El proceso de reestructuración del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) abrió un foco de preocupación en la cadena apícola: referentes del sector advierten que los cambios podrían afectar la exportación de miel argentina, una actividad clave para economías regionales y mercados internacionales.
Según información difundida por actores de la industria, el Gobierno avanzó en la reducción de servicios técnicos dentro del INTI, incluyendo tareas vinculadas al control y certificación de insumos clave para la exportación, como los tambores donde se envasa la miel.
Hasta ahora, de acuerdo a fuentes del sector citadas en informes periodísticos, el INTI cumplía un rol central: auditaba procesos, realizaba ensayos físicos y químicos y certificaba la calidad de los envases, en coordinación con el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA). Ese esquema, vigente desde 2018, había permitido reducir rechazos en aduana, especialmente en mercados exigentes como la Unión Europea.
Con los cambios recientes, esas certificaciones habrían sido trasladadas al Organismo Argentino de Acreditación (OAA), una entidad privada. Desde la industria señalan que este cambio podría implicar mayores costos y dudas sobre la continuidad del nivel técnico de los controles.
Ese escenario también tiene impacto directo en experiencias locales como Miel Monte Austral, una empresa radicada en el Parque Industrial de Catriel que logró posicionarse como referente de la apicultura patagónica y es la única habilitada para exportar miel fraccionada desde la región.
Conducida por Óscar Ford y Patricia Coronado, la firma combina producción, fraccionamiento y valor agregado, con certificaciones como libre de gluten y sello Kosher, además de aplicar protocolos sanitarios internacionales. Su producción se destaca por las características propias de la flora patagónica, lo que le permite competir en mercados exigentes.
En ese contexto, cualquier cambio en los sistemas de control y certificación —como los que históricamente realizaba el INTI— no es abstracto: impacta de forma directa en empresas que dependen de esos estándares para exportar, tanto en costos como en acceso a mercados internacionales.
“Estamos haciendo un gran esfuerzo. La apicultura no es fácil, pero nos apasiona y venimos reinventándonos todo el tiempo”, señaló Ford en relación al desarrollo del emprendimiento, que recientemente lanzó una línea de sachets de 20 gramos, un formato innovador en la Patagonia.
Argentina es actualmente el cuarto exportador mundial de miel, con más de 78 mil toneladas exportadas en 2024, y concentra la mayor parte de sus ventas en Estados Unidos, Alemania y España. En particular, Alemania aplica controles estrictos sobre calidad y residuos, lo que vuelve clave cualquier sistema de certificación.
En ese escenario, desde el sector apícola advierten que una eventual pérdida de estándares podría generar rechazos en destino o nuevas trabas comerciales. “Se había logrado un estándar que nos permitió competir. Volver atrás en eso es jugar con fuego”, expresó un especialista consultado.
La actividad involucra a unos 22 mil productores en todo el país y tiene un impacto directo en economías regionales, especialmente en provincias donde la apicultura genera empleo y divisas.
Hasta el momento, no hubo un pronunciamiento oficial detallado sobre cómo se implementarán los nuevos mecanismos de control ni sobre eventuales medidas para garantizar la continuidad de los estándares.
Mientras tanto, el sector sigue de cerca la evolución de la medida. La preocupación es concreta: cualquier alteración en los controles puede afectar la capacidad exportadora de una de las producciones más competitivas del país y con presencia directa en Catriel.