Le pusieron “Falopa” a la perra de la comisaría y volvieron virales

Llegó junto a un detenido en una causa por narcotráfico y, cuando se lo llevaron, ella se quedó. Hoy vive en una dependencia policial, donde la alimentan y la cuidan. Su nombre y su historia la volvieron viral.

La escena rompe con cualquier lógica previa. En la puerta de una comisaría, entre patrulleros y uniformes, una perrita se mueve con naturalidad, como si siempre hubiera sido parte del lugar. Saluda a quien entra, se recuesta en la vereda y observa el movimiento diario. Todos la conocen: se llama “Falopa”.

La historia comenzó meses atrás en Gualeguaychú, cuando la perrita apareció acompañando a un hombre que fue detenido en el marco de una causa por narcotráfico, según informaron medios locales. Durante los días que el detenido permaneció en la dependencia, el animal no se separó de él. Pero cuando fue trasladado a la Unidad Penitenciaria Nº 9, pasó algo inesperado: la perrita no lo siguió.

Se quedó.

Desde entonces, Falopa empezó a formar parte del paisaje cotidiano de la Jefatura Departamental. Los efectivos comenzaron a alimentarla, le armaron un espacio para descansar y, con el paso del tiempo, su presencia dejó de ser circunstancial. Hoy es parte del lugar.

El dato que primero llama la atención es el nombre. Pero lo que sostiene la historia es el contraste: llegó vinculada a un procedimiento policial y terminó siendo cuidada por quienes estaban del otro lado de esa escena.

La historia empezó a circular cuando vecinos compartieron fotos y videos en redes sociales. En pocas horas, el caso se volvió viral. Hubo risas por el nombre, pero también mensajes de afecto y sorpresa por la situación.

“Siempre está en la puerta, como esperando”, relataron en publicaciones que acompañaron las imágenes. Sin uniforme ni jerarquía, Falopa encontró su lugar en un espacio donde nadie la esperaba.

Mientras el proceso judicial de su antiguo dueño sigue su curso —de acuerdo a información pública—, la perrita sigue ahí. En la entrada de la comisaría, ajena a expedientes y causas, moviendo la cola cada vez que alguien llega.