Un pedido urgente de donación de sangre comenzó a circular en las últimas horas para asistir a Alicia Pereyra Muzy, en el marco de un tratamiento médico que requiere colaboración solidaria de la comunidad.
De acuerdo a la información difundida por familiares y allegados, se necesitan donadores voluntarios de sangre y/o plaquetas por aféresis, sin especificación de grupo sanguíneo, por lo que cualquier persona que reúna las condiciones puede acercarse a colaborar.
Las donaciones se realizan en el Banco de Sangre de la Clínica Dr. Roberto Raña, ubicado en Mendoza 846 de la ciudad de Neuquén, de lunes a viernes en el horario de 7:30 a 11:00.
Entre los requisitos generales informados por el centro médico se encuentran:
Tener entre 16 y 65 años (los menores de 18 deben asistir con tutor).
Pesar más de 50 kilos.
Sentirse saludable al momento de donar.
Presentarse con DNI o documentación con foto.
Además, se indicó que las personas deben desayunar antes de asistir, pudiendo consumir infusiones sin lácteos y alimentos livianos sin contenido graso.
Desde el entorno de Alicia remarcaron que compartir la información también es una forma de ayudar, ya que ampliar el alcance del pedido puede facilitar la llegada de nuevos donantes.
Para consultas y coordinación, las personas interesadas pueden comunicarse al:
2995 809432 (WhatsApp Banco de Sangre) 4483317 – Banco de Sangre Clínica Dr. Roberto Raña [email protected]
También continúan habilitados los contactos difundidos por familiares:
La inscripción para el curso “Micología aplicada: hongos comestibles y medicinales” entra en su etapa final, con últimos cupos disponibles y fecha límite cercana para quienes quieran sumarse a esta propuesta formativa impulsada por Tendencia 360 a través de Campus 360.
Según informó la organización, la cursada comenzará el 11 de mayo, tendrá una duración total de 12 horas y está orientada tanto a personas que buscan iniciarse como a quienes quieren profundizar conocimientos en un campo que viene creciendo a nivel global.
El curso aborda el estudio de los hongos desde distintas perspectivas, con contenidos organizados en tres ejes principales: salud y bienestar, eco-innovación y producción comercial, combinando aspectos teóricos con aplicaciones prácticas.
Uno de los puntos centrales de la propuesta es el nivel del equipo docente. Participarán especialistas de distintos ámbitos, entre ellos Eduardo Bazo Coronilla en biología y divulgación científica, Luciana Tamone desde el ámbito del CONICET, el cultivador Federico Calaroto en producción, el médico micólogo Renzo Acosta Sausa en aplicaciones en salud y Estefanía Di Iorio en nutrición y alimentación funcional.
Desde la organización indicaron que el interés por este tipo de capacitaciones crece a medida que los hongos ganan protagonismo en industrias vinculadas a alimentos saludables, medicina integrativa, biomateriales y desarrollo sustentable.
El valor promocional del curso es de $95.000 y la inscripción se realiza de manera online a través de la plataforma oficial.
Con el inicio de la cursada cada vez más cerca, la convocatoria transita sus últimos días, en un contexto de alta demanda por este tipo de formación especializada. Para más información, los interesados pueden consultar en campus360.com.ar.
La Comisión de Asuntos Sociales de la Legislatura de Río Negro aprobó el proyecto de ley que impulsa la creación de un Colegio único de Profesionales de la Psicología en toda la provincia. La iniciativa, presentada por la legisladora Maricel Cévoli (JSRN), avanzó en su tratamiento parlamentario y deberá continuar su recorrido legislativo para su eventual sanción.
Según se informó durante el debate en comisión, el objetivo de la propuesta es reorganizar el ejercicio profesional frente al crecimiento de la demanda en salud mental, estableciendo una estructura unificada que permita mejorar los mecanismos de control, representación y formación.
El proyecto fue elaborado en conjunto con los colegios profesionales existentes y plantea una organización territorial basada en cuatro distritos regionales: zona Andina, Alto Valle Este, Alto Valle Oeste y Valle Inferior. De acuerdo a lo expresado por la autora, esta estructura busca compatibilizar un esquema centralizado con representación local.
