Las llamadas no siempre empiezan en la calle. Y ese es el problema que buscan atacar. En Río Negro, un proyecto de ley propone prohibir el uso de celulares, tablets y acceso a internet dentro de las cárceles, con el objetivo de evitar que —según se advierte— se sigan organizando delitos desde el interior de los penales.
La iniciativa ya ingresó a la Legislatura y plantea eliminar de forma expresa la tenencia de estos dispositivos por parte de personas privadas de la libertad. En su lugar, propone un sistema de comunicación más controlado.
Según el autor del proyecto, el legislador César Domínguez, la idea es que el Estado recupere el control sobre las comunicaciones. De acuerdo a lo que señala en los fundamentos, los teléfonos pueden ser utilizados para cometer estafas, amenazas o extorsiones, entre otros delitos.
En ese sentido, desde el proyecto se sostiene que las medidas que se flexibilizaron durante la pandemia —cuando se permitió el uso de celulares en algunos casos— hoy ya no tendrían justificación.
Pero el cambio no es solo prohibir. También plantea una nueva forma de comunicación.
Si avanza la ley, los internos solo podrían comunicarse a través de teléfonos fijos, en horarios determinados, con llamadas de hasta cinco minutos y bajo supervisión. Además, cada comunicación debería informar al receptor que proviene de una cárcel e identificar a la persona que llama.
Incluso, según el texto del proyecto, se prevé habilitar un número gratuito para hacer denuncias en caso de que la llamada genere sospechas o esté vinculada a algún intento de delito.
Para que esto funcione, la propuesta también establece que el Ministerio de Seguridad y Justicia debería implementar bloqueadores de señal dentro de los establecimientos penitenciarios.
Desde el planteo oficial, la medida no se presenta como una restricción de derechos, sino como una herramienta de prevención. De todos modos, el proyecto recién comienza su recorrido legislativo y podría generar debate.
Por ahora, la discusión está abierta. Pero deja una pregunta que no es menor: si desde una celda se puede seguir delinquiendo, qué tan controlado está hoy el sistema.