Del fuego en Roca a un narco con armas y millones: el otro mapa de la droga en la Patagonia

Mientras en Río Negro se quemaban más de 40 kilos de marihuana, en la región emergen operativos con kilos de cocaína, dinero, armas y redes organizadas. Un caso reciente en Neuquén refuerza un patrón que se repite.

La imagen fue clara: droga en llamas, custodia judicial y más de 230 causas cerradas en General Roca. Pero mientras ese operativo mostraba el volumen del cannabis incautado, otro fenómeno —menos visible, pero más complejo— sigue creciendo en la región.

En los últimos meses, distintos procedimientos en Río Negro habían empezado a marcar una tendencia: la cocaína aparece de manera sostenida, muchas veces acompañada de dinero en efectivo, armas de fuego y estructuras más organizadas. No siempre genera imágenes impactantes como una quema, pero deja rastros más profundos.

Un caso reciente en San Martín de los Andes, Neuquén, refuerza esa línea.

Allí, una investigación que comenzó por robos terminó desarticulando un punto de venta de droga con características mucho más complejas. El operativo permitió secuestrar casi 10 kilos de estupefacientes —cinco de cocaína y cinco de marihuana—, armas de guerra, dinero en efectivo, dispositivos electrónicos y elementos robados. Además, el principal sospechoso terminó entregándose tras quedar cercado por la investigación, y en el procedimiento también fue detenido un abogado con droga y un arma en su poder.

Pero más allá del impacto del operativo, lo que emerge es el patrón.

Según explicaron los investigadores, en ese lugar los objetos robados se intercambiaban por dosis, lo que evidencia una conexión directa entre el narcomenudeo y otros delitos, como robos, encubrimiento y circulación de bienes ilegales. La droga no aparece aislada, sino integrada en un circuito más amplio.

Ese mismo esquema —aunque en menor escala— ya había comenzado a aparecer en Río Negro.

En Roca, además de los 43 kilos de marihuana incinerados, una causa reciente permitió secuestrar más de 10 kilos de cocaína de alta pureza, junto a dinero, armas y acusaciones por lavado de activos. En otras localidades como Fernández Oro, Cervantes, Lamarque y Valcheta, los allanamientos también arrojaron cocaína fraccionada, listas para la venta, acompañada de efectivo.

La diferencia no es solo de cantidad, sino de lógica.

Mientras la marihuana permite construir escenas visibles —plantas, bolsas, fuego—, la cocaína suele aparecer en dosis pequeñas, dispersas y asociadas a dinero, tecnología y redes de distribución. Es menos espectacular, pero más difícil de detectar y, en muchos casos, más rentable.

El caso de Neuquén suma además un elemento clave: la tecnología. Entre los elementos secuestrados había celulares, computadoras y hasta dispositivos de cobro electrónico, lo que abre una línea sobre el uso de billeteras virtuales y circuitos digitales para la comercialización.

En paralelo, los investigadores destacan otro punto que se repite: muchas de estas causas comienzan por denuncias o delitos aparentemente menores —como robos— y terminan exponiendo estructuras más complejas.

El fuego en Roca cerró expedientes y dejó una imagen contundente. Pero los operativos recientes en la región muestran otra cara del fenómeno: una que no siempre se ve, pero que aparece vinculada a redes, dinero y violencia.

Y en ese contraste, empieza a dibujarse un mapa más amplio. Uno donde la droga no es solo sustancia, sino parte de un sistema que se adapta, se fragmenta y se expande.