Se cruzaron todos los límites: Violencia de género en la Convención

Catriel.- La diferencias en la Convención Constituyente atravesaron todos los límites con la denuncia de Adelaida Torres (Movic) contra Omar Simionato (UCR), que se encuadra en la ley de violencia de género. Un hecho repudiable que deberá ser abordado por el órgano legislativo, además de los carriles por los que marcha en la Justicia ordinaria.

Esta situación que ocurrió el lunes se gestó en una trama compleja que de ninguna manera debe entenderse como un hecho aislado. La crispación en la Convención Constituyente se retrotrae a la génesis de la misma y tiene mucha tela para cortar. Lo que no resiste análisis de ninguna índole es el hecho de violencia de género que está acreditado y que es grave, especialmente en un órgano que tiene como función confeccionar la Carta Orgánica.

Previo al insulto y amenaza de Simionato contra la convencional oficialista hubo una fuerte discusión entre Torres y Elmas Zarzur (UCR) que terminó con una crisis nerviosa de la radical y que fue el motor de la reacción del abogado. La respuesta de Simionato no tiene ningún justificativo. De ninguna índole y es un hecho fáctico, la amenaza existió y fue grave. El propio denunciado lo reconoció ante la jueza de Paz Georgina Garro quien lleva adelante la causa y pidió disculpas públicamente.

Ese acontecimiento tiene un correlato y son las autoridades de la Convención y sus miembros los que deben toman cartas en el asunto. Las agresiones verbales y discusiones, tienen un prontuario holgado.
Por ejemplo, todas las mujeres de la oposición han tenido fuertes cruces con Marcelo Bustos, presidente del bloque Movic, pero lo que ocurrió entre Torres y Simionato cruzó un límite que no hace más que enredar el desarrollo del órgano legislativo que viene mal parido desde el comienzo.

El hecho es indiscutible, ocurrió y la Justicia, en su competencia, está investigando.
La decisión del Movic de abandonar la primera sesión ordinaria tiene varias aristas. En principio decir que hubo un día para buscar soluciones alternativas, sin necesidad de llegar al extremo de solicitar, sobre tablas, la expulsión de Simionato de la Convención. Se podría haber resuelto en labor parlamentaria, por ejemplo. La Convención tiene herramientas para resolver el conflicto, pero debe estar atado a un procedimiento y a un debate como mínimo.

Torres, en todo su derecho, alegó a través de Bustos, que no se sentía segura y por eso como fuerza decidieron abandonar el recinto. La Justicia en este sentido ordenó el cese de hostigamiento que fue aceptado por Simionato quien, además de reconocer el hecho, se puso a disposición de la Justicia alegando incluso, la posibilidad de no asistir al acto formal de ser necesario.

Garro tiene entre sus facultades varias medidas que se encuadran en la ley de género. Una es la que aplicó, otra posibilidad es poner custodia policial (podría suceder en el futuro) o incluso ordenar una prohibición de acercamiento si así lo consideraba necesario. Esto es clave, la Justicia no alterará el funcionamiento de la Convención que tiene las herramientas para tomar medidas. Esto seguramente se tratará puertas adentro y se debatirá.

Hay que recordar que la grieta entre el oficialismo y la oposición se gestó en el mismísimo surgimiento del órgano. Tras las elecciones de las autoridades, el Movic luego de haber votado, no reconocía lo resuelto y no asistió a una sesión mientras se confeccionaba el estatuto interno.

Algo similar sucedió con la elaboración del presupuesto. Incluso el intendente Carlos Jhonston (Movic) desconoció las autoridades públicamente y sugirió otros cálculos de gastos. Tras una reunión entre el mandatario y el presidente de la Convención Mauro González (PJ) las aguas se calmaron. Al ser minoría y sin alianzas firmes, salvo excepciones aisladas, el oficialismo no tiene los suficientes votos para imponer ideas. Tras un comienzo turbulento, el diálogo estuvo lejos de sus estrategias políticas y la oposición lo supo aprovechar.

En el análisis final de la situación global es indispensable no perder de vista que es necesario abordar las situaciones de violencia en el ámbito que sea, privado o público, pero tampoco se puede obviar que esto debe darse desde el origen mismo de ellas y no cuando estas alcanzan una cúspide insostenible y se traspasan los límites más allá de los límites. Los convencionales actuantes debieran haber denunciado, pública, institucional y judicialmente, cada una de las situaciones violentas ocurridas dentro del recinto desde el primer día para cortar de cuajo la evolución silenciosa de un conflicto político que en su última versión se vio atravesado por una problemática social muchísimo más amplia y compleja y que no debiera ser utilizada para provecho político por ningún actor o fuerza partidaria. Es en ese punto donde la Convención falló desde el comienzo. Lo hecho, hecho está y no se puede volver atrás. Pero quizá ahora tengan la oportunidad de reivindicarse.

Por Fabricio Alvarez, Marcelo Guerrero y Elio Carrasco
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