Opinión: «Scioli, Macri y por qué para mí Del Caño sí representa al cambio»

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 *Por Elio Carrasco – elio@vientosurnoticias.com.ar

Quizá no el tuyo, no el de tu vecino, y no el de la mayoría de los que concurra a las urnas el domingo. Pero si el mío. Y lo digo convencido. En la portada me di el gustito de exagerarlo un poco de más, pero la verdad es que a tan pocos de unas nuevas Elecciones Generales, puedo decir que siento -sin temor a equivocarme aunque lo haga- que deben ser estos los primeros sufragio en años en los que voy a votar sintiéndome seguro al 100% de estar al tanto o tener una idea bastante aproximada de a quién, cómo y por qué le doy mi apoyo. Tanto en plano nacional, como local. Pero ese es otro cantar.

En el plano nacional, me resulta curioso y divertido cómo las posturas políticas parecen dividirse fuertemente en dos opciones que, aunque parecen opuestas, para mí prácticamente no revisten diferencias. Por el lado oficial, te ofrecen a Scioli como la mejor posibilidad de «continuidad del modelo», aunque con claras señales y antecedentes que marcan que ni siquiera están convencidos ellos. Por el lado opositor, es increíble cómo muchísimas personas que se consideran inteligentes simplemente se autoconvencen ciegamente y hablan de forma recurrente de que si «realmente queremos un cambio» votar a Macri es «necesario» y «la única alternativa» posible porque es «el único que puede sacarlos«, pero no pueden explicar cuál es el cambio que quieren ver reflejado. A ver, pensemos: ¿Qué tipo de cambio es Macri? ¿Bueno o malo? y del otro lado, ¿Es realmente Scioli una continuación del «modelo»? Analicemos.

Primero las propuestas de Macri: ¿Pobreza cero? ¿En serio? ¿En qué cabeza cabe eso? ¿Cómo alguien que no pudo siquiera combatir la pobreza de la ciudad más habitada, pretende lograr erradicarla en un país entero? Además, seamos sinceros: la pobreza -a nivel mundial- nunca se va a acabar porque es la consecuencia de un negocio. La desigualdad que hay no es casualidad, sino causalidad. Y a ese monstruo espurio que maneja los títeres tirando de los hilos y yace agazapado e imperceptible a muchas mentes, pero latente en todo lo contingente, no le interesa que se termine la pobreza porque esta lo retroalimenta

Pasemos al siguiente punto: Vencer al narcotráfico. Seguimos hablando de lo mismo, es parte de un negocio igual o todavía aún más tenebroso. Para hacerlo se requiere gente que sea incorruptible, intachable. Cosa que Mauri ni es, ni tiene  en su partido político porque, incluso dejando el affaire Amadeo-Niembro de lado, ¿Me van a decir que la recientemente descubierta y denunciada organización criminal encabezada por un ex guerrillero peruano llamado Marcos Estrada González (ex miembro de Sendero Luminoso), que cuenta con un ejército de 300 hombres armados con ametralladoras y fusiles para custodiar diez cocinas de cocaína de máxima pureza se materializó de la noche a la mañana en la barriada porteña de Bajo Flores? ¿No lo sabían? Se los cuento. Estas cocinas mueven, al año, decenas de millones de dólares y difícilmente estos criminales hubieran podido tener tanto desarrollo si no hubiesen contado con complicidades de sectores de la dirigencia política nacional, como así también de la Ciudad de Buenos Aires y de los sectores de las fuerzas de seguridad -especialmente la Policía Federal-, de la Justicia y los macromedios que con su cómplice silencio han hecho más esfuerzos por ocultarla que por desbaratarla.

¿Unir a todos los argentinos? Otro cuento del tío. Personalmente considero que en la actualidad nadie, excepto los móviles de interés social surgidos del mismo pueblo, puede unir a todos los argentinos. Y por último debo decir que me resulta tragicómico y un insulto a la inteligencia el hecho de que consideren como «el cambio» a un candidato que definió como «un luchador» a Cavallo y que figuró a Menem como «un refundador del país» (sinceramente no sé qué película vio, pero yo siempre lo vi más como «el refundidor»). Sus propuestas resultan incongruentes con la realidad y, sin importar por donde se lo mire, el discurso de Macri termina por volverse grotesco, demagógico y poco creíble.

Del otro lado de la vereda, la cosa no pinta mejor. Votar Scioli es tanto o incluso más peligroso que desayunarse con un licuado de petróleo.  Lo condena su pasado y lo condiciona aún más su presente. Aunque no existe político que resista el archivo, su pasado menemista, sus conexiones con el poder corporativista y sus mentiras lo condenan de forma inexpugnable y terminan por develar la realidad: Es más de lo mismo. Y eso lo saben incluso en el kirchnerismo, por algo va Zanini de vicepresidente y por algo en 678 lo destrozaban hasta hace tan solo un par de meses. Es un postulante que coquetea con todas las aristas del poder, el cual se ha ocupado muy bien de él al disfrazarlo del gran candidato populista. Y se lleva muy bien con los medios hegemónicos y los corporativistas porque ha negociado defender sus intereses y políticas.