“Este proyecto tiene como base constituir un Colegio único, respetando la idiosincrasia de cada zona a través de distritos representativos”, señaló Cévoli durante el tratamiento, según consta en el ámbito legislativo.
Entre los puntos centrales, la iniciativa establece la participación vinculante del Colegio en los procesos de matriculación, en coordinación con el Ministerio de Salud, que actualmente cumple un rol clave en la fiscalización del ejercicio profesional. Según indicaron durante el debate, este mecanismo apunta a garantizar la idoneidad de los profesionales y la calidad de las prácticas.
La legisladora también sostuvo que la creación de un órgano único permitiría articular políticas públicas, acompañar al sistema sanitario y fortalecer aspectos formativos dentro de la disciplina. “Para poder pensar acciones conjuntas y fortalecer prácticas vinculadas a la salud mental, necesitamos consolidarnos en un órgano único con representación territorial”, expresó.
El proyecto cuenta además con la coautoría de la legisladora Daniela Agostino (CC-ARI), lo que refleja un respaldo transversal en su formulación inicial.
La propuesta se enmarca en un contexto de creciente demanda de atención psicológica en la provincia, lo que —según se desprende de los fundamentos— requiere una actualización de los marcos regulatorios para garantizar acceso equitativo y estándares homogéneos en todo el territorio.
Tras su aprobación en comisión, el proyecto deberá ser tratado en el recinto legislativo. De avanzar, implicaría un cambio estructural en la organización de la profesión en Río Negro, con impacto directo en los profesionales del sector y en el sistema de salud mental provincial.
Una propuesta distinta sacudió a la comunidad educativa de Catriel. Cientos de estudiantes participaron de una jornada de concientización sobre adicciones en la que el teatro fue el recurso elegido para hablar de temas sensibles que atraviesan a las juventudes.
La iniciativa fue impulsada por la Municipalidad de Catriel junto al Centro de Día Paihuen, y estuvo dirigida a alumnos de 1°, 2° y 3° año de escuelas secundarias locales.
El eje de la actividad fue la presentación de la obra “SELFY: Autorretrato de una adicción”, una puesta escénica que interpela sobre el consumo problemático, el impacto de las redes sociales y otras problemáticas actuales que afectan a adolescentes y jóvenes.
Participaron estudiantes de la ESRN N° 78, ESRN N° 21 y CET N° 37, quienes compartieron una jornada atravesada por la reflexión y el intercambio.
Desde la organización remarcaron que el objetivo fue abrir espacios de diálogo y prevención, en un contexto donde las adicciones ya no se limitan al consumo de sustancias, sino que también incluyen conductas vinculadas al uso excesivo de pantallas, redes sociales y dinámicas de dependencia emocional.
La utilización del teatro como herramienta busca llegar desde otro lugar: no desde el sermón, sino desde la identificación con historias y escenas cercanas a la realidad cotidiana de muchos jóvenes.
Desde el Municipio señalaron que continuarán promoviendo acciones de acompañamiento y prevención orientadas a las juventudes de la ciudad.
La micología aplicada, una disciplina que estudia el potencial de los hongos en distintas áreas productivas y sanitarias, tendrá una nueva instancia de formación en la región con una capacitación que reunirá a especialistas de trayectoria nacional e internacional.
Se trata del curso “Micología aplicada: hongos comestibles y medicinales”, impulsado por Tendencia 360 dentro de su plataforma educativa Campus 360. Según informó la organización, la cursada comenzará el 11 de mayo, tendrá una duración total de 12 horas y estará orientada tanto a personas interesadas en iniciarse como a quienes buscan profesionalizar conocimientos en un sector en crecimiento.
Uno de los principales ejes de la propuesta es el nivel del cuerpo docente convocado. Entre los profesionales anunciados se encuentra Eduardo Bazo Coronilla, especialista en biología y divulgación científica vinculada al universo fúngico.
También participará Luciana Tamone, integrante de CONICET, lo que aporta una mirada científica y académica desde uno de los principales organismos de investigación del país.
