Por elio Carrasco
Un día como hoy, hace 12 años De La Rúa se trepaba a un helicóptero para salir volando sobre los techos de la Rosada junto con cuanta valija pudo llevarse armada mientras en las calles las cacerolas abolladas rechinaban con cada golpe, acompañando el grito de las masas que clamaba a voz gastada y en coro: “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”.
Yo tenía apenas unos escasos 13 años pero esos 19 y 20 de Diciembre de 2001 se me quedaron grabados a fuego. Lo que se vivió en las calles fue el apogeo de un volcán emocional que en el fondo todos sabíamos algún día iba a reventar, con el pueblo saliendo a las calles para decir basta a una catarata de atrocidades económico-sociales como consecuencia de crisis financiera, que trajo aparejado el “Corralito financiero” y se vieron desatadas sobre un país que soportó hasta donde pudo pero finalmente que optó por decir: “Basta”
En aquella época no había organización por Facebook, ni Twitter, ni nada. Sin embargo del 16 al 19 hubo saqueos en varios supermercados y otro tipo de tiendas. La Iglesia Católica intentó mediar entre la oposición y el gobierno de De La Rúa que para ese entonces era tan estable como un frasco de nitoglicerina atado a la pollerita de una de esas chicas que bailaban en el programa de Hernán Caire antes que lo fletaran.
Finalmente todo estalló, el Estado de sitio fue declarado y a la vez que nació el Cacerolazo, fallecieron 39 personas en los enfrentamientos como consecuencia de la represión de fin de año, 9 de ellos eran menores de 18 años, mientras tanto el 20 a las 16 hs por TV, «Fernandito» declaraba dejando en claro por sobre todo, que no renunciaría a su mandato.
Para las 20 hs ya estaba arriba de un helicóptero sobrevolando el calvario y 3 días después asumía Rodríguez Saá suspendiendo el pago de la deuda externa y prometiendo devolver el dinero de los ahorristas, más la creación de un 1 millón de puestos de trabajo y vaya uno a saber que otro espejismo más. Una semana después, para el 30, abandonaba el barco dejándole su lugar a Eduardo Camaño que convocaba a Asamblea Legislativa mientras en la tapa del Diario Río Negro de aquel día se anunciaba que los saqueos seguían.
Un 2 de enero, Duhalde quien fuera vice de Menem hasta el 95´ y el candidato de la oposición que cayera frente a De la Rúa en 1999 apenas dos años atrás, ahora asumía como Presidente proclamando que: “El que deposito dólares, recibirá dólares”, mientras hablaba de no echar culpas y le adjudicaba todo a “la esencia de un modelo perverso que destruyó la clase media argentina”.
De las promesas que hicieron Rodriguez Saa, y Duhalde al pueblo, muy pocas se cumplieron. Y acá nos encontramos de nuevo, sobreviviendo un 20 de diciembre menos caótico, luego de 12 años, con lo de Córdoba, el acuartelamiento y sus réplicas en el interior y el permanente incentivo al paranoiqueo por parte de los medios que, en casos extremos, directamente inventaban los saqueos buscando todo el tiempo hacernos creer que (de nuevo) el pandemónium se nos puede venir encima en cualquier momento.
Es curioso como hoy en día rápidamente todo se replica y las redes sociales aceleran cualquier proceso. Vivimos en la era donde todo lo que hacemos tiene eco: lo malo y lo bueno. Lo malo, sería que siendo hoy 20 no recordemos todo lo que vivimos hace media docena de años como pueblo, ese momento cuando nos fuimos al descenso después de terminar 1 a 1 en los 90 y a pese a ponerle todo el huevo. Lo bueno, es que después de estar al borde del nocaut, nos supimos recuperar. Hoy ya no somos “ese pueblo”, ni yo soy ese niño de 13 años que se preguntaba “que carajo está pasando”, y hay mucho teatro que ya no me trago. Por eso, hoy brindo por el recuerdo. El de los 39 que se fueron, por el de nuestro peor momento, tocando fondo y resurgiendo de nuevo y por supuesto, por todas esas mentiras que ya no nos creemos. Que tengan un feliz 20 de diciembre y próspero año nuevo.


