La imagen fue contundente: fuego, custodia y droga reducida a cenizas. En General Roca, la Justicia Federal ordenó la quema de 43 kilos de marihuana y 874 plantas de cannabis, en un operativo que condensó el resultado de más de 230 investigaciones vinculadas al narcotráfico.
El impacto visual fue inmediato. Volumen, despliegue y cierre judicial en una sola escena. Pero mientras ese número se muestra, otro crece lejos del fuego.
En los últimos meses, distintos procedimientos en Río Negro dejaron un dato difícil de ignorar: la cocaína aparece de manera sostenida en allanamientos, puntos de venta y causas complejas, muchas veces asociada a dinero en efectivo, armas y estructuras más organizadas.
Uno de los casos más relevantes ocurrió en Roca en julio de 2025, donde se secuestraron más de 10 kilos de cocaína de máxima pureza, evitando la circulación de unas 55.000 dosis. En esa misma ciudad, otra investigación avanzó sobre una red criminal con 13 allanamientos, 11 detenidos, cocaína, armas de fuego, más de 10 millones de pesos, 50 mil dólares y acusaciones por lavado de activos.
La secuencia se repite en otros puntos de la provincia.
En Cervantes, un allanamiento permitió incautar 397 dosis de cocaína listas para la venta. En Fernández Oro, la Policía encontró 68 envoltorios de cocaína y casi $5,6 millones en efectivo. En Lamarque, secuestraron más de 80 gramos de clorhidrato de cocaína, además de plantas de cannabis. En Valcheta, tras semanas de investigación, detectaron cocaína lista para comercializar y más de un millón de pesos.
Incluso en otros escenarios, la sustancia aparece. En Cipolletti, durante una fiesta electrónica, se incautaron pequeñas cantidades de cocaína, anfetaminas, metanfetamina y ketamina, lo que expone un circuito menos visible, pero más diversificado.
La diferencia no es solo de cantidad, sino de forma. La marihuana, por volumen, permite construir escenas contundentes: plantas, bolsas, fuego. La cocaína, en cambio, suele aparecer fraccionada, en dosis más pequeñas, vinculada a dinero, armas y logística. No siempre genera imágenes impactantes, pero en varios casos recientes aparece ligada a estructuras más peligrosas, complejas y rentables.
En este punto, distintas voces vienen señalando la necesidad de diferenciar fenómenos. Mientras las causas por narcotráfico incluyen circuitos ilegales y organizaciones delictivas, el cannabis también forma parte de otro debate: su uso medicinal, la producción regulada y su potencial como actividad económica en crecimiento.
En paralelo, otro dato se repite en varios expedientes: muchas investigaciones se inician a partir de denuncias anónimas de vecinos. En Río Negro funciona la línea 0800-DROGAS (3334124), que permite aportar información de manera reservada y que, en distintos casos, terminó siendo el punto de partida de allanamientos y causas judiciales.
El fuego cerró expedientes. Pero no explicó el fenómeno.
Porque mientras una parte del problema se vuelve visible en una quema, otra se mueve en circuitos más complejos y menos expuestos. Y, al mismo tiempo, crece un debate que atraviesa a toda la sociedad: cómo distinguir entre el narcotráfico y los usos del cannabis que hoy forman parte de discusiones sanitarias, productivas y legales.