La capacitación sumará además al cultivador Federico Calaroto, enfocado en procesos productivos y modelos de cultivo comercial.
En el área de salud fue confirmada la presencia del médico micólogo Renzo Acosta Sausa, quien abordará aplicaciones vinculadas a los hongos medicinales y su uso complementario en bienestar y medicina integrativa.
El equipo se completa con Estefanía Di Iorio, que aportará contenidos relacionados con nutrición, alimentación funcional y el valor nutricional de distintas especies comestibles.
De acuerdo con la información difundida, el curso estará organizado en tres grandes áreas: salud y bienestar, eco-innovación y producción comercial, combinando contenidos técnicos con aplicaciones concretas.
El interés por este tipo de capacitaciones crece a nivel global a medida que los hongos ganan espacio en industrias vinculadas a alimentos saludables, suplementos, biomateriales y producción sustentable.
Desde la organización indicaron que la inscripción ya se encuentra abierta y que el valor promocional es de $95.000.
Para más información, los interesados pueden consultar en campus360.com.ar.
Lo que ocurrió en General Roca no fue un evento más. Fue una señal.
Durante años, el cannabis medicinal en Argentina y en la región estuvo atrapado entre el prejuicio, la burocracia y los proyectos aislados. Hoy, ese escenario cambió. El Encuentro Binacional entre Argentina y Brasil lo dejó en evidencia: el desarrollo ya no es marginal, es estructural.
Cuando organismos como INTA y Embrapa se sientan en la misma mesa junto a universidades, organizaciones sociales y actores productivos, lo que aparece no es una moda ni un experimento. Aparece un sistema en construcción. Y eso cambia todo, porque el eje deja de ser si el cannabis va a desarrollarse —eso ya está ocurriendo— y pasa a ser algo mucho más profundo: cómo se organiza ese desarrollo y quiénes participan de él.
Uno de los datos más contundentes que dejó el encuentro es que ese modelo ya existe. No es una hipótesis. Es una realidad en marcha. En la Patagonia se está consolidando una experiencia que integra toda la cadena de valor: desde el mejoramiento genético y la producción primaria, hasta la elaboración de resinas, la formulación de productos y el control desde el sistema de salud. La genética Cannawine, inscripta en el Registro Nacional de Cultivares, el desarrollo de extractos en el Alto Valle, las formulaciones magistrales en la cordillera y la validación sanitaria provincial forman parte de un mismo entramado.
Todo esto ocurre bajo el marco de las leyes 27.350 y 27.669, que no solo habilitan la investigación, sino que ordenan, legitiman y proyectan un sector completo, reconociendo el trabajo que durante años impulsaron cultivadores y organizaciones desde abajo. Hoy, con más de 50 variedades de cannabis registradas y más de una decena de cáñamo industrial, queda claro que el desarrollo dejó de ser informal para convertirse en política científica y productiva.
Ese recorrido marca un cambio de época. Pasamos de la prohibición al reconocimiento. De la persecución a la regulación. De la informalidad a la construcción de conocimiento público.
Pero ese avance abre una nueva discusión. Porque ahora que el cannabis está dentro del sistema, la pregunta ya no es si va a crecer, sino quién lo va a producir y bajo qué lógica.
Ahí es donde el cooperativismo deja de ser un actor secundario y pasa a ocupar un lugar estratégico. La propia naturaleza del cannabis medicinal —su vínculo con la salud, su impacto social, la necesidad de garantizar acceso— exige modelos que no estén definidos exclusivamente por la rentabilidad. Exige organización colectiva, articulación territorial y compromiso con la comunidad.
Eso no es teórico. Es exactamente lo que define al sistema cooperativo: organizar trabajo, producir y generar acceso de forma solidaria y autogestionada . Y es, también, lo que este sector necesita para desarrollarse de manera equilibrada.
En paralelo, el encuentro dejó en claro que el potencial productivo del cannabis no se agota en lo medicinal. El cáñamo industrial abre una dimensión completamente distinta y todavía poco discutida. Hablamos de alimentos, textiles, bioconstrucción, biomasa, cosmética. Hablamos de una planta capaz de integrarse a economías regionales y generar nuevas cadenas de valor.
