Concursos de «belleza»: ¿Nos engañaron con la Primavera?

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reinas collage estereotipos de belleza

Por Elio Carrasco – elio@vientosurnoticias.com.ar

Es un debate que, como tantos otros, divide las aguas de la sociedad. Decidí escribir sobre el tema porque hasta el momento, salvo por algunas voces cercanas que conozco, nunca vi -o quizás no me enteré- que se la aborde en Catriel por parte de las autoridades, ni legisladores, ni desde el Ejecutivo o incluso desde el mismo Consejo de la Mujer, aunque imagino, seguramente tendrán una opinión y postura desarrollada. Y aclaro, esto no implica ninguna crítica.

No es intención de quién escribe juzgar si están bien o están mal, sino más bien realizar algunas pequeñas observaciones en base a intercambios con personas que tienen distintas posturas respecto a este tema. La pregunta que debemos hacernos es, ¿Qué sentido pretendemos darle, como sociedad, a estos eventos en Catriel?

Posturas

Están quienes creen que lo mejor es que los llamados «concursos institucionales de belleza» sean lisa y llanamente prohibidos, como ocurrió en Chivilcoy, donde ya no se realizan desde diciembre de 2014. Otros son menos extremistas, y prefieren que sigan, pero que se reformule el lenguaje y el mensaje que se busca transmitir con este tipo de eventos. Por supuesto que están también quienes defienden el formato actual a rajatabla, y se aferran a la vaga esperanza de que no haya cambio alguno. Esas son las perspectivas que a simple vista alcancé a identificar luego de un leve paneo general.

Los «reformistas» de la belleza

Algunas de las propuestas de cambio que impulsa el segundo grupo, son: Que se cambie el título de «reinas» y «princesas» por «representantes» (u otro término menos «monárquico»); que no se pueda exigir parámetros referidos al color de ojos, de piel, de pelo o peso de las participantes; que puedan participar mujeres embarazas o con discapacidad y que se respete el género autopercibido de los postulantes.

Es decir, se pretende finalizar con ciertos estereotipos que se perciben como discriminativos y excluyentes, así también como con otros conceptos arcaicos que -según señalan- muchas veces se transmiten a través de estos concursos que, bien vale decirlo, son tradicionales en muchos puntos del país (en Argentina hay más de 200 fiestas nacionales y otras 300 fiestas regionales, ya sean provinciales o municipales). Lo que se busca desde esta corriente no es extinguirlos, sino reformular ciertos aspectos. Darles otro sentido, otro aire. Básicamente, esta postura plantea que una parte de lo «cultural»  no es casualidad y tiene una función que hay que cambiar, renovar. Y que lo que no se cuestionó antes, merece ser cuestionado ahora bajo el lema «Belleza sin violencia».

Algunas de las preguntas que plantea el movimiento podrían ser: ¿Por qué una fiesta de la primavera necesita tener una reina? ¿Quién determina qué hace o no bellas a las mujeres estudiantes? ¿Puede una mujer coya, o con sobrepeso ser reina de los estudiantes? ¿Hay que ser buena estudiante para ser reina? ¿Puede una candidata tener hijos? ¿Una reina, es más importante, destacada o exitosa que las demás mujeres? ¿Cómo se sienten aquellas mujeres que no pueden ser reinas? ¿Está bien seleccionar o «juzgar» mujeres como si fueran cosas? Y así varias más.

Las preocupaciones de los tradicionalistas y su perspectiva

Por otra parte, el miedo o preocupación de muchos de los integrantes del tercer grupo, es que en ese proceso que plantean los «reformistas de la belleza» se pierda el tradicionalismo implícito en estos certámenes  y argumentan como defensa que promueven el turismo interno y la producción, la cultura y las costumbres de cada región, de cada zona de nuestro país. Así como también, que dan trabajo a productores regionales, músicos, artesanos que muestran su trabajo.

