Guillermo Pereyra, histórico dirigente gremial y referente del Sindicato de Petroleros Privados de Neuquén, Río Negro y La Pampa, falleció a los 80 años tras sufrir un accidente cerebrovascular (ACV). Su vida y carrera dejan una huella profunda en la historia sindical y política de la región.
Nacido en Mendoza, Pereyra se trasladó a Neuquén a los 33 años para trabajar en la industria petrolera. En 1970, fue elegido delegado sindical y, en 1983, asumió como secretario general del sindicato, cargo que mantuvo durante 38 años. Su liderazgo fue fundamental para establecer al sindicato como una fuerza influyente en la región, particularmente en la explotación de Vaca Muerta, uno de los yacimientos no convencionales de gas y petróleo más importantes del mundo.
Pereyra también tuvo una destacada carrera política bajo el Movimiento Popular Neuquino (MPN). Fue diputado provincial entre 1995 y 1999 y, en 2013, fue elegido senador nacional, cargo que ocupó hasta 2019. Como senador, presidió la Comisión de Minería, Energía y Combustibles, desde donde influyó en la política energética nacional. Además, formó parte del directorio de YPF tras su expropiación en 2012, consolidando su papel en el sector energético.
La trayectoria de Pereyra fue tan extensa como pragmática y explosiva. Fue adversario de casi todos y también aliado de los mismos. A lo largo de su carrera, Pereyra enfrentó y apoyó a diversas figuras políticas, mostrando un pragmatismo característico. Apoyó a líderes como Felipe Sapag, Jorge Sobisch, Jorge Sapag y Omar Gutiérrez, pero también se opuso a ellos cuando lo consideró necesario. Su capacidad para «surfear» entre alianzas y oposiciones le permitió mantener siempre una posición de poder y relevancia.
Trabajó para la campaña de Sergio Massa, antes había acompañado al gobierno de Mauricio Macri y firmado la polémica «adenda» del convenio colectivo de trabajo para potenciar el desarrollo de Vaca Muerta. Del inicio de la actividad en la formación no convencional de gas y petróleo también había sido opositor.
Pereyra fue un defensor apasionado de los derechos de los trabajadores y no dudó en utilizar métodos contundentes para defender sus posiciones. Su liderazgo en el sindicato no estuvo exento de controversias. En 2015, una disputa interna culminó en un violento incidente en el yacimiento Desfiladero Bayo, reflejando las tensiones dentro del gremio: dos operarios discutían de política gremial cuando una sacó un arma y le disparó al otro.
Estas tensiones duraron hasta el 2016, año en que Pereyra planeaba un recambio en la dirigencia del sindicato. Sin embargo, la falta de acuerdo entre sus dos hombres de confianza: Marcelo Rucci, entonces intendente de Rincón de los Sauces, y Ricardo Astrada, secretario adjunto del sindicato, lo llevó a presentarse para un nuevo período.
En 2017, reveló que sufría de cáncer hepático, pero continuó con su labor sindical y legislativa, mostrando una notable determinación y resistencia.
En 2021, Pereyra decidió apartarse de la conducción del sindicato, cediendo el liderazgo a Marcelo Rucci, quien fue elegido con el 86% de los votos. Esta transición marcó el fin de una era de 38 años de su liderazgo, dejando un legado de firmeza y compromiso con los trabajadores petroleros.
Pereyra fue también un empresario con intereses en múltiples firmas relacionadas con la industria hidrocarburífera. Investigaciones periodísticas revelaron la creación de empresas por parte de sus familiares, algunas de las cuales recibieron contratos millonarios de YPF. Sin embargo, Pereyra fue sobreseído en las actuaciones penales derivadas de estas investigaciones.
El diario Río Negro publicó la investigación “El jeque petrolero” de los periodistas Ítalo Pisani y Javier Lojo, que reveló la existencia de múltiples empresas creadas por los familiares de Pereyra orientadas a nichos del negocio hidrocarburífero y del propio gremio, así como los vínculos del sindicalista con empresarios clave del sector hidrocarburífero, como Claudio Urcera.
Asimismo dio a conocer el millonario negocio de las mantas oleofílicas, por el cual YPF pagó a una firma apadrinada por el gremialista más de 2.000 millones de pesos por un sistema que la misma petrolera consideró ineficiente y contaminante. Entre las firmas bajo investigación se encuentran varias creadas por el empresario cipoleño Claudio Urcera, en cuyos directorios aparecen familiares de Pereyra, como es el caso de la compañía VDN S.A, dedicada al transporte de crudo y combustibles. Concretamente figuraron como accionistas la hija de Pereyra, Paola, y su ex esposa Norma Martínez.
Otro punto innegable fue el incremento patrimonial que registró Pereyra, conforme surge de sus declaraciones juradas presentadas ante el fisco, pasó de declarar $1.763.270,00 como ganancias en el año 2012 (año en el que ingresa a YPF), a $5.589.038,92 en el año 2016
Como senador, Pereyra fue un voto clave para la legalización del derecho al aborto en Argentina, demostrando su capacidad para influir en cuestiones trascendentales más allá del ámbito sindical. Apoyó diversas campañas políticas y firmó acuerdos que cambiaron la forma de trabajar en la industria, como la adenda del convenio colectivo de trabajo para Vaca Muerta.
Pereyra falleció ayer en Neuquén, a pocos días de cumplir 81 años, dejando un legado indeleble en la política y el sindicalismo de la Patagonia. Con aciertos, errores y controversias. Su vida reflejó la historia de Neuquén como una tierra de oportunidades para los que llegaron buscando un futuro mejor y encontraron en la actividad petrolera una plataforma para crecer y liderar.
En su libro «Coraje, historia del Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa», Pereyra se autodescribió como un trabajador con una educación secundaria nocturna hecha de adulto. Resumió su filosofía de vida en la lucha por los derechos de los trabajadores y la búsqueda de causas justas.
En ese texto, que Pereyra quiso dejar como legado, dijo que la huella humana «verdaderamente perdurable» es la de «abrazar una causa justa como verdadera razón de vida». «Luchar arduamente por los derechos de los que con su esfuerzo diario, no solo mantienen a su familia, sino que contribuyen activa y silenciosamente al crecimiento de su entorno cercano, al de su lugar de residencia y al de su país; es decir, luchar por los sagrados e innegables derechos de los trabajadores».