La falta de agua y la baja presión en distintos barrios de Catriel volvió a instalarse con fuerza en la agenda pública. Mientras el Municipio intervino de manera directa en el barrio Preiss tras más de diez días sin suministro, las redes sociales se llenaron de reclamos de vecinos de otros sectores, especialmente de la zona de Cuatro Esquinas y el área céntrica, donde el servicio llega con escasa presión o directamente se interrumpe.
Las quejas se multiplicaron durante las últimas horas y reflejan un malestar que se repite cada verano. “¿Cuánto cuesta una nueva planta potabilizadora?” y “¿hasta cuándo vamos a seguir así?” fueron algunas de las preguntas que circularon, junto con cuestionamientos por la continuidad del cobro del servicio pese a las deficiencias. Otros vecinos apuntaron directamente a la falta de inversiones estructurales y al rol de la provincia en la prestación.
En ese contexto, la Municipalidad de Catriel llevó adelante tareas para restablecer el acceso al agua potable a familias de la calle Lima, en el barrio Preiss. La situación fue planteada en una reunión de Atención al Vecino encabezada por la intendenta Daniela Salzotto, donde los residentes expusieron que llevaban más de diez días sin suministro. A partir de ese reclamo, la Secretaría de Obras Públicas avanzó con medidas destinadas a normalizar el servicio en ese sector puntual.
Desde el Ejecutivo local indicaron que la intervención respondió a una situación crítica vinculada a una necesidad básica, y remarcaron que el Municipio actuó de manera directa ante la urgencia planteada por las familias. Sin embargo, la problemática excede ampliamente a ese barrio y volvió a dejar en evidencia una situación recurrente en la ciudad.
En paralelo a la intervención municipal, vecinos de Cuatro Esquinas, del centro y de otros barrios manifestaron que el agua llega con muy baja presión, lo que dificulta su uso cotidiano. Las quejas se concentraron especialmente en horarios pico y se replicaron en redes sociales con un tono cada vez más crítico hacia la prestación del servicio.
Días atrás, la empresa Aguas Rionegrinas S.A., responsable del servicio de agua potable en la ciudad, había informado la necesidad de cuidar el recurso debido a la elevada turbiedad del río Colorado, producto de las lluvias registradas en las últimas semanas. Según explicaron vecinos, cuando el río “viene como chocolate”, las limitaciones del sistema se hacen evidentes. No obstante, durante esta semana no se emitieron avisos específicos que anticiparan posibles cortes, interrupciones o baja presión del servicio.
La falta de comunicación preventiva fue uno de los puntos más cuestionados por los usuarios. “Hacés reclamos y no pasa nada”, expresaron algunos vecinos, que también señalaron que las boletas continúan llegando con normalidad pese a las falencias. El enojo acumulado volvió a poner sobre la mesa una discusión de fondo: la distancia entre lo que Catriel aporta a la provincia y la falta de obras estructurales que acompañen ese crecimiento.
El esquema actual deja en claro una división de responsabilidades. Mientras el servicio de agua potable depende de una empresa provincial, el Municipio interviene de manera puntual cuando se presentan situaciones críticas, pero no tiene control directo sobre la infraestructura ni sobre las decisiones de inversión. Esa tensión institucional se repite cada vez que el sistema entra en crisis.
La falta de una nueva planta potabilizadora, la necesidad de ampliar la capacidad de la existente y la ausencia de obras de fondo aparecen como reclamos históricos que resurgen con fuerza ante cada episodio de escasez. En redes sociales, varios vecinos plantearon que el problema ya no puede explicarse solo por la turbiedad del río o por situaciones excepcionales, sino por años de inversión insuficiente.
Mientras tanto, la respuesta sigue siendo fragmentada: intervenciones municipales de emergencia por un lado, advertencias generales de la empresa por otro, y una comunidad que vuelve a enfrentar restricciones en un servicio esencial. La pregunta que atraviesa el debate es hasta cuándo Catriel seguirá resolviendo la falta de agua con parches, sin una solución estructural que garantice previsibilidad y acceso pleno.
Lo que ocurre con el agua en la ciudad no es un hecho aislado ni nuevo. Es una problemática recurrente que combina infraestructura limitada, crecimiento urbano, condiciones ambientales y decisiones políticas postergadas. Y, como ocurre cada verano, la crisis vuelve a quedar expuesta cuando el servicio falla y la paciencia social se agota.




