Sentido de permanencia: Algo más que solo nacer y permanecer en una misma tierra

Un espacio que promete sumergirse en las historias de Catriel, desde la mirada de Alejandra Valdez.

*Por Alejandra Valdez, Lic. en Servicio Social de la UNComa (Universidad Nacional del Comahue)

Recorriendo las calles de mi pueblo, a pesar de haberlas recorrido tantas veces, mi observación es cada vez más minuciosa, curiosa y atenta. Muchas veces intento encontrar rastros de otros días; otras tantas, me pregunto: ¿cómo habrá sido todo en otros tiempos? ¿Cómo eran habitados esos espacios? ¿Cómo transcurría la vida en cada momento de la historia?

Mi trabajo me posibilitó conocer muchas historias de la gente de mi pueblo, la historia viva, la que nadie recopila y sistematiza en registros para que puedan conocerse a través del tiempo. Es una tarea que implica un desafío importante; sin embargo, pienso que habrá que encararlo en algún momento, ya que parte de nuestra historia se va cada día con cada persona que parte hacia otro plano.

Quisiera expresar mi reflexión en torno a discusiones que puedo leer o escuchar, acerca de quiénes son los que deberían dar cuenta de la historia de nuestra tierra. Mucho se discute frecuentemente sobre este tema, que si son los nacidos y criados, que si también corresponde tal o cual cuestión a quienes llegaron después del descubrimiento del petróleo; mucho más se pone en tela de juicio si pueden hacerlo quienes habitan la tierra década tras década. Construí mi opinión al respecto, y considero que cualquier persona que sienta esta tierra como propia, que haya decidido construir su proyecto de vida aquí, independientemente de nacer aquí o tener una determinada edad, tiene derecho a contar y decir cuál es su aporte a la historia. Son el conjunto de historias mínimas las que posibilitan la vida en comunidad, todos los pequeños aportes cotidianos los que, tejiendo vínculos, edifican la historia posible. Esa conexión, la valoración del ser, la necesidad de participar, esa identidad común nos hace pertenecientes a este suelo; todo ello es lo único que basta para ser considerado/a digno/a de contar nuestra trama en este tejido social.

Sin duda alguna, nuestra pertenencia puede estar ligada a cada lugar en el mundo que nos albergó de una u otra forma; sin embargo, en algún momento, aun sin que seamos obligados/as a permanecer en un lugar, decidimos quedarnos allí, sintiendo que es nuestro lugar en el mundo.

Es ahí donde nace nuestra pertenencia como sentimiento, nos empuja con su fuerza a querer ser parte, a construir en consecuencia, a abrazarnos con los que albergan el mismo amor por el mismo pedacito de suelo. Por todo esto, es que siento que no es lícito negar a nadie el derecho de decirse y querer inscribirse en la historia común de nuestra tierra. La trama posible la hacemos todos y todas. La gran tarea es comenzar con la recopilación de registros de vida… ¿Será que al menos poder plantearlo es un inicio? Tengo la esperanza de que sí, puede serlo.

“…Un día Antonio decide que él también va a buscar un lugar donde ser feliz. Se despide de sus padres y hermanos y luego va a ver al abuelo… El abuelo le dice: -No lo olvides, haz caso al corazón, él te dirá cuál es tu lugar… Luego de emprender un gran viaje y de recorrer el mundo, desde lo alto de la colina Antonio vio un pequeño pueblo. Caminó despacio, saboreando cada paso. Al entrar en el pueblo se dirigió directamente hacia la plaza. Allí, bajo la gran olma, estaba su abuelo. Esperándole. -Sabía que llegarías, tarde o temprano, llegarías. Antonio asintió mientras le abrazaba. Por fin había encontrado su lugar, un lugar donde ser feliz” Un lugar donde ser feliz – Pep Bruno.