Los informes técnicos difundidos por el Ministerio de Producción de La Pampa y desarrollados con el aporte del equipo de INTA 25 de Mayo vuelven a poner en primer plano el potencial productivo del área bajo riego del río Colorado. El trabajo destaca las condiciones excepcionales de 25 de Mayo para la producción de alfalfa, pero también abre una lectura regional inevitable: Catriel y Peñas Blancas están a pocos kilómetros y forman parte de un mismo corredor territorial, hídrico y productivo con enorme margen de crecimiento.
La zona bajo riego de 25 de Mayo se consolida como una de las regiones con mayor potencial para la producción de alfalfa en Argentina. La combinación de suelos con aptitud agrícola, el aprovechamiento del agua del río Colorado y la incorporación de tecnología permite alcanzar rendimientos que posicionan al área como un destino estratégico para inversiones agropecuarias.
Según los datos técnicos difundidos, ensayos realizados por el equipo de INTA 25 de Mayo estiman rendimientos de 13 toneladas de materia seca por hectárea al año en sistemas de riego presurizado. A eso se suma la posibilidad de realizar hasta seis cortes por temporada, combinando cortes más frecuentes en primavera y más espaciados durante verano y otoño.
Ese conocimiento técnico es clave porque permite dimensionar el valor real del territorio. No se trata solo de una buena campaña productiva ni de un dato aislado: hay suelos, hay agua, hay infraestructura, hay investigación aplicada y hay una experiencia acumulada que puede orientar nuevas decisiones de inversión, manejo y planificación.
En ese mapa, Catriel y Peñas Blancas aparecen como parte natural del corredor del Colorado. La cercanía con 25 de Mayo no es solo geográfica. También existen condiciones comunes: clima semiárido, dependencia del riego, disponibilidad del río como recurso estratégico, productores que buscan eficiencia y una necesidad cada vez más clara de diversificar la economía regional.
La alfalfa bajo riego no solo se destina a henificación o producción de rollos. También puede sostener sistemas ganaderos de alta productividad. Un ensayo de recría bovina en pasturas de alfalfa logró 14.144 kilos de materia seca por hectárea al año, con una eficiencia de cosecha promedio del 77%, llegando a picos del 92%. Ese manejo se tradujo en 1.870 kilos de carne producida por hectárea.
Estos resultados muestran que, con buen manejo del riego y del pastoreo, la producción forrajera puede transformarse en carne, empleo, servicios, logística y agregado de valor. Para Catriel y Peñas Blancas, esa lectura es especialmente importante: la región tiene identidad petrolera, pero también tiene territorio, agua y productores capaces de sostener una agenda agropecuaria más ambiciosa.
Detrás de los resultados de 25 de Mayo hay una infraestructura estratégica impulsada por el Ente Provincial del Río Colorado, responsable de administrar el Sistema de Aprovechamiento Múltiple. Ese sistema cuenta actualmente con 20.000 hectáreas bajo riego y cumple un rol central en la distribución eficiente del agua, el mantenimiento de canales y el avance hacia modelos de riego más modernos y sustentables.
En una zona árida, la lluvia cubre apenas una parte menor de las necesidades hídricas del cultivo. Por eso, la modernización del riego, la incorporación de tecnologías presurizadas y el monitoreo permanente del recurso hídrico son factores decisivos para producir más sin perder de vista la sustentabilidad.
El aporte de los equipos técnicos es central en este proceso. Los ensayos, mediciones y recomendaciones del INTA, junto con las políticas públicas productivas y la infraestructura hídrica existente, permiten transformar una ventaja natural en una oportunidad económica concreta.
La discusión de fondo excede a una localidad. El potencial de 25 de Mayo confirma que el río Colorado puede ser mucho más que un límite entre provincias: puede funcionar como columna vertebral de un corredor productivo integrado, con Catriel, Peñas Blancas y las zonas rurales cercanas como actores estratégicos.
Para Catriel, mirar esta experiencia no significa copiar un modelo de manera automática, sino reconocer una oportunidad. La producción de alfalfa bajo riego puede fortalecer sistemas ganaderos, generar valor en origen, diversificar la matriz económica y abrir una conversación regional sobre infraestructura, tecnología, agua y desarrollo.
El desafío ahora es que ese potencial se piense en escala de corredor. Porque cuando la información técnica muestra que a pocos kilómetros hay rendimientos altos, sistemas eficientes y experiencias comprobadas, la pregunta para Catriel y Peñas Blancas surge sola: qué falta para convertir esas condiciones compartidas en una estrategia productiva regional.

