Opinión: Sobre tiempos de cambio, feminismo y uno mismo

197

*Por Elio Carrasco

La denuncia pública realizada días atrás por la actriz Thelma Fardín, junto al colectivo argentino de actrices, contra su colega Juan Darthés generó que en la agenda pública de todo el país se discuta nuevamente la problemática de la violencia sexual -y de todos los tipos conocidos de este flagelo- sobre la mujer por su sola condición de ser tal.

Esto funcionó, de inmediato, como disparador para que cientos de mujeres se animen a hablar y a contar sus verdades, su dolor. Tanto que desde el propio gobierno nacional confirmaron que se registró un incremento del 1.240% en las denuncias al 144 (línea nacional contra la violencia hacia la mujer) en los dos días posteriores a la denuncia de Fardín, con un salto de 16 llamadas a 240. Además, causó que los medios, las redes sociales, los programas de espectáculos y hasta un cosificador serial como Marcelo Tinelli enfoquen su eje comunicacional directamente en la temática de género (ayer admitió en en su programa “hicimos cosas que no volveríamos a hacer”). El impacto fue tal que incluso hasta el Presidente de la Nación Mauricio Macri tuvo que salir a tuitear que bajaron un spot contra la violencia de género en el que participó en 2016 Darthés; quien por el peso de las acusaciones salió del país y se refugió en Brasil que no tiene convenio de extradición de sus ciudadanos (nació ahí) con Nicaragua (en donde cursa la causa por la demanda).

La onda expansiva de ese efecto dominó no fue ajena a nuestra localidad en la cual varias mujeres denunciaron a por lo menos ocho hombres de Catriel por distintos tipos de violencia con acusaciones desde lo físico (golpes y maltrato) hasta lo sexual (violaciones) a través de relatos anónimos que fueron publicados en una cuenta de Twitter identificada como @HablanLasPibas. Sin ir más lejos, el martes 18 una intervención autoconvocada a través de las redes sociales en la plaza de la Familia, que inicialmente se gestó como un escrache público en el que cada concurrente llevaría impresa una fotografía de la persona a la que sindicaba como su agresor para elaborar un cordel de denunciados, se convirtió en una concentración y un debate que sirvió para generar un espacio de contención.

Por supuesto que el fenómeno original y sus consecuencias recolectaron tantos apoyos como rechazos. El hecho de que las redes se inunden de comentarios machistas indica que el avance del movimiento feminista, ganando cada vez más espacios en cualquier rincón de la sociedad y la expresión cultural argentina, incomoda de sobremanera el orden de lo establecido. “Ahora no se va a poder decir nada”, “nos van a meter presos sin juicio previo”, “están todas locas, enfermas, lo único que quieren es venganza”, son frases que se repiten una y otra vez, ahora por lo bajo, todos los días en cuantiosas conversaciones masculinas. A muchos les preocupa “que paguen justos por pecadores”, según aseguran. El que nada esconde, nada teme dicen. Pero también es cierto que ante una avalancha de denuncias públicas y anónimas se eleva las posibilidades de un escrache ilegítimo (aquel que es realizado no por justicia sino faltando a la verdad para perjudicar a alguien). Ahora bien, en ese sentido, hay que analizar el contexto completo.

Durante siglos enteros las mujeres sufrieron persecuciones injustas, maltrato gratuito y linchamientos horrendos. No es de extrañar que hoy, cansadas de tanto aguantar inequidades, exista un segmento minoritario del feminismo que diga: “No les va a venir mal un poco de su propia medicina”. Y bien sabe la historia que, como género, merecido lo tenemos. Pero la realidad es que ese no es el verdadero sentido ni el pensamiento del resto del movimiento, que es mucho más amplio y bien podría sintetizarse en dos sabios avisos de Rita Segato, la intelectual que mejor decodifica la revolución feminista por estos días: 1) Si existe un enemigo, es el orden patriarcal. 2) En un justo proceso puede haber escrache (legítimo), pero nunca linchamiento si el objetivo es corregir a la sociedad.

Es claro también que históricamente nos debemos otro enfoque de los procesos judiciales que no se base únicamente en interpelar el relato de la víctima y hacérselo repetir hasta el hartazgo solo para cuestionarlo. Tampoco hay que perder de vista que irse al extremo opuesto y convertir en costumbre o en una especie de “ajusticiamiento popular” al acto de condenar “ipso facto” a una persona ante la primera denuncia anónima, repudiándolo con escrache viral antes de que siquiera exista un proceso judicial puede convertirse en una práctica viciada de hipocresía ideológica, un lujo que ni el feminismo ni nadie debe perpetuar si pretendemos que algo cambie para mejor.

