Nombrar con respeto: cómo hablar de la discapacidad sin perder de vista a la persona

La forma en que nos referimos a las personas con discapacidad incide en la forma en que las comprendemos. Especialistas y organizaciones recomiendan un lenguaje claro, preciso y respetuoso que reconozca primero a la persona y no reduzca su identidad a una condición.

Nombrar de forma adecuada no es un detalle menor, especialmente cuando se trata de personas con discapacidad. El lenguaje que utilizamos no solo refleja nuestra mirada sobre el mundo, sino que también puede consolidar prejuicios o, por el contrario, contribuir a una sociedad más inclusiva. Desde organismos como la Defensa Pública o asociaciones especializadas, se insiste en la importancia de anteponer siempre a la persona por sobre su condición.

Expresiones como “un discapacitado”, “un ciego” o “un chico Down” siguen apareciendo con frecuencia en medios de comunicación, redes sociales y conversaciones cotidianas. Pero su uso, advierten especialistas, refuerza estereotipos al reducir la identidad de una persona únicamente a su discapacidad, incluso cuando esta no es relevante en el contexto.

La forma correcta, sostienen, es referirse como “persona con discapacidad”. Esta denominación parte del modelo social de la discapacidad, adoptado por la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, que pone el foco en las barreras del entorno y no en una supuesta deficiencia individual. Fue, además, consensuada con personas que tienen discapacidad, lo que le otorga legitimidad y representatividad.



En cambio, frases como “persona con capacidades diferentes” son consideradas eufemismos que, lejos de aportar claridad, diluyen el enfoque de derechos. “Todos tenemos capacidades distintas, pero no todos enfrentamos barreras sistemáticas para participar en igualdad de condiciones”, señalan desde la Asociación de Síndrome de Down de la República Argentina (Asdra). En su sitio oficial, remarcan: “La forma en que nos expresamos define y difunde maneras de ver el mundo y de entender a las personas. Esto tiene consecuencias en el respeto de los derechos”.

La Defensa Pública, que suele intervenir en casos donde las condiciones de discapacidad requieren de un abordaje integral, trabaja en red con familias, profesionales de la salud, servicios locales y organismos estatales. “El enfoque parte del respeto a la autonomía, la escucha activa y el acompañamiento en cada realidad concreta”, explican desde la institución.

Así, el lenguaje inclusivo no se trata solo de una corrección formal, sino de una herramienta para visibilizar, reconocer y respetar la diversidad. Porque, como sostienen desde distintos espacios, cada persona es mucho más que cualquier característica particular. Y nombrar bien es el primer paso para mirar mejor.