Pude observar también que hay gente que pese a formar parte y apoyar los concursos, tienen opiniones diversas donde las dos últimas posiciones se entremezclan. Por ejemplo, Marina Puente, quien fue Reina del Petróleo en 2012 y Embajadora Provincial del Petróleo en 2013, opinó :»No te sirve de nada una «Barbie»  que frente al micrófono no sabe hablar dos palabras. Es importante que las chicas estudien para intercambiar con otros y participar en actividades sociales que lleven a contribuir con el intercambio cultural entre ciudades».

Marlene Krapp, actual 1° Princesa del Petróleo y futura estudiante de Kinesiología, señaló: «A mí los concursos donde te hacen desfilar en bikini no me gustan. La exposición del cuerpo semi desnudo de las postulantes ante una cantidad enorme de personas no me parece adecuado».

Candela Hernández, la Reina de la Primavera y futura estudiante de nutricionismo, indicó: «Está perfecto si tratan el tema de cambiar esos términos de reina, o princesas. Me parece bien, creo que no es lindo que nadie se sienta más o menos que nadie». Y  agregó: «Con los estereotipos también estoy más que de acuerdo, porque esas exigencias que se marcan son totalmente discriminadoras, hay muchas chicas que quieren participar y no pueden, nadie es quién para decir quién sí y quién no, creo que sería lindo que cualquier persona sea como sea tenga el mismo derecho de participar».

La diversidad se refleja, por ejemplo, en que el primer punto de vista de Hernández no es del todo compartido por Krapp y Puente, pero más allá de alguna disidencia en ciertos detalles, las tres coincidieron de forma unánime en algo. Todas estuvieron de acuerdo en que participar fue «una linda experiencia», y se mostraron abiertas a impulsar la posibilidad de que se modifiquen o amplíen ciertas cuestiones de los concursos mientras que no se pierda la esencia y el espíritu del tradicionalismo (el intercambio cultural, la representatividad de una ciudad o región, la promoción de actividades sociales y culturales, etcétera).

A esta misma postura adhirió también Antonella Maestra, ex 1° Princesa del Petróleo durante el año 2012. «En necesario que sea una elección abierta a todos pero que siempre lleve el mismo fin: representar a una ciudad, una historia, una cultura, obvio que con todos los requisitos que eso conlleva. Tener una buena presencia, ser buen orador y disponibilidad 100 % para las actividades que implique el hecho de que te elijan», puntualizó.

Vientos de cambio: El tratamiento del proyecto por Diputados

Existe una iniciativa que despertó controversia, fue presentada por la diputada kirchnerista Gloria Bidegain para tratamiento en el Congreso, actualmente abordada por la Comisión de Cultura, que girará ahora a la Comisión de Familia y después será tratada en el recinto de Diputados. Busca, entre otras cosas, los cambios mencionados anteriormente (eliminar los títulos de nobleza y hacer más inclusiva la participación) y que solo se puedan presentar en los concursos chicas de más de 18 años y, si tienen menos, que estén autorizadas por sus padres. También promueve que no haya haber topes máximos de edad.

A modo de epílogo, diré que mi postura personal sobre el tema es que este debate -como tantos otros- debe darse desde una base de respeto y diálogo abierto, siendo respetuoso de la opinión del otro, considerando que existen personas que no siempre van a coincidir con nosotros en todo, pero con las cuales se puede llegar a un entendimiento mutuo que habilite la reformulación de ciertos paradigmas y aspectos de estos eventos que en pleno siglo 21 se perciben como medievales y primitivamente discriminatorios por una parte de la sociedad actual, sin que se pierda los aspectos positivos de la experiencia. Un punto intermedio entre el tradicionalismo y el reformismo de los concursos de «belleza».

“El feminismo no se trata de hacer a la mujeres más fuertes. Las mujeres ya son fuertes. Se trata de cambiar la manera en que el mundo percibe esta fortaleza.”

G.D. Anderson

 

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