Desde estas letras tampoco se comparte ni comprende el pensamiento de aquellos que piden a gritos que maten al que mató, que violen al que violó, que le peguen al que pegó ¿Qué sentido tiene? ¿Perpetuar el ciclo de violencia alguna vez ayudó? ¿A alguien, además de los romanos para sus “shows”, le sirvió? ¿Vamos mejorar si nos comportamos igual que lo que pretendemos erradicar? Mi opinión es que no. Por supuesto que para con un violento, un violador ni olvido ni perdón. Cárcel de por vida. Pero al adversario la mejor calidad de Justicia, siempre. Cambiar patriarcado por matriarcado, aún si fuera posible, tampoco tendría sentido alguno. El feminismo tiene reservado un papel más grande en la historia que convertirse en una simple contrahegemonía. Seguramente junto a las próximas generaciones argentinas que logre salvar la Educación Sexual Integral (ESI), será el bastión de una esperanza futura para algún día lograr un auténtico cambio político y social acá, en el país y en el resto de Latinoamérica.

La situación en Catriel

Las alarmas de la emergencia en violencia de género están sonando hacer rato en Catriel. La declaración municipal acerca de esta temática hecha por el Poder Legislativo local, apenas un mes y dos días después del femicidio de Cintia Vergara en 2014, señalaba varias cuestiones importantes: que se realizaba una denuncia por día, de mínima, y que el único organismo que se ocupaba del tema era el Consejo de la Mujer.

Cuatro años después, prácticamente no existen datos oficiales de ese organismo, pero tenemos una referencia cercana en el tiempo. La subcomisario a cargo de la Comisaría de la Familia de Catriel, declaró en una entrevista con VSN que, al día de hoy, pese a que en la ciudad ocurren situaciones “realmente extremas” y se viene registrando un incremento de denuncias, la institución que conduce no maneja un presupuesto autónomo, no cuenta ni siquiera con un móvil propio para desplazarse y reconoce que necesitan con premura la incorporación de más personal humano y especializado en perspectiva de género.

Pero, además, el problema es multipolar, pues nadie se hace cargo; no existen campañas públicas de prevención constantes, ni del gobierno municipal, provincial o nacional ni tampoco de ninguna otra institución pública o privada. Todo se reduce a lo que hacen un puñado de medios digitales y las agrupaciones feministas por las redes sociales.

Y en lo que respecta al rol de la Justicia rionegrina, mejor no hablar de ciertas cosas. Son innumerables los casos en los que a las víctimas no se les recibe la denuncia, no se les asiste ni informa adecuadamente sus derechos, no se les recibe la denuncia o deben soportar largas horas de espera para ser atendidas. Y cuando finalmente logran el cometido son cuestionadas, juzgadas, invisibilizadas y/o revictimizadas.

Para muestra sobra un botón. En nuestra ciudad se condenó a Juan Alejandro Sepúlveda Belmar por lesionar gravemente a su ex pareja en julio del 2017. Adivinen, ¿cuánto le dieron? Tres años. El tipo la golpeó hasta que la desfiguró y le fracturó siete huesos de la cara. Después le dijo “ahora te voy a tener que matar”. Si la piba no se escapaba, él la mataba. Así de simple, así de crudo, así de salvaje y homicida fue. Es decir que para que la Justicia le dé apenas tres años de condena (que cumple en libertad) la víctima tuvo que salvarse de milagro y además contar su historia por los menos unas ocho veces reviviendo el horror de esa noche para que eso ocurra. Dos veces en la Comisaría de la Familia de Catriel, dos veces ante la fiscal Adjunta de Catriel, Analía Díaz, dos frente a médicos forenses, al menos una ante una psicóloga, otra ante una psicopedagoga y una trabajadora social, dos veces ante abogados. En cada una de ellas le tocó revivir su dolor. El sistema judicial en lugar de considerar la tentativa de femicidio, lo acusó solo por lesiones graves. Tras declararse culpable en juicio abreviado, consiguió la libertad.

Ante todo este panorama, hasta podría parecer desconcertante intentar empezar a comprender cuáles serían los pasos más acertados a seguir para empezar a corregir semejantes errores estructurales de abordaje para combatir, reducir y prevenir una problemática tan compleja como lo es la violencia de género. Y aunque es cierto es un proceso social del que todos formamos parte y debemos ir aprendiendo sobre la marcha, hay ciertos nortes que pueden ayudarnos a guiar mejor la brújula. En ese sentido el primer paso lo dio nuevamente el feminismo. El martes, lo que inicialmente se pensó como un escrache público sin demasiado sustento, terminó convirtiéndose en un espacio de contención y expresión para jóvenes víctimas de las diferentes violencias que se desprenden del esquema patriarcal. Yo celebro eso. Que se generen ese tipo de intercambios siempre es positivo. Otro cambio que podría ser de ayuda es que nuestros representantes gubernamentales escuchen y solucionen el pedido de ayuda que representan la Resolución 048/14 y las declaraciones de la titular de la Comisaría de la Familia, destinando en el futuro mayor fuerza y recursos a campañas generadas desde el Consejo de la Mujer, la incorporación de personal y capacitación perspectiva de género de cara a 2019. Por último, pero no menos importante muchachos: el siguiente paso podríamos darlo el resto de nosotros, los varones, empezando por dejar de matarlas. Eso sería un gran cambio. Te lo juro, macho.

NOTAS RELACIONADAS

Share Button

Comments

comments