Sin embargo, ese desarrollo todavía está incompleto. Hoy se permite avanzar sobre fibra y grano, pero falta regulación para etapas clave como el aprovechamiento de biomasa y flores no psicoactivas. A eso se suma un contexto institucional en transición, donde el organismo rector del sector ha otorgado licencias, pero aún no consolida completamente el marco operativo.
Es decir: el potencial está, pero la decisión todavía no es plena.
Quatrifinio Ltda cultivó cáñampo industrial por primera vez en la historia de Catriel.
Hay, además, un dato que no debería pasar desapercibido. El desarrollo del cannabis medicinal en Argentina tiene, en gran medida, rostro de mujer.
No es un detalle menor ni una coincidencia. Son ellas quienes han sido pioneras en la investigación, en la organización social y en la lucha por el reconocimiento del cannabis como herramienta de salud. Desde referentas como Roxana Aguirre —presidenta de Ciencia Sativa y una de las principales impulsoras de la articulación entre investigación pública, cultivo legal y acceso en sistemas de salud—, pasando por la propia intendenta de Roca, María Emilia Soria, que ya desde el Congreso acompañó la sanción de la Ley 27.350 y hoy promueve el desarrollo productivo del sector, hasta las profesionales del INTA y científicas que sostienen este proceso en todo el país, el liderazgo femenino aparece como una constante.
Pero ese protagonismo no se limita a lo institucional. También se construye en los territorios, en espacios colectivos donde el conocimiento circula y se organiza. En Catriel, por ejemplo, esa articulación tomó forma en el primer Festival de Cultura Cannábica, impulsado desde organizaciones locales, donde profesionales de la salud, la agronomía y la investigación acercaron a la comunidad información científica sobre cultivo, marco legal y uso terapéutico.
En ese cruce entre territorio, ciencia y organización aparece con claridad una figura como la de la bióloga Gabriela Calzolari, integrante de Ciencia Sativa, investigadora vinculada al INTA y al CONICET, y parte de una de las articulaciones público-privadas más relevantes del país en el desarrollo de cannabis medicinal. Su recorrido sintetiza algo más amplio: el paso del activismo a la construcción de conocimiento científico aplicado, con impacto directo en la producción, la regulación y el acceso.
Ese liderazgo explica, en gran medida, por qué este sector logró avanzar incluso en contextos adversos: porque siempre estuvo sostenido por una convicción que va más allá de lo productivo —el derecho a la salud y al acceso con calidad y trazabilidad garantizada.
Todo esto nos deja frente a una conclusión inevitable: el cannabis medicinal ya superó la etapa de debate cultural. Ya no se discute si es válido o no. Se discute cómo se produce, quién lo regula y quién accede.
Y esa discusión es profundamente política.
Porque implica decidir si este sector va a concentrarse o distribuirse. Si va a responder a intereses corporativos o a necesidades sanitarias. Si las comunidades van a participar o quedar afuera.
En ese contexto, hay algo que empieza a quedar claro: los territorios que no se involucren activamente en este proceso corren el riesgo de quedar afuera de una de las transformaciones productivas más relevantes de los próximos años.
La experiencia que ya se está desarrollando en la región demuestra que hay otro camino posible: uno basado en articulación, ciencia aplicada, producción local y organización colectiva. Un modelo que incluso puede replicarse en otros territorios, adaptándose a cada realidad e integrando al sistema de salud, a profesionales, a usuarios y a quienes ya tienen capacidad productiva.
El desafío no es menor. Pero tampoco lo es la oportunidad.
El verdadero debate ya no es si el cannabis va a crecer.
El verdadero debate es quién va a construir ese crecimiento y para qué.
Porque el futuro no es inmediato, pero empieza a construirse en decisiones como estas.
En el tablero de la política internacional contemporánea, donde la crisis climática, el colapso de la salud mental y la inseguridad alimentaria dictan la agenda, emerge un actor inesperado desde el subsuelo: el Reino Fungi.
