El mensaje es breve, pero el impacto fue inmediato. “Trabajo 16 horas y no me alcanza”. La frase, escrita por un enfermero de Río Negro, empezó a circular en las últimas horas y rápidamente dejó de ser un reclamo individual para poner en foco una realidad más amplia dentro del sistema de salud.
Según expresó, tras una jornada de 16 horas —8 regulares y 8 extras—, su salario no alcanzaría a cubrir la canasta básica, una situación que, asegura, lo obliga a sostener una carga horaria elevada para poder llegar a fin de mes. Con más de 18 años de experiencia en hospitales, su testimonio expone no solo una cuestión salarial, sino también el desgaste acumulado en el tiempo.
Pero el planteo no quedó aislado. Desde el mismo ámbito hospitalario comenzaron a aparecer otras voces que apuntan a cómo se organiza ese esfuerzo.
Mónica Díaz, mucama del Hospital Francisco López Lima, en el área de Terapia Intensiva de Adultos, sostuvo que existirían desigualdades en la asignación de guardias, lo que impacta directamente en las condiciones laborales del personal. “Lluvias de excesos de guardias para un grupo… y a los demás que los parta un rayo”, expresó, en un mensaje donde también remarcó la falta de reconocimiento a trabajadores que cubren múltiples áreas, muchos de ellos con años de servicio.
En paralelo, el gremio ASSPUR difundió un comunicado en el que amplía el alcance del conflicto. Según indicaron, desde distintos niveles del sistema de salud provincial se estaría dando una asignación discrecional de horas extras y guardias, lo que —de acuerdo a su planteo— podría generar situaciones de desigualdad entre trabajadores.
En ese documento, la organización también menciona posibles prácticas vinculadas a “clientelismo político”, y denuncia una presunta persecución hacia sectores sindicales no alineados. Además, exigieron criterios transparentes, equitativos y auditables en la distribución de las horas de trabajo.
Hasta el momento, no hubo respuestas oficiales específicas sobre estos planteos. Sin embargo, la coincidencia entre testimonios individuales y reclamos gremiales empieza a delinear un escenario que va más allá de casos puntuales.
Por un lado, trabajadores que advierten que sus ingresos no alcanzan sin sobrecarga horaria. Por otro, cuestionamientos sobre cómo se distribuyen esas mismas horas dentro del sistema. En el medio, hospitales que siguen funcionando mientras crece el malestar puertas adentro.
La frase que abrió el reclamo sigue circulando. Y con ella, una pregunta que empieza a repetirse entre quienes sostienen el sistema todos los días: cuánto más puede sostenerse así.