Estamos hablando de alguien que fue denunciado reiteradas veces por desidia y desinversión en materia de infraestructura educativa, que falseó los datos sobre las muertes que causó su mala gestión, al que se lo ha visto en compañía de personajes tan poderosos como turbios (Nicolás Sarkozy, por ejemplo) y que -al igual que Massa y Macri- se presentó rendir examen ante los representantes de los grandes capitales en el Councils of Americas. Sí, esos mismos que fomentan la guerra, el hambre y la pobreza. Es decir, lejos está de defender el bendito «modelo», otra de tantas verdades a medias que nos gusta creernos. El remate, no podía ser menos con un raid mediático a toda orquesta y emoción en América sentado en el living de Intratables que hace contraste con la insólita cortada de rostro a Andy Kusnetzoff y el equipo de Perros de la Calle y el escándalo por un interesante pero -hay que reconocerlo- muy oportunista video que salpicó un poco más la imagen de Aníbal Fernández

Después de todo esto que les cuento, quiero que -aquel que se anime- me explique: ¿De qué «cambio» y de que «continuación» hablamos? Son dos caras de la misma moneda. Son los candidatos del poder y las mayores billeteras. Votarlos es como votar a Dr. Jekyll y Mr.Hyde, indefectiblemente uno terminará convirtiéndose en el otro. Hace algunos días alguien me preguntó: «¿Por qué vas a votar a Del Caño? Sabés que no va a ganar» ¿Quieren saber por qué? Porque no me interesa ganar, me interesa el cambio que propone. Y aunque al igual que el resto de los candidatos del pelotón, que lejos está de poder pelear el primer lugar, voy a votarlo porque hay varias propuestas con las que me siento plenamente identificado.

Considero que -pese a su nerviosismo y sin ser una luz de candidato- en el primer debate presidencial hecho en nuestro país, fue el único que se diferenció del resto. Habló de los mismos temas, pero dijo lo que los otros no se animaron. Al hablar de educación, reconoció que hay «salarios docentes de miseria» y «problemas graves de infraestructura»; propuso «que se garantice la jornada extendida en todo el país» y que haya «más generación de cargos docentes», como cartas fuertes.

Fue el único que «se jugó» alzando la bandera en favor del aborto legal y la despenalización de la marihuana, dos temas nada livianos a los que nadie más se les animó. «Estamos a favor de que el aborto sea legal, gratuito y seguro para que evitar que mueran más de 300 mujeres por año en nuestro país. Es un derecho elemental», opinó. Ningún otro, ni siquiera Margarita Stolbizer, se atrevió a desarrollar esta cuestiones de peso que siempre generan división y revuelo.

Durante el segmento sobre seguridad y derechos humanos, defendió el derecho a protesta, y contra el discurso de “seguridad” de otro candidatos, señaló que las “fuerzas de seguridad son las que organizan el gran delito” y que, en muchas ocasiones, el rol que tienen esas fuerzas es el espionaje a los luchadores obreros y populares. Y recordó que Mauricio Macri está procesado por escuchas ilegales.

Denunció además a la casta política que se hace millonaria en sus cargos, como los jueces, funcionarios e incluso diputados que cobran decenas de miles de pesos. En ese marco, ratificó la práctica y el compromiso de los legisladores del Frente de Izquierda de cobrar lo que cobra una maestra o un trabajador. Y aun siendo diputado, no le tembló el pulso y la voz para dar apoyo activo a los trabajadores y sectores que salen a luchar, como la vez que ridiculizó en vivo y en directo a Feinman cuando quiso tratarlo de vago por asistir a una protesta.

Todos estos considerandos me llevan una sola conclusión. Siendo sincero debo decir que -aún sin ser un erudito- veo una polarización entre 2 proyectos implícita en la engañosa estadística de 6 listas; 5 de ellos por un lado y 1 solo que lucha por cosas totalmente distintas. Stolbizer y Del Caño representan parte de ese proyecto. Dudé un tiempo y finalmente me decidí por uno porque tuve una mayor afinidad con sus propuestas. Pero si sé que de esos dos no salía. Y ojalá haga una buena elección Stolbizer. Es cierto. Hasta que no se gobierna discurso y proyecto son tan solo promesa y potencialidad, pero siento que aunque más no sea en partes, al menos el de ambos sí me representa un poco mejor que el de los demás. Que no se malinterprete, tampoco pienso que Del Caño sea el «Che», ni que Margarita sea un hada madrina.  No soy tan ingenuo. Ahora en cuanto a Dr. Jekyll y Mr. Hyde no se si puedo decir que opino igual. Y por ahora, eso es todo lo que tengo para decir antes de votar.

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