El gobierno nacional dispuso la cancelación de todos los contratos de mantenimiento y obra pública en rutas nacionales, dejando sin servicios esenciales a las principales trazas del país. La medida, instruida por el titular de Vialidad Nacional, Marcelo Campoy, fue comunicada a todas las gerencias del organismo mediante una nota en la que se argumenta la «situación económica financiera actual» como motivo para la finalización de los acuerdos vigentes.
La directiva ordena la rescisión de todos los contratos, sin importar su modalidad, incluyendo no solo la construcción y reparación de rutas, sino también el mantenimiento de iluminación en cruces, el desmalezamiento de banquinas y la señalización. Esta decisión generó preocupación en diversas provincias, cuyos funcionarios advierten sobre el agravamiento del deterioro de las rutas y los riesgos para los usuarios.
Un funcionario santafesino alertó que la resolución implica «dejar abandonadas todas las rutas». En Santa Fe, clave para la exportación de la cosecha argentina, los accesos a los puertos están en condiciones críticas y el gobierno nacional no solo evita repararlos, sino que tampoco los transfiere a las provincias para que afronten las obras con recursos propios. Un ministro de otra provincia afectada advirtió que detrás de esta postura podría haber un interés en futuras concesiones privadas.
El Ejecutivo libertario, luego de más de un año sin inversiones en infraestructura vial, había anunciado un plan para concesionar las rutas a privados, pero las licitaciones no avanzan. Campoy, quien ya ocupó un cargo en Vialidad durante el menemismo cuando se privatizaron numerosas rutas, asumió el control del organismo a mediados del año pasado tras la salida de Raúl Bertola. Fuentes cercanas indicaron que Bertola renunció al ver que el gobierno no tenía un plan claro para Vialidad.
Mientras la infraestructura vial se deteriora, la Ruta Nacional 151 se convirtió en un símbolo del abandono. En las últimas semanas, múltiples siniestros fatales expusieron el peligro de transitar por esta vía en estado crítico.
El sábado pasado, un hombre murió en un vuelco en el kilómetro 260 de la ruta, cerca de Algarrobo del Águila, La Pampa. La víctima, cuya identidad aún no fue confirmada, viajaba sola en un Ford Fiesta cuando perdió el control y volcó.
Días antes, una joven de 19 años perdió la vida en otro siniestro en el kilómetro 291 de la misma ruta, también en La Pampa. El Toyota Etios en el que viajaba junto a su madre y otra mujer volcó tras despistarse, dejando a las acompañantes con heridas de diversa gravedad.
Estos hechos se suman a otros dos vuelcos fatales ocurridos en febrero. El primero, el día 16, se cobró la vida de un hombre de 69 años que viajaba con su esposa rumbo a San Rafael, Mendoza. El segundo, el 19 de febrero, ocurrió en jurisdicción de Dique Ballester, donde una enfermera de 40 años de Cinco Saltos murió tras volcar con su Chevrolet Prisma.
En Catriel, la Ruta 151 es considerada una trampa mortal. La calzada destruida, la falta de mantenimiento y la ausencia de señalización han convertido cada viaje en una apuesta contra el destino. Durante 2024, la intendencia de Catriel debió destinar recursos municipales para realizar bacheos en un tramo de la ruta ante la inacción de Vialidad Nacional. Sin embargo, la magnitud del deterioro exige una repavimentación completa, un reclamo histórico de la comunidad que sigue sin respuestas.
A pesar de las constantes tragedias, las autoridades nacionales parecen priorizar otros intereses antes que la seguridad vial. Mientras la política provincial parece usar la ruta como moneda de cambio en negociaciones por Vaca Muerta, los habitantes de la región continúan arriesgando su vida en una traza cada vez más peligrosa.