Lo que alguna vez fue materia exclusiva de la biología es hoy un activo estratégico de bioprospección y soberanía, básicamente, es pedirle prestada a la naturaleza su tecnología biológica para resolver problemas humanos. Es encontrar en la naturaleza la solución al plástico, a la contaminación, a la salud humana y a la soberanía alimentaria.
La pregunta es inevitable: ¿Existe en el mundo de los hongos la solución a las problemáticas sistémicas de nuestra era?
Mientras la geopolítica tradicional se basa a menudo en la competencia de suma cero, es decir si gana uno el otro pierde, los hongos operan bajo un modelo de simbiogénesis. El micelio es la red que conecta, distribuye recursos y regenera ecosistemas.
Si bien el mundo siempre se presento como un mercado con disputas de recursos que escasean y generan conflictos y guerras, el universo fúngico emerge como disruptivo, como un diamante en bruto ignorado, accesible a todos y sin ganadores o perdedores.
Para las naciones modernas, el «Poder Fúngico» podría representar un universo de triple impacto: resiliencia biológica, autonomía productiva y estabilidad social con soluciones para la salud.
Hongos como el Reishi o la Melena de León ayudan al organismo a resistir el estrés, y se han convertido en el combustible de la Economía del Estrés, es decir que aquellos países impulsan el desarrollo de adaptogenos están impulsando la preservación de la salud de su fuerza laboral.
China es el gigante indiscutido. Controla más del 70% de la producción mundial. Para Pekín, los hongos son parte de su farmacopea oficial y una herramienta de soft power sanitario. Estados Unidos es el gran laboratorio mundial de la innovación biotecnológica. Lideran el mercado de suplementos de vanguardia y la investigación clínica en nootrópicos para el rendimiento cognitivo.
Finlandia y Rusia mas conocidos como los guardianes del Chaga (el «oro negro» de los bosques boreales), han legislado para proteger y exportar extractos de alta pureza destinados a la inmunidad de élite.
Por su parte, Canadá, es pionero en marcos regulatorios flexibles que permiten la investigación acelerada en salud mental y micología medicinal. Mientras que Bután, es un caso de soberanía única, donde el Cordyceps silvestre es regulado como un recurso nacional precioso, vital para su economía rural.
Para que una nación sea verdaderamente soberana en 2026, debería dominar tres pilares donde los hongos son protagonistas: Salud Pública y Resiliencia, Soberanía Alimentaria y Proteína Descentralizada, Micoremediación y Activos Ambientales
En la arena internacional, la «deuda ecológica» es una moneda crítica. Los hongos capaces de degradar plásticos, hidrocarburos y metales pesados ofrecen una herramienta de regeneración de territorios contaminados. Un suelo sano es un activo estratégico que permite a los países cumplir con los acuerdos climáticos globales mientras recuperan tierras para el cultivo.
La «solución fúngica» plantea un dilema político fundamental ¿Será el Reino Fungi un patrimonio común de la humanidad o el próximo campo de batalla por la propiedad intelectual?
El mundo Fungi se presenta como una solución accesible de bajo costo pero que puede tornarse un peligro para la industria de los medicamentos.
Hay quienes afirman que, así como en el siglo XX luchamos por el petróleo que estaba bajo la tierra; en el XXI, la supervivencia de las naciones dependerá de su capacidad para aliarse con los organismos que conectan la vida sobre ella. La política internacional ya no puede ignorar lo que sucede bajo sus pies: el futuro es, sin duda, micelar.
Si jugamos a pensar en una cartografía del poder biotecnológico fúngico y analizamos la producción global como un tablero de ajedrez, cada hongo es una pieza que revela la identidad, el clima y la ambición económica de la nación que lo abandera.
El Cordyceps es Bután o el Tíbet, El Reishi , conocido como El Hongo de la Inmortalidad, es China, El Chaga, es Finlandia o Rusia, La Melena de León, es Estados Unidos o Canadá, la Psilocybe. el Sanador Ancestral es México o Brasil, el Shiitake o el Maitake es Japón.
