«Que esta canción no sea pajaritos en el baile 2»

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*Por Elio Carrasco

Hace aproximadamente 7 meses, el Departamento de Inspección de Catriel, (previo a la asunción de Danilo Mateo en el cargo) clausuró el local «Afrika» por no cumplimentar con requisitos básicos que debe tener en regla un local nocturno para poder abrir. De acuerdo con el acta oficial, aquella vez fueron 21 infracciones, entre las cuales se contaban tener los matafuegos vencidos desde 2012 y que de las 14 luces de emergencia, solo funcionaban 4, entre otros tantos.

Por aquellos días «La Reina»; el otro local que también fue inspeccionado y advertido en esta ocasión, seguía abriendo todos los fines de semana y lo llamativo del caso es que lo hacía estando en las mismas condiciones por las que fue ordenado el cierre inmediato cuando se le realizó la pertinente inspección el pasado sábado. ¿Qué cambió entonces desde aquella vez?

Por un lado, está el para nada insignificante hecho de que cambió la autoridad de control en el Departamento General de Inspección, por el otro está el hastío general de la población en lo relativo a este tema lo que hizo que se incremente la presión social para que se controlara más. Pero este último punto, no es otra cosa que la consecuencia de años y años de espera viendo como se llenaba el vaso hasta que cayera la gota que lo rebalsara; esta  no fue otra que la reciente suspensión de la fiesta clandestina al aire libre (mal) organizada por un grupo de jóvenes llamada «Evolution Party» que fuera intervenida en plena madrugada. Eso, este simple hecho, sirvió como detonante para abrir un debate que plantea cuestiones por demás interesantes:

Primero, es cierto que la «Evolution Party» no cumplía con los requisitos necesarios para que se realizara el evento; por lo cual descarto cualquier cuestionamiento a la suspensión de la misma. Asimismo, en aquel momento, me pareció injusto que no se les diera a todos el mismo tratamiento. Porque cabe preguntarse porqué, si de antemano todos sabíamos cuál era el estado de los locales «bailables» -matafuegos vencidos, baños antihigiénicos, venta de alcohol indiscriminada a menores, etcétera- estos controles no se hicieron antes. Y en todo caso, ahora que se hicieron, por qué fue necesario que pasara tanto tiempo, y que se generen después de una polémica como la clausura de la «Evolution Party» si en teoría estos controles deberían ser totalmente regulares.

Desde mi humilde posición, aplaudo la decisión del Municipio, la Dirección de Inspección y de la Jueza de Faltas, respecto a tomar cartas en el asunto pero espero que estos controles empiecen a ser mucho más regulares y no se vayan al mazo antes de que eso pase, como ocurría antes. Deben sostenerse en el tiempo para que sean realmente eficaces y creíbles.

El año pasado expliqué que para mí la piedra angular de esta problemática residía en 4 puntos determinantes: nuestra desidia social para ejercer una presión que motive a cambiar, la laxa legislación existente para regular esta realidad social actual, la falta de iniciativa gubernamental para ejercer un control frecuente y regular que evite que los bolicheros hagan vista ciega respecto al tema y por último tiene relación con qué tan tacaños sean los dueños de cada local bailable en particular (es evidente que invertir en mejorar las condiciones edilicias no les interesa). Hoy por hoy, creo que 2 de esos 4 puntos ya no son como antes: los controles han aumentado (o al menos empezado), y la presión social respecto al tema ha conseguido elevarse desde el incidente mencionado antes; solo restaría que llegue a legislarse en la materia de una mejor manera para establecer mejores estándares y que desde las patas restantes del trinomio (ejecutivo y dueños de locales bailables) se replanteen seriamente el epicentro de la problemática para darle una solución a la gente cuanto antes. Para que la juventud en lugar de quejas tenga opciones y para que de una vez por todas cambien la canción, y dejen de pintarnos pajaritos en el baile.

Notas Relacionadas:

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Clausuraron Afrika, el local bailable (2013)

«Nos pintaron pajaritos en el baile» (Opinión -2013)

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