cada uno de esos conflictos, los servicios de atención del nosocomio contaron con su guardia correspondiente. La sociedad catrielense rara vez se hizo eco de esos reclamos, nunca los apoyó ni se manifestó activamente como si ocurre ahora a través de las redes sociales -paradójicamente- para fustigar a los trabajadores de Salud Pública por algo que, reconozcan o no, no es su responsabilidad.

En cuanto a las quejas por la (mala) atención que recibieron algunos vecinos solo puedo decir que, en mi experiencia personal, las veces que me tocó recibir tratamiento ahí me atendieron excelente e incluso mejor que en cualquier clínica privada de la que haya sido paciente. Pero siempre existen excepciones a la regla obviamente.

Más allá de eso  no quería dejar de reconocer el enorme esfuerzo y sacrificio de los que trabajan todos los días en silencio arreglándose con lo poco que les dan y aún así se las ingenian para prestar un servicio de Salud de calidad (en el Hospital y en los barrios, atendiendo en las salitas periféricas).  Y a todos aquellos vecinos que estén inconformes con la realidad del servicio de Salud en Catriel les recuerdo que, seguramente, en unos días tendrán la posibilidad de plantear y transmitirle todas sus inquietudes directamente al Ministro de Salud e incluso al gobernador de la provincia en el acto por el 119° aniversario de la localidad. Será una oportunidad única, como para no dejar escapar, de reclamar ante quienes realmente tienen la posibilidad de cambiar todo lo que está mal.

Elio Carrasco
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