Tiene seis años y donó su cabellera a pacientes oncológicos

Paloma Oro, una catrielense de apenas seis años, decidió cortar su extensa cabellera para donarla a la asociación “Un pelito de esperanza”, un banco de pelucas oncológicas que funciona en Santiago del Estero, con el fin de que otras niñas y mujeres del país que batallan contra distintos tipos de cáncer puedan acceder a este producto de forma absolutamente gratuita.

Yara, su mamá, nos contó que Paloma -con la aprobación de sus padres- fue quien tomó la determinación de cortar su larga cabellera después de seis años de crecimiento ininterrumpido para donarla con un fin benéfico. “Salió de ella. Nunca, en seis años, se cortó más que las puntas. Le encanta tener el pelo suelto, pero lo tenía muy largo y había que recortarlo un poco. Nosotros ya sabíamos de la iniciativa de la asociación, así que ella sola me dijo “bueno, me corto el pelo y lo donamos”.

La idea surgió luego de que ambas conocieran la historia de un bebé de una familia chilena con la que aún mantienen contacto por redes sociales. “Nosotras tenemos contacto con esta familia por las redes, estuvimos viendo fotos del centro oncológico que se ocupa exclusivamente de niños en Chile y conversamos con ellos. Ella me preguntaba sobre la bebé. Ahí buscamos una entidad en el país que haga algo parecido y surgió lo de “Un pelito de esperanza” en Santiago (del Estero). Le mostré las fotos y le dije, “Mirá Palo en este lugar hacen pelucas con el pelo de la gente que tiene el pelo muy largo y se lo entregan a nenas” pero como quien cuenta algo anecdótico. Ella fue la que decidió donarlo”, sostuvo Yara en diálogo con VSN, al mismo tiempo que su hija la interpelaba para que le confirme si el envío destinado a la confección de pelucas oncológicas ya llegó a destino.

“Está re ansiosa por saber si llegó. Nosotros lo envíamos el miércoles (24-10). Ya llegó, subieron la foto incluso. Al momento de ir a la peluquería le avisamos a su papá, que estuvo de acuerdo, y le contamos (a la estilista) para que era. La chica nos explicó que se debe cortar en seco para que no afecte el transporte y pueda utilizarse para las pelucas. Así que así lo hicimos”, explicó Yara.

Paloma, a su corta edad, demuestra una madurez envidiable. Tiene un excelente desempeño en el colegio y realiza varias actividades extraescolares. Asiste a la Escuela Primaria N°281, entrena en el equipo de hockey del Catriel HRC, concurre al taller municipal de telas, canta y dibuja, quiere aprender a tocar varios instrumentos musicales y es fanática de los experimentos. “Va re bien en la escuela, aunque a veces le llaman la atención porque charla mucho (se ríen). Ella hace telas, hockey, le gusta dibujar, cantar y se vuelve loca haciendo experimentos caseros en los que mezcla de todo. Le encantan, pero tuvimos que prohibir algunos dentro de la casa después de que se olvidó uno en la heladera y empezó a largar un olor insoportable”, explicaron mientras intercambiaban miradas cómplices.

“El otro día me dijo que quiere ir a un secundario “científico”, donde hagan experimentos. Todo el tiempo prueba cosas nuevas. Hace unos días mezcló flores con champú, plasticola y otras cosas, hasta que toda la mezcla se volvió amarilla. Ella prueba, juega, inventa”, sintetizó Yara, en tanto que Paloma, jugando con un pote lleno de plasticola, agua y talco, aclaró: “Mamá es la única que huele mis experimentos…”. “¿Por qué será, no”, fue la risueña devolución de su progenitora, mientras que Palo huele su último experimento y arruga su nariz.

“¿Tenes paciencia para los experimentos?”, le preguntamos. “Y, más o menos”, respondió Paloma. Mientras conversaba con nosotros la distrajeron las imágenes de fondo en la tv en las que, en un noticiero, se hablaba sobre el homicidio de Estafanía Bonome de apenas 9 años de edad. Mira la pantalla entre sorprendida y triste. “Es súper inteligente y receptiva. Entiende la complejidad de algunas cosas con una facilidad asombrosa. Unos días atrás me preguntó y se puso triste con el caso de Sheila (Ayala, de 10 años)”, relató su mamá.

“Entiende mucho de todo. Yo me asombro todos los días. Por ejemplo, con lo que es la ESI (Educación Sexual Integral) y la diversidad de género. Cuando tenía cinco años me preguntó por qué se besaban dos chicas en la tele, en una novela. Le expliqué que eso era el amor, que el amor tenía que ver con las personas y no con el género de cada uno. Que podían amarse un hombre y una mujer, tanto como dos mujeres o dos hombres. Ahora esta re metida con la novela de 100 días para enamorarse, por ejemplo. Ella planteó sus dudas, yo le expliqué todo desde mi conocimiento y posición y creo que lo entendió. Hoy en día por ahí el problema de la incomprensión se ve más en los adultos que en los nenes”, reflexionó Yara.

Paloma, un ejemplo de lucha y superación constante

Hoy en día Paloma es una niña muy proactiva y saludable, pero tuvo que atravesar muchas dificultades en su desarrollo temprano. En su primer semana de vida, luego de una serie de complicaciones médicas, fue diagnosticada con Kernícterus, una complicación neurológica grave causada por la elevación de los niveles normales de bilirrubina en la sangre, que puede llegar a ocasionar secuelas severas en el desarrollo del recién nacido si no es tratada adecuadamente. “Palo nació con la bilirrubina muy alta. Le diagnosticaron Kernícterus y desde su primer año hasta ahora estuvo con tratamientos, estimulaciones y controles médicos. En su momento nos dijeron que ella podía llegar a tener secuelas graves como no poder caminar, hablar, ver o hacer lo que hace cualquier bebé.  A mediados de noviembre debemos ir al médico para que, si Dios quiere, nos den el alta definitiva para Paloma”, relató con esperanza Yara.

El sol va cayendo y es momento de finalizar la entrevista. No sin que antes Paloma nos dijera que prefiere ser “una científica loca, antes que una doctora” y obligase a salvaguardar el dibujo que hizo especialmente para nosotros. Saludamos a la familia y nos retiramos con la certeza de que, a su escasa edad, Paloma ya es un ejemplo no sólo de superación y lucha, sino también de generosidad y motivación para muchos otros chicos y -¿por qué no?- adultos de su comunidad. Sin dudas, un arquetipo para imitar.

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