Cada 2 de abril pone en primer plano historias que forman parte de la memoria colectiva. En Catriel, una entrevista realizada en 2014 a un excombatiente de Malvinas volvió a circular y recupera sentido en el presente.
Se trata del testimonio de Luis Alberto Molina, quien participó como soldado conscripto en la Armada Argentina, destinado al Batallón de Infantería de Marina N°1. Su relato, registrado hace más de una década, permite reconstruir una experiencia personal atravesada por el conflicto y sus consecuencias.
Molina había nacido en Plaza Huincul en 1962, pero desarrolló su vida en Catriel. Allí trabajó durante años en la actividad petrolera, formó su familia —fue padre de cinco hijos y abuelo de cuatro nietos— y mantuvo un vínculo activo con la causa Malvinas.
En la entrevista, su testimonio aparece en un tono directo y sin dramatizaciones. Habla de su paso por las islas, del regreso y de lo que implicó retomar la vida cotidiana. Su relato se inscribe en la experiencia de muchos jóvenes que participaron del conflicto en 1982.
La Guerra de Malvinas comenzó el 2 de abril de 1982, en un contexto de crisis política, económica y social en el país. Más de 10 mil soldados argentinos fueron enviados al frente. El conflicto se extendió hasta el 14 de junio y dejó un saldo de 649 argentinos fallecidos.
Tras la guerra, muchos excombatientes atravesaron un período marcado por el silencio social y la falta de acompañamiento. Ese proceso, conocido como desmalvinización, dejó consecuencias que se extendieron durante años.
Molina regresó, reconstruyó su vida en Catriel y sostuvo el compromiso con la memoria desde su lugar. Su historia forma parte de una trama más amplia que la comunidad sigue reconociendo en cada aniversario.
Falleció el 23 de julio de 2019, y sus restos descansan en el Mausoleo Héroes de Malvinas del cementerio local.
Hoy, su testimonio vuelve a compartirse. No como un hecho aislado, sino como parte de una memoria que sigue vigente en la ciudad.