Los incendios forestales volvieron a marcar el inicio de 2026 en la Patagonia argentina. Desde mediados de diciembre y durante las primeras semanas de enero, múltiples focos avanzaron sobre la región de Bosques Andino Patagónicos, afectando ecosistemas de alto valor ambiental, áreas productivas y comunidades locales. La magnitud del daño y la persistencia del riesgo mantienen a la región en estado de emergencia.
Según datos oficiales preliminares y relevamientos de organizaciones ambientales, más de 25.000 hectáreas ya fueron arrasadas por el fuego en distintas provincias patagónicas. Los incendios afectaron bosques nativos, plantaciones forestales, pastizales, viviendas y áreas protegidas, incluidos varios Parques Nacionales.
El inicio de los focos y la rápida expansión
Los primeros incendios comenzaron a registrarse en diciembre, con un incremento sostenido de focos durante los primeros días de enero. En la provincia de Chubut se concentraron algunos de los incendios más complejos. En Puerto Patriada, El Hoyo y Epuyén, el fuego avanzó sobre una extensa superficie, favorecido por la sequía, las altas temperaturas y los vientos persistentes. En ese sector, el incendio afectó cerca de 11.970 hectáreas y provocó daños en viviendas.
En paralelo, se registraron otros focos en El Turbio, iniciado en diciembre por la caída de un rayo y que alcanzó unas 3.000 hectáreas; en zonas cercanas a Cholila y Villa Lago Rivadavia; y en el cerro Pirque, en Epuyén. El fuego también alcanzó al Parque Nacional Los Alerces, en la zona del lago Menéndez, donde se estima una superficie afectada cercana a las 10.000 hectáreas, con impacto sobre áreas de alto valor ambiental.
En otras provincias patagónicas se reportaron incendios en Santa Cruz, dentro del Parque Nacional Los Glaciares; en Río Negro, en zonas de Bariloche, El Bolsón y Ñorquinco; y en Neuquén, dentro del Parque Nacional Lanín. En varios de estos casos, los focos fueron controlados o extinguidos con el correr de los días.
Momentos críticos y avances en la contención
La situación más compleja se dio durante la primera quincena de enero, cuando varios focos crecieron de manera simultánea. En Chubut, el incendio de Puerto Patriada, El Hoyo y Epuyén alcanzó un punto crítico antes de comenzar a mostrar avances en su contención. Al 14 de enero, ese foco se encontraba contenido en un 85%, mientras que el incendio de El Turbio alcanzaba un nivel de contención cercano al 90%. Sin embargo, las tareas continuaron debido al riesgo de reactivación, especialmente en sectores con alta carga de material combustible.
Las condiciones meteorológicas tuvieron un rol cambiante: algunas precipitaciones permitieron frenar el avance del fuego en determinados momentos, pero la combinación de viento, baja humedad y altas temperaturas mantuvo un escenario de alerta permanente.
Un operativo sostenido y articulado
El combate de los incendios se sostuvo gracias a un trabajo coordinado entre brigadistas forestales, bomberos voluntarios, personal técnico y logístico, y organismos oficiales vinculados al manejo del fuego, la protección civil y la administración de áreas protegidas. A este esquema se sumó la colaboración interprovincial, con brigadas y recursos provenientes de distintos puntos del país, y el aporte constante de voluntarios y comunidades locales, que acompañaron las tareas operativas y de contención social.
Este entramado colectivo permitió sostener operativos prolongados en contextos de alta exigencia, con despliegues simultáneos en varios frentes de fuego.
Estado actual de la emergencia
Al cierre de esta actualización, los principales focos en Chubut se encuentran contenidos de manera parcial, con trabajos de enfriamiento, vigilancia y control de puntos calientes para evitar rebrotes. En el Parque Nacional Los Alerces, el incendio continúa activo y bajo monitoreo permanente.
La superficie total afectada en la región de Bosques Andino Patagónicos supera las 25.000 hectáreas, y el riesgo climático persiste debido a la sequedad del ambiente y la posibilidad de nuevos episodios de viento.
Manejo del fuego y un contexto de desfinanciamiento
La emergencia vuelve a poner en discusión la situación del Sistema Nacional de Manejo del Fuego, creado por ley para coordinar acciones de prevención y combate entre Nación, provincias y Parques Nacionales.
Durante 2024, se ejecutó apenas el 22% del presupuesto asignado al sistema, y en 2025 quedó sin ejecutar el 25% de los recursos disponibles, lo que representó cerca de 20.000 millones de pesos que podrían haberse destinado a infraestructura, equipamiento, capacitación y mejoras en las condiciones laborales de brigadistas.
Para 2026, el presupuesto proyectado implica una caída real significativa respecto de años anteriores, junto con una reducción en horas de vuelo y en informes de alerta temprana, herramientas clave para un enfoque preventivo. Organizaciones ambientales advierten que esta situación limita la capacidad de anticipación y respuesta frente a incendios de gran magnitud.
Acompañar el esfuerzo y a las comunidades
Mientras continúan las tareas de combate, enfriamiento y monitoreo, el acompañamiento a quienes trabajan en primera línea y a las comunidades afectadas sigue siendo central. Además de la respuesta inmediata, los desafíos incluyen reforzar la prevención y avanzar, una vez controlados los incendios, en la restauración de las áreas dañadas.


