Opinión: A 14 años del histórico 20 de diciembre de 2001

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20 de diciembre de 2001 saqueos
*Por Elio Carrasco

Un día como hoy, hace 14 años De La Rúa se trepaba a un helicóptero para salir volando sobre los techos de la Rosada junto con cuanta valija pudo llevarse armada mientras en las calles las cacerolas abolladas rechinaban con cada golpe, acompañando el grito de las masas que clamaba a voz gastada y en coro: “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”.

Yo tenía apenas unos escasos 13 años pero esos 19 y 20 de Diciembre de 2001 se me quedaron grabados a fuego. Lo que se vivió en las calles fue  el apogeo de un volcán emocional que en el fondo todos sabíamos algún día -más temprano que tarde- iba a reventar, con el pueblo saliendo a las calles para decir basta a una catarata de atrocidades económico-sociales como consecuencia de crisis financiera, que trajo aparejado el “Corralito financiero” y se vieron desatadas sobre un país que soportó hasta donde pudo pero finalmente que optó por decir: “Basta”.

En aquella época no había organización por Facebook, ni Twitter, ni nada. Sin embargo, del 16 al 19 hubo saqueos en varios supermercados y otro tipo de tiendas. La Iglesia Católica intentó mediar entre la oposición y el gobierno de De La Rúa que para ese entonces era tan estable como un frasco de nitoglicerina atado a las caderas de Shakira.

Finalmente todo estalló, el estado de sitio fue declarado y a la vez que nació el Cacerolazo, fallecieron 39 personas en los enfrentamientos como consecuencia de la represión de fin de año, 9 de ellos eran menores de 18 años, mientras tanto el 20 a las 16 hs por TV, «Fernandito» declaraba dejando en claro por sobre todo, que no pensaba renunciar a su mandato.

Cuatro horas más tarde ya estaba arriba de un helicóptero sobrevolando el calvario y 3 días después asumía Rodríguez Saá suspendiendo el pago de la deuda externa y prometiendo devolver el dinero de los ahorristas, más la creación de un 1 millón de puestos de trabajo y vaya uno a saber que otro espejismo más. Una semana después, para el 30, abandonaba el barco dejándole su lugar a Eduardo Camaño que convocaba a Asamblea Legislativa mientras en la tapa del Diario Río Negro de aquel día se anunciaba que los saqueos seguían.

Un 2 de enero, Duhalde quien fuera vice de Menem hasta el 95´ y el candidato de la oposición que cayera frente a De la Rúa en 1999 apenas dos años atrás, ahora asumía como Presidente proclamando que: “El que deposito dólares, recibirá dólares”, mientras hablaba de no echar culpas y le adjudicaba todo a “la esencia de un modelo perverso que destruyó la clase media argentina”.

De las promesas que hicieron Rodriguez Saá, y Duhalde al pueblo, muy pocas se cumplieron. Y acá nos encontramos de nuevo, sobreviviendo un 20 de diciembre menos caótico, luego de 14 años y con Macri en el gobierno. Un panorama que pinta muy alentador para los productores de soja, pero no tanto para la clase trabajadora. Aún así, a diferencia de años pasados, por estas horas no parece haber señales ni de cacerolazo, ni de  saqueos, ni de acuartelamientos. Tampoco se ve ya el permanente incentivo al paranoiqueo por parte de los grandes medios que, en casos extremos, directamente inventaban los saqueos fogoneando todo el tiempo la idea que (de nuevo) el pandemónium se nos podía venir encima en cualquier momento.

Es curioso como hoy en día rápidamente todo se replica y las redes sociales aceleran años luz cualquier proceso. Vivimos en la era donde todo lo que hacemos tiene eco: lo malo y lo bueno. Lo malo, sería que siendo hoy 20 no recordemos todo lo que vivimos hace más de media docena de años como pueblo, ese momento cuando nos fuimos al descenso después de terminar 1 a 1 en los 90 y a pese a ponerle todo el huevo. Lo bueno es que, después de estar al borde del nocaut, nos supimos recuperar. Hoy ya no somos “ese pueblo”, ni yo soy ese niño de 13 años que se preguntaba “que carajo está pasando”, y hay mucho versos que ya no me creo. Las experiencias pasadas nos enseñaron, por las malas, cual es el camino correcto. Hoy tenemos los ojos -aunque sea un poco- más abiertos. Hoy sabemos distinguir entre el pan del pueblo y una porción de pizza del Imperio. Por eso, hoy brindo por el recuerdo. El de los 39 que se fueron, por el de nuestro peor momento, tocando fondo y resurgiendo de nuevo y por supuesto, por todas esas mentiras que ya no nos creemos. Que tengan un feliz 20 de diciembre y próspero año nuevo.

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