Más de 50 personas participaron de un taller de bioconstrucción con cáñamo y dejaron una estructura para una escuela

La actividad se realizó en General Pico y combinó teoría con práctica. Desde Catriel participaron tres integrantes de Quatrifinio, que buscan sumar herramientas para futuras experiencias productivas y ambientales.

Más de 50 personas de distintos puntos de la región participaron en General Pico del 1° Taller Teórico y Práctico de Bioconstrucción con Cáñamo Industrial y Técnicas Naturales, una propuesta que combinó formación, práctica y debate sobre nuevas alternativas para construir con materiales naturales y sustentables.

La actividad se realizó el sábado 6 de junio de 2026 en las instalaciones de la Nueva Escuela Argentina y reunió a participantes interesados en técnicas de construcción con tierra, arcilla, lodo, madera, paja y cáñamo industrial. La jornada permitió acercar conocimientos sobre bioconstrucción, adaptación climática, aislación, normativa y posibles aplicaciones productivas del cáñamo como material liviano y sustentable.

Luego de la instancia teórica, la capacitación tuvo una parte práctica en la que todos los concurrentes participaron en la construcción de una estructura que quedará para la Nueva Escuela Argentina, institución que alojó el taller. En ese trabajo colectivo se aplicaron distintas técnicas aprendidas durante la jornada, combinando materiales naturales y criterios de bioconstrucción para que el resultado no fuera solo demostrativo, sino también útil para el espacio educativo.

Durante la primera parte del encuentro se explicaron distintas técnicas de construcción natural con tierra, arcilla y lodo. Los capacitadores detallaron proporciones, mezclas y criterios de aplicación según el tipo de construcción, el uso interior o exterior, la exposición climática y las condiciones del lugar donde se pretende construir.

Uno de los ejes centrales fue que cada sistema de bioconstrucción debe adaptarse al territorio. No se trata de copiar una técnica de manera automática, sino de evaluar el clima, los materiales disponibles, la humedad, la amplitud térmica, los vientos y las necesidades concretas de cada espacio.

Ese punto tiene una lectura directa para ciudades como Catriel. Por sus temperaturas extremas, sus variaciones entre el día y la noche y sus condiciones ambientales, cualquier experiencia de bioconstrucción debería pensarse con criterios específicos para la zona. Durante el taller se abordaron formas de aislar de la humedad, equilibrar la temperatura interior y complementar las estructuras con madera y otros materiales disponibles en cada región.

La parte vinculada al cáñamo industrial estuvo a cargo de Fernando “Peñi” Saavedra y su equipo. Saavedra es director del Grupo Agrómera, un grupo integrado por profesionales que trabajan en el sector del cáñamo industrial, con actividades y servicios en Argentina y España.

En su exposición, Saavedra explicó las diferencias entre cáñamo industrial y cannabis, especialmente en relación con los usos productivos de la planta y su bajo contenido de THC. También detalló que del cáñamo pueden obtenerse distintas materias primas: fibra vegetal, grano o semilla, cañamiza y biomasa floral.

“No se trata de presentar al cáñamo industrial como una solución mágica, sino de empezar a investigarlo con seriedad como una posible herramienta para producir, construir y remediar desde el territorio.”

Uno de los puntos destacados fue el potencial del cáñamo como material para sistemas de construcción liviana. Según se explicó durante el taller, la materia prima puede obtenerse en ciclos relativamente cortos, de tres o cuatro meses, y utilizarse en combinación con madera, paja encofrada y otros materiales naturales para mejorar la aislación y reducir el impacto ambiental de las construcciones.

También se mencionaron experiencias vinculadas a materiales resistentes al fuego, tratamientos ignífugos y certificaciones internacionales aplicadas a sistemas constructivos con cáñamo. El horizonte planteado por los especialistas apunta al desarrollo de una industria nacional capaz de producir maderas, ladrillos y biomateriales sustentables.

La capacitación incluyó además información sobre normativa nacional y regional vinculada a la bioconstrucción. También se compartieron referencias de ordenanzas municipales y experiencias locales que podrían servir como antecedentes para que otras ciudades empiecen a ordenar este tipo de iniciativas.

Otro eje de la jornada fue el potencial ambiental del cáñamo industrial. Durante la exposición se mencionaron posibles aplicaciones asociadas a la fitoremediación de suelos, la absorción de metales pesados, la oxigenación del suelo y la captura de carbono. Estos usos, sin embargo, requieren investigación, trazabilidad, escala productiva, respaldo técnico y articulación institucional para transformarse en proyectos concretos.

Del encuentro participaron también tres integrantes de la Cooperativa de Trabajo Quatrifinio Ltda., de Catriel, quienes viajaron con apoyo del Municipio para capacitarse y conocer de primera mano experiencias que podrían aportar a futuras líneas de investigación local. La participación permite anclar el tema en una agenda que la cooperativa viene impulsando desde Peñas Blancas, vinculada al cáñamo industrial, la producción agroecológica, la remediación ambiental y la diversificación productiva.

En esa línea, Quatrifinio y el área de Producción del Municipio de Catriel iniciaron conversaciones para conformar una mesa técnica que permita evaluar la posibilidad de desarrollar proyectos pilotos de investigación sobre distintos usos del cáñamo industrial. La idea es analizar, con respaldo institucional y criterio técnico, qué aplicaciones podrían tener desarrollo real en el territorio, desde la producción y los biomateriales hasta la remediación ambiental y la construcción sustentable.

Los especialistas que participaron del taller remarcaron la importancia de generar alianzas con municipios, organismos técnicos, instituciones científicas y entidades como INTA e INTI para impulsar este tipo de iniciativas. También señalaron que, además del conocimiento técnico, hacen falta asociaciones, financiamiento y marcos de trabajo claros para pasar de la capacitación a experiencias demostrativas.

Para Catriel, el interés no está en presentar al cáñamo industrial como una solución mágica, sino como una posible línea de investigación dentro de una agenda más amplia de bioeconomía, innovación productiva y sustentabilidad. En una ciudad históricamente atravesada por el petróleo, estas experiencias permiten mirar alternativas complementarias sin negar la matriz económica actual.

El taller de General Pico dejó una primera conclusión: la bioconstrucción con materiales naturales y cáñamo industrial despierta interés regional y empieza a generar espacios concretos de aprendizaje. El desafío, ahora, será ver si ese conocimiento puede transformarse en proyectos pilotos serios, medibles y útiles para cada territorio.