Los hongos y las plantas adaptógenas poseen una tecnología biológica intrínseca. A diferencia de una molécula sintética que solo existe si un laboratorio la fabrica, el hongo ya sabe fabricar sus compuestos; solo necesita tierra, humedad y sombra. Esa es la verdadera amenaza para el modelo industrial y la gran oportunidad para la ciudadanía.
A diferencia de producir un antibiótico o una vacuna, que requiere reactores químicos y ambientes estériles de alta complejidad, el cultivo de adaptógenos (especialmente los hongos) es descentralizado por naturaleza.
Una persona puede cultivar Melena de León o Reishi en su cocina usando una bolsa de aserrín o desechos de café. El «laboratorio» es el propio organismo vivo. El ser humano solo actúa como facilitador del entorno. Esto devuelve el poder de la salud al hogar, permitiendo que el ciudadano pase de ser un «consumidor pasivo» a un «productor activo». Frente a lo cual, los resultados empíricos son difíciles de ocultar en la era de la información. Es decir que, cuando miles de personas experimentan una mejora real en su gestión del estrés, su claridad mental o su energía sin los efectos secundarios de los fármacos tradicionales, se crea un mercado de recomendación orgánica.
El mercado farmacéutico tradicional se basa en la patente. Pero no se puede patentar una especie que crece en el bosque. Pueden patentar un método de extracción, pero no el hongo en sí. Esto crea un «punto ciego» para las grandes corporaciones donde la ciudadanía puede moverse con libertad.
De esta manera, la producción personal de adaptógenos rompe la cadena de dependencia: sin logística compleja: No dependes de una farmacia ni de una cadena de suministro internacional que puede colapsar. Es decir, una vez que aprendes a propagar el micelio, el costo de producción tiende a cero.
De alguna manera, la capacidad de identificar, cultivar y consumir tus propios adaptógenos— es un acto de resistencia política. Es recuperar el derecho ancestral a la medicina sin pasar por el peaje del laboratorio. Si el siglo XX fue el siglo de la pastilla comprada, el XXI podría ser el siglo del hongo cultivado.
Y si pensamos que, así como el petróleo definió las fronteras del siglo XX, la geografía del micelio podría definir las potencias del siglo XXI: la nación que hoy siembra el hongo adecuado, mañana cosechara la resiliencia de su pueblo. En esta línea, parece ser que el futuro no será de los más fuertes, sino de los mejor conectados. El Reino Fungi nos enseña que la verdadera potencia es aquella que sabe reciclar sus crisis (sus desechos) en recursos.
En este ajedrez micológico, ¿qué pieza debería empezar a mover una región como América Latina para no ser solo proveedora de materia prima, sino dueña de su propia biotecnología fúngica?
Históricamente, Argentina ha sido definida por su suelo, pero siempre bajo la etiqueta del granero del mundo. Fuimos la nación de la materia prima, la que exporta el volumen para importar el valor. Sin embargo, en este 2026, los adaptógenos presentan una oportunidad que rompe con ese destino inercial: la posibilidad de dejar de ser solo el campo que siembra para convertirnos en el laboratorio que piensa.
El reino fungi no requiere de latifundios infinitos, sino de creatividad infinita. En la intersección entre nuestra rica biodiversidad —desde las selvas del norte hasta los bosques fríos de la Patagonia— y nuestro histórico capital científico, nace una nueva soberanía. Ya no se trata de cuántas toneladas podemos cargar en un barco, sino de cuánta inteligencia podemos encapsular en un extracto.
La verdadera revolución argentina con los adaptógenos no es el cultivo del hongo en sí, sino la fusión de tres mundos: la Sabiduría del Territorio, La Vanguarda Biotecnológica y La Estética de la Salud.
Si el siglo XX fue el de la dependencia del grano, el siglo XXI para Argentina puede ser el de la medicina de diseño natural. Tenemos la oportunidad de liderar una «tercera vía» sanitaria: una que no es solo la pastilla de la gran farmacéutica ni la herboristería del pasado, sino una biotecnología con alma.
