La superficie implantada con alfalfa en Río Negro alcanzó las 27.000 hectáreas, impulsada por condiciones agroclimáticas favorables y la incorporación de sistemas de riego presurizado y nivelación láser en distintas zonas de los valles irrigados. El crecimiento posiciona a la provincia como uno de los principales territorios productores del país, con participación cercana al 20% de las exportaciones nacionales hacia destinos como Medio Oriente y China, en formatos de materia seca y megafardos con valores entre 350 y 440 dólares por tonelada.
El avance se apoya en la reconversión de tierras ganaderas de secano y en nuevas áreas bajo riego en el Valle Medio y el Valle Inferior, donde la disponibilidad de agua del río Negro permitió instalar pivotes centrales y mejorar la eficiencia hídrica. Según la Secretaría de Agricultura, la alfalfa se integra en esquemas de rotación con cultivos como maíz, cebolla, cebada, girasol y avena, contribuyendo a la recuperación de suelos y al abastecimiento de la ganadería provincial.
La cadena incorpora a más de 700 productores, con presencia de empresas como Agrónica SA (Nafosa) en Colonia Josefa, donde además del procesamiento de forraje se registran rendimientos de hasta 18.000 kilos de materia seca por hectárea con niveles proteicos de entre 20% y 22%. La expansión también exige infraestructura adicional: el Gobierno provincial proyecta el desarrollo hidráulico de Colonia Josefa, con una primera etapa de 17.000 hectáreas sobre un total de 37.000, y la electrificación de Negro Muerto y Guardia Mitre, que prevé cubrir 25.000 hectáreas.




En paralelo a los volúmenes destinados al comercio exterior, la actividad también se extiende a iniciativas de menor escala orientadas al consumo interno. En Peñas Blancas, la cooperativa local Quatrifinio Ltda implantó esta semana su primera hectárea de alfalfa, con el objetivo de producir pasturas para animales y diversificar ingresos. Aunque no vinculada al circuito exportador, la experiencia se suma a los proyectos que utilizan el cultivo para mejorar la disponibilidad de forraje y fortalecer sistemas productivos locales.
La combinación de infraestructura, tecnología y demanda externa sitúa a Río Negro en una etapa de crecimiento sostenido en el negocio forrajero. Dentro de ese proceso conviven emprendimientos de gran escala orientados al mercado internacional y experiencias pequeñas que buscan reforzar la producción local, configurando una matriz más diversa dentro de los sistemas agrícolas y ganaderos de la provincia.
