Vergüenza municipal: la censura como expresión de poder

*Por Elio Carrasco

El humor, como tantas otras, es una de las expresiones del arte. Pero con un plus que la distingue de las demás, ya que cuenta con la particularidad de cumplir una doble función: entretener e informar a la vez. Una noticia que es comunicada con humor de por medio, por mala que sea, siempre será mejor recepcionada por el colectivo social si el interlocutor logra (pese a la carga negativa que transmite) despertar risas en el destinatario final de esa información.

Es como cuando ves a un amigo con el ojo negro y le preguntas: “¿Qué pasó, te pegaron?” y te responde: “¡Ah, pero no sabes cómo quedó el otro!”. Entendés que lo que le pasó es algo malo pero esa respuesta, cargada de ingenio y picardía, ineludiblemente descomprime la situación de preocupación y te tranquiliza. Distinto es cuando ves a un artista amargado y le preguntas: “¿Qué te pasó?” Y te responde: “Me censuraron”.

Que se censure al periodismo, es realmente tan aberrante como preocupante. Pero que se censure el humor como expresión artística, es todavía más alarmante. Es triste y peligroso ¿Por qué? Es triste porque el artista ve frustrada su actuación y porque el público pierde la posibilidad de disfrutarla (y es aún más lamentable si esto ocurre cuando esta ya comenzó). Y es peligroso porque a través del humor, de la satirización de situaciones y figuras de poder, se logra poner en evidencia a estas y desestructurar así el orden de lo establecido. Es posible desnudar los intereses más espurios con un simple sarcasmo o una afilada ironía. Es posible contar verdades muy complejas con historias muy simples. Esto, por supuesto, muy pocas veces gusta a quienes ostentan poder de algún tipo (del que sea). Lo perciben como un ataque directo a su autoridad, a su orden, a su fe o a sus intereses mismos. Y uno de los (peores) recursos que tienen para evitarlo es la censura.

Quien contrata o va a ver un show de Stand Up debiera saber de antemano que el género se basa en la interacción del monologuista con el público expresando su forma de pensar. Y en el 100% de los casos estos shows suelen referirse a hipocresías, humor negro, ironías y situaciones de la vida cotidiana de una forma entretenida: las burlas abarcan al gobierno, la sociedad, la cultura, los dogmas religiosos, los valores, las costumbres o tradiciones, hábitos o incluso a uno mismo. Entonces cuando se censura un show de Stand Up, no se censura solo una actuación, sino también una forma de pensar. Y si como seres humanos no podemos aceptar el pensamiento del otro y -por malas que sean- reírnos de nuestras miserias, entonces ¿qué nos queda?

Es verdaderamente lamentable e inesperado para mí que ese mecanismo (la censura) haya sido el elegido por el Intendente de 25 de Mayo -alguien a quien he tenido la posibilidad de tratar personalmente- para poner un abrupto punto final a la actuación del comediante Marcelo Guerrero en el día de ayer. Por este mismo motivo, expreso desde ya todo mi apoyo y solidaridad para con quien considero un amigo, un gran periodista y por sobre todas las cosas, un excelente ser humano.

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