Al final, los adaptógenos nos enseñan que la resiliencia no es solo resistir el estrés, sino transformarse con él. Argentina, experta en navegar crisis, tiene hoy en el micelio su mejor metáfora: es hora de dejar de ser solo la tierra que se pisa para ser la red que conecta, crea y sana. El futuro argentino ya no se extrae; se desarrolla
Matías Román Avecilla Lic. en Relaciones Internacionales Magíster en Polícas de Desarrollo Co- Fundador de Tendencia 360
El mensaje es breve, pero el impacto fue inmediato. “Trabajo 16 horas y no me alcanza”. La frase, escrita por un enfermero de Río Negro, empezó a circular en las últimas horas y rápidamente dejó de ser un reclamo individual para poner en foco una realidad más amplia dentro del sistema de salud.
Según expresó, tras una jornada de 16 horas —8 regulares y 8 extras—, su salario no alcanzaría a cubrir la canasta básica, una situación que, asegura, lo obliga a sostener una carga horaria elevada para poder llegar a fin de mes. Con más de 18 años de experiencia en hospitales, su testimonio expone no solo una cuestión salarial, sino también el desgaste acumulado en el tiempo.
Pero el planteo no quedó aislado. Desde el mismo ámbito hospitalario comenzaron a aparecer otras voces que apuntan a cómo se organiza ese esfuerzo.
Mónica Díaz, mucama del Hospital Francisco López Lima, en el área de Terapia Intensiva de Adultos, sostuvo que existirían desigualdades en la asignación de guardias, lo que impacta directamente en las condiciones laborales del personal. “Lluvias de excesos de guardias para un grupo… y a los demás que los parta un rayo”, expresó, en un mensaje donde también remarcó la falta de reconocimiento a trabajadores que cubren múltiples áreas, muchos de ellos con años de servicio.
En paralelo, el gremio ASSPUR difundió un comunicado en el que amplía el alcance del conflicto. Según indicaron, desde distintos niveles del sistema de salud provincial se estaría dando una asignación discrecional de horas extras y guardias, lo que —de acuerdo a su planteo— podría generar situaciones de desigualdad entre trabajadores.
En ese documento, la organización también menciona posibles prácticas vinculadas a “clientelismo político”, y denuncia una presunta persecución hacia sectores sindicales no alineados. Además, exigieron criterios transparentes, equitativos y auditables en la distribución de las horas de trabajo.
Hasta el momento, no hubo respuestas oficiales específicas sobre estos planteos. Sin embargo, la coincidencia entre testimonios individuales y reclamos gremiales empieza a delinear un escenario que va más allá de casos puntuales.
Por un lado, trabajadores que advierten que sus ingresos no alcanzan sin sobrecarga horaria. Por otro, cuestionamientos sobre cómo se distribuyen esas mismas horas dentro del sistema. En el medio, hospitales que siguen funcionando mientras crece el malestar puertas adentro.
La frase que abrió el reclamo sigue circulando. Y con ella, una pregunta que empieza a repetirse entre quienes sostienen el sistema todos los días: cuánto más puede sostenerse así.
En un contexto donde la formación constante dejó de ser una opción para convertirse en una necesidad, una nueva propuesta educativa busca abrir camino en la región con una mirada distinta: interdisciplinaria, estratégica y orientada al futuro.
Se trata de Tendencia 360, una red de profesionales que ahora da un paso más con el lanzamiento de su plataforma educativa Campus 360, un espacio pensado para quienes buscan actualizarse, reconvertirse o potenciar sus proyectos en un escenario de cambio.
La propuesta no se limita a ofrecer cursos. Apunta a un enfoque integral: formación técnica combinada con desarrollo de habilidades humanas, en un contexto donde la tecnología avanza, pero la toma de decisiones sigue siendo profundamente humana.
El lanzamiento llega con una apuesta fuerte: el curso “Micología aplicada: hongos comestibles y medicinales”, una formación que busca profesionalizar un sector en crecimiento y explorar el potencial de los hongos en la salud, la industria y la producción sustentable.
Con una duración de 12 horas e inicio el 11 de mayo, el programa reúne a especialistas de nivel internacional como el biólogo español Eduardo Bazo Coronilla, la investigadora del CONICET Luciana Tamone, el cultivador Federico Calaroto, el médico micólogo Renzo Acosta Sausa y la licenciada en nutrición Estefanía Di Iorio.
El enfoque rompe con las miradas tradicionales. Los hongos no se presentan solo como alimento, sino como una herramienta biotecnológica clave en lo que algunos ya denominan “el siglo de los hongos”.
Desde su capacidad para aportar en tratamientos de salud (micoterapia), hasta su uso en materiales biodegradables, bioconstrucción o producción sustentable, el universo fúngico se posiciona como uno de los ejes del cambio hacia modelos más conscientes.
En términos de contenidos, el curso se estructura en tres grandes ejes:
• Salud y bienestar: aplicaciones de hongos en medicina integrativa • Eco-innovación: el micelio como material del futuro • Producción comercial: modelos de cultivo y desarrollo productivo
Pero hay un punto que atraviesa toda la propuesta: no se trata solo de aprender una técnica, sino de entender un cambio de paradigma.
“El futuro no se espera, se entrena”, plantean desde Tendencia 360, en relación a la necesidad de formar personas capaces de adaptarse y liderar nuevas formas de producir y pensar.
Además, la capacitación incorpora habilidades cada vez más valoradas: observación, pensamiento crítico y toma de decisiones en contextos reales, aspectos que hoy marcan la diferencia en entornos atravesados por la automatización.
En términos concretos, el curso tiene un valor promocional de $95.000 (su precio regular es de $240.000), lo que lo posiciona como una propuesta accesible dentro de un campo de formación en expansión.
Desde la organización aseguran que este es solo el inicio. El objetivo de Campus 360 es consolidarse como un espacio de formación continua, articulando conocimiento científico, desarrollo productivo y pensamiento estratégico.
En una región donde empiezan a emerger debates sobre diversificación económica, bioeconomía y nuevas formas de producción, este tipo de iniciativas no solo forman personas: también abren oportunidades.
Se viene un cambio de fondo en un servicio clave: el acceso a medicamentos. El Gobierno de Río Negro impulsa una reforma que elimina restricciones para abrir farmacias, habilita la venta a domicilio y moderniza todo el sistema, en lo que define como una actualización necesaria frente a una realidad que ya cambió.
La iniciativa, presentada por el gobernador Alberto Weretilneck, propone modificar la ley vigente para permitir que cualquier persona física o jurídica habilitada pueda instalar una farmacia, sin límites de distancia ni restricciones que hasta ahora regulaban la ubicación de los locales.
El dato central es que desde ahora se podrán abrir farmacias en cualquier punto de la ciudad, algo que, según el Ejecutivo, busca aumentar la competencia y mejorar el acceso, especialmente en zonas donde hoy hay poca cobertura.
Además, el nuevo esquema flexibiliza el funcionamiento en localidades más chicas: un mismo profesional podrá estar al frente de más de un establecimiento, lo que apunta a expandir la presencia del servicio en el interior de la provincia.
El proyecto también incorpora cambios tecnológicos de alto impacto. Se establece la receta electrónica obligatoria en todo Río Negro, junto con la habilitación de la telefarmacia y la entrega de medicamentos a domicilio, con sistemas de control y trazabilidad.
Esto significa que los pacientes podrán recibir sus tratamientos sin necesidad de trasladarse, una medida clave para personas mayores, pacientes crónicos o quienes viven en zonas alejadas.
Desde el Gobierno sostienen que la reforma busca “ampliar la libertad de elección” y facilitar el acceso a un servicio esencial, promoviendo más oferta y mejores condiciones para los usuarios.
Al mismo tiempo, Weretilneck remarcó que la desregulación no implica ausencia de control: el Estado seguirá teniendo un rol activo para garantizar la calidad y la seguridad en la dispensa de medicamentos.
La propuesta también contempla incentivos para que se instalen farmacias en zonas con menor cobertura, con el objetivo de reducir desigualdades dentro de la provincia.
En síntesis, el proyecto apunta a transformar el sistema farmacéutico en uno más abierto, digital y accesible, con nuevas reglas que podrían cambiar la forma en que los rionegrinos compran y reciben sus medicamentos en los próximos años.