Opinión: “Decime que se siente”

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Toma barrio Preiss

*Por Elio Carrasco

En medio la euforia mundialista, con la paliza teutona a Brasil ya consumada y a horas de que Argentina juegue la  otra semifinal con Holanda, nada parece importar más. No hay espacio para la empatía o la piedad, para ponerse en la piel de los demás. Para pensar en que hay personas, como nosotros, que la están pasando verdaderamente mal. Hoy en día, hay mucha gente sufriendo en Brasil. ¿Por la eliminación? No. Por la marginación. Por la necesidad, por la pobreza, por la injusticia, por la desigualdad social.

Mucho se habló previo y durante el comienzo de este Mundial, sobre lo polémico de organizar un evento de esta magnitud en un país que enfrenta una seria crisis social, que se especula costó cerca de 10.000 millones de euros, lo que suma más de lo que se invirtió en Alemania 2006 y en Sudáfrica 2010 juntos.

De acuerdo con los datos difundidos hasta el momento, por conceptos como venta de entradas, derechos de transmisión televisivos o merchandising, la FIFA ha ganado alrededor de 1.380 millones de dólares hasta Mayo, un 10% más que lo que ingresó en Sudáfrica y casi 20 veces más que los ingresos que obtuvo en el año 2013, aunque se espera que sus beneficios lleguen a los 5.000 millones de dólares. Entre tanto millones de familias brasileras viven en la pobreza, y como canta Molotov “nadie hace nada, porque a nadie le interesa”.

Cuando empezó la competición, arrancamos incrédulos de esta Selección, que al principio nos preocupó, después nos indignó y de a poco nos emocionó, nos convenció, nos llegó al corazón al punto de que  hoy por hoy todos los argentinos desperdigados por el mundo comparten fotos de nuestros jugadores en Brasil cantando el “decime que se siente”. Catriel obviamente, no es la excepción. Pero, ¿Podrá quizás la desdicha del otro generarnos el mismo pluralismo de emociones, de sensaciones encontradas al punto de ponernos aunque sea por un segundo en el lugar del otro? ¿Podrá despertar en el “nosotros” colectivo de una sociedad tan superficial y enajenada de la empatía el deseo de ayudar al otro en la desgracia, en lugar de provocarnos risa? ¿Podremos ponernos por un segundo a pensar “que se siente”, en otras palabras?

Pongamoslo a prueba. Mira la foto, y ponete la mano en el corazón. Ahora, respondete en voz alta: ¿Tenés idea QUÉ SE SIENTE? ¿Vivir en calentándote a leña, en una “casa” que desborda precariedad que no tiene gas, agua, ni electricidad y que cada vez que llueve se llena de humedad? ¿Tener que intentar dormir aguantando las temperaturas más bajas en un lugar que tiene paredes de nylon y techo de chapa? ¿Te imaginás vos viviendo ahí? ¿Temblando de frío sin poder dormir? ¿Te imaginás pasar toda la noche así? ¿Y qué tal un día entero? ¿Qué tal mil?

“A mí que me importa lo que pasa en Brasil” me podrás decir. Ese es el error, pensar que no importa porque a nosotros simplemente no nos pasa. Esa foto que ves ahí, no es Brasil. No es una favela, no es siquiera un villa miseria perdida entre los cien barrios porteños. Esto que vemos, es nuestro. Así vive la gente de nuestro pueblo. Entretanto las empresas petroleras ganan millones de dólares con nuestro petróleo, así viven algunos de nuestros vecinos, los tuyos y los míos. Mientras docentes, jubilados, doctores, políticos de circo y unos cuantos candidatos a intendentes, gastan miles “jugando unas fichitas” en el casino de lunes a domingo.

Todo esto, pasa todos los días. Esta realidad que ves acá, está en un rincón olvidado de la ciudad, casi como escondida. Muy pocos la advierten y muchos menos la quieren ver. Y me animo a afirmar, que esos mismos, son los que se emocionan y conmueven a más no poder cuando compran lágrimas de cocodrilo mientras escuchan el pianito triste de fondo mirando Showmatch. Pero por más que quisieramos maquillar, esa realidad está. Y a diferencia de lo que Tinelli te pueda ofertar, desborda verdad.

Por eso la próxima vez que vayamos a votar, abrí los ojos y ponete a pensar porque las cosas están como están. Y ojalá que quienes hayan leído esta humilde opinión, tanto mañana, en la previa del partido más importante del Mundial -si no ganamos no hay final-; como cuando estén por entrar a votar, se acuerden de esto que les cuento. Por el momento, no me queda más que ponerme a cantar: ♪“Catriel, decime que se siente, pensar un poco en los demás